Austria, de luto por los cuatro muertos a manos de un seguidor del Estado Islámico

La Policía no halla indicios de que un segundo atacante ayudase al terrorista

El canciller federal de Austria, Sebastian Kurz, enciende una vela en homenaje a las victimas del atentado
El canciller federal de Austria, Sebastian Kurz, enciende una vela en homenaje a las victimas del atentado

Berlín / E. La Voz

Austria intentaba este martes reponerse de la conmoción provocada por el atentado de la noche del lunes a manos de un joven de 20 años seguidor del grupo terrorista Estado Islámico (EI). El ataque dejó al menos cinco víctimas mortales —cuatro civiles y el propio atacante, abatido por la policía—, 18 hospitalizados por disparos, y a toda Europa alerta por el temor de un rebrote del terrorismo islamista. El grupo yihadista EI reclamó la autoría del atentado en un mensaje en Telegram, e identificó al atacante como un «soldado del califato».

Las autoridades austríacas creen que el atacante actuó en solitario y sin la colaboración directa de otras personas, informó el ministro del Interior de Austria, Karl Nehammer. Tras analizar la mitad de los casi 20.000 vídeos que los testigos pusieron a disposición de las autoridades, la policía no encontró indicios de que hubiese habido más atacantes, como se había temido en un primer momento.

Mientras, la policía continúa con las investigaciones para esclarecer qué tipo de motivación llevó a Kujtim Fejzulai, nacido en Viena y de padres de Macedonia del Norte, de origen albanés, a sembrar el terror en la capital, y sobre todo, por qué se encontraba en libertad, cuando ha quedado demostrado que su paso por la cárcel por haber intentado unirse a las filas del Estado Islámico en Siria no le alejó del fanatismo, sino más bien al contrario. El ministro reconoció que su puesta en libertad fue «anticipada». También aseguró que el joven consiguió engañar a los responsables del programa para su reintegración y se investiga cómo pudo conseguir las armas utilizadas en el ataque.

El joven llevaba «un cinturón explosivo falso, un arma larga automática, una pistola y un machete para llevar a cabo este atroz ataque a ciudadanos inocentes», explicó el ministro, y subrayó que el protagonista del ataque «fue neutralizado rápidamente» y «puesto fuera de combate» solo nueve minutos después de que comenzara a disparar indiscriminadamente contra la gente que se encontraba en su camino, lo que evitó que continuara causando víctimas.

En la madrugada del martes, la policía entró en la vivienda vienesa del atacante y, a continuación, detuvo a catorce personas del entorno del supuesto agresor, tras registrar otras casas en varios puntos del país. El martes el centro de Viena continuaba en estado de máxima alerta y aislado por la Policía.

También se reforzó el control sobre las fronteras del país y las medidas de seguridad en torno a la veintena de sinagogas de la ciudad, así como iglesias y otros espacios de culto. Por su parte, Alemania extremó los controles en su frontera con el país vecino, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo tras el atentado que «Europa está de duelo».

El ataque tuvo lugar muy cerca de la Sinagoga Central de Viena, que en ese momento estaba cerrada. Se registraron disparos en otros cinco puntos del casco histórico de Viena.

Un joven «de familia normal» desorientado y radicalizado

El atacante creció en una familia «completamente normal». Pero se encontraba perdido y acabó tomando el camino equivocado. Nikolaus Rast, el letrado que en el 2019 lo defendió en el juicio que le condujo a prisión por intentar integrarse en el Estado Islámico, habló del joven Kujtim Fejzulai como una persona que buscaba su lugar en el mundo y que acabó en malas manos. Hijo de un jardinero y de una dependienta, pronto se dejó guiar por los cantos de sirena de la radicalización religiosa. Siendo aún adolescente, Kujtim Fejzulai frecuentaba una mezquita, donde empezó a adoptar tesis extremistas.

Según Der Spiegel, el joven atacante tenía contacto con la escena islamista radical de Alemania y viajó a Turquía para reunirse con dos miembros de una organización yihadista cuando contaba con solo 18 años. Fue el paso previo antes de intentar viajar a Siria para enrolarse en el Estado Islámico. Por ese hecho fue detenido y sentenciado a prisión, aunque estuvo solo ocho meses entre rejas. Fue puesto en libertad condicional en diciembre pasado.

«Nunca habría considerado posible que se convirtiera en el autor de un atentado», aseguró su abogado. «Para mí, era un joven que tuvo la mala suerte de caer en malas amistades. Si en vez de haber ido a una mezquita hubiera ido a boxear, se habría hecho boxeador», resumió Rast.

A su salida de prisión, el joven recibió ayuda de un agente y de una asociación que se dedica a recuperar a jóvenes radicalizados. Según su letrado, Kujtim fue puesto en libertad antes de cumplir su condena porque ya no se le consideraba peligroso. Su vida terminó el lunes después de que, guiado por su fanatismo, se convirtiera en un asesino.

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