Los chilenos votan si liquidan la Constitución de la era Pinochet

La única incógnita es la participación en el referendo de este domingo, ya que todos los sondeos pronostican que ganará el sí

El viernes se produjeron choques entre los antidisturbios y los manifestantes que salieron a las calles de Santiago de Chile, desafiando el silencio electoral previo al plebiscito
El viernes se produjeron choques entre los antidisturbios y los manifestantes que salieron a las calles de Santiago de Chile, desafiando el silencio electoral previo al plebiscito

Cerca de 15 millones de chilenos tienen hoy una oportunidad histórica para decidir si liquidan definitivamente lo que todavía queda -ha sido objeto de medio centenar de reformas- de la Constitución heredada del general Augusto Pinochet, que tomó el poder por las armas en septiembre de 1973 y lo abandonó 15 años más tarde, previa celebración de otro referendo sobre su retirada voluntaria, reservándose el cargo de senador vitalicio. Los sondeos predicen el triunfo del sí. La única incógnita es cuál será el porcentaje de participación. En las últimas elecciones, las presidenciales del 2017, participó el 49 % del censo. Pero, según lo acordado, no es necesario un cuórum mínimo para legitimar el referendo constitucional.

El plebiscito de este domingo, previsto inicialmente para abril, pero aplazado por la pandemia, fue pactado y aprobado por el Parlamento chileno en noviembre del 2019. El objetivo es dar respuesta a la grave crisis social que estalló con las protestas de octubre del pasado año.

Todo empezó con las manifestaciones en Santiago y otras ciudades chilenas por la subida del precio del billete de metro, en las que resultaron quemadas una veintena de estaciones. El Gobierno respondió inicialmente decretando el estado de emergencia y el toque de queda.

Las protestas rápidamente fueron a más y pusieron de manifiesto la fractura política y social de una de las democracias más sólidas de Sudamérica. La subida del transporte solo fue el detonante del malestar social provocado por los efectos del ultraliberalismo económico implantado por la dictadura pinochetista, que con el paso de los años no hizo más que profundizar en las desigualdades sociales consagradas en una Constitución cuyo cambio pedían los manifestantes. 

Proceso constituyente

El Gobierno del derechista Sebastián Piñera y los partidos parlamentarios captaron el mensaje y a mediados de noviembre alcanzaron el histórico acuerdo de poner en marcha un proceso constituyente. Ese pacto debe ser refrendado hoy en las urnas.

En la misma votación, los chilenos tendrán que escoger también el tipo de órgano que redacte la nueva Constitución: una convención constitucional compuesta por 155 ciudadanos (mitad hombre y mitad mujeres) elegidos solo para ese fin, o una convención mixta de 172 integrantes, de ellos 50 % diputados y 50 % ciudadanos.

La convención constituyente que habrá de redactar la nueva Carta Magna se constituirá en mayo del 2021. Cada uno de sus artículos deberá ser aprobado por los dos terceras partes de sus integrantes. El texto final que redacten habrá de ser aprobado en un nuevo plebiscito que se llevará a cabo 60 días después de su elaboración, en el segundo semestre del 2022.

Aunque el voto es voluntario en Chile, habrá quienes no podrán ejercerlo: las personas contagiadas de covid no pueden participar del proceso, pues no se coordinaron las medidas para poder ejercer ese derecho sin romper la cuarentena. La mayoría de las personas convocadas a las urnas nunca ha votado en un plebiscito. Los sondeos indican que la opción de quienes quieren cambiar la Constitución ganaría entre un 69 % y un 85,4 %, 

Reformas de la actual Carta Magna

La actual Carta Magna fue modificada sustancialmente en 1989 y en el 2005. En 1989 se derogó la parte que establecía un pluralismo político limitado, que suponía que ciertas ideologías políticas, como el marxismo, estaban prohibidas.

Más tarde, en el 2005, bajo el Gobierno de Ricardo Lagos, se llevó a cabo una importante reforma constitucional que acabó con la figura de los senadores designados, que eran elegidos por instituciones como las Fuerzas Armadas o el Tribunal Supremo, lo que de alguna manera le restaba su dimensión democrática a la composición política del Senado.

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