La transición presidencial es otra de tantas peculiaridades de la democracia norteamericana. Mientras que en los sistemas europeos suele acortarse al mínimo indispensable el período de tiempo que pasa desde unas elecciones hasta la constitución del gobierno, en Estados Unidos pasan más de dos meses entre el veredicto de las urnas y la «inauguración» o toma de posesión del presidente. Puede parecer demasiado largo, y lo es. Pero hasta 1933 era peor: entonces eran cuatro meses eternos.

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El arte de la transición presidencial