JERSEY / E. LA VOZ

Incertidumbre y preocupación en las elecciones bolivianas. Miles de ciudadanos del país sudamericano han copado estos días los mercados y las gasolineras, sobre todo en la capital, La Paz, en precaución ante el posible surgimiento de protestas como las del pasado año cuando comience el recuento de los comicios generales de este domingo.

Bolivia vuelve a las urnas doce meses después de las fallidas elecciones de octubre del 2019. El país vivió 21 días de violencia cuando el Tribunal Electoral declaró vencedor, en primera vuelta, al expresidente Evo Morales. La oposición denunció un fraude, y el líder indígena decidió renunciar a su cargo y partir al exilio, tras haber recibido presiones de la policía y el Ejército, denunciando un golpe de Estado.

La entonces segunda vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, opositora a Morales, fue nombrada presidenta interina en noviembre. Ha ocupado el puesto el doble del tiempo previsto, siendo acusada de dictadora por los seguidores de Morales. Las elecciones de este domingo estaban programadas, en un principio, para el pasado marzo, pero fueron postergadas a septiembre, y finalmente a hoy, debido a la irrupción del coronavirus, que ha dejado en Bolivia 139.000 contagios y 8.407 muertes.

Áñez se había presentado a las elecciones, incumpliendo su promesa, pero retiró su candidatura hace dos semanas para no dividir el voto contrario a Morales. Otros dos candidatos opositores renunciaron también a sus postulaciones recientemente, dejando en cinco los candidatos a la presidencia.

La situación es similar a la del 2019, después de un año muy agitado. Lidera todas las encuestas Luis Arce, el delfín de Morales, que fue ministro de Economía durante los tres Gobiernos del líder indígena.

«Luego del sangriento golpe de Estado hemos vivido una pesadilla en la que el pueblo ha sentido dolor, hambre. Ha vuelto el clasismo, la discriminación, la prepotencia», señaló el pasado jueves el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), llamando a «defender la democracia» tras cerrar su campaña en la localidad de El Alto.

Ganará las elecciones en primera vuelta quien consiga más de un 50 % de los votos, o más de un 40 % superando en, al menos, diez puntos a su rival. Probablemente se vaya a un balotaje, previsto para el 30 de noviembre.

Arce aglutina el 42,2% de intención de voto, según la más reciente encuesta de Ciesmori. Le sigue el expresidente centrista Carlos Mesa, que fue también segundo en los comicios del 2019, y que denunció la existencia de un fraude, con un 33,1 % de los votos.

«Somos los únicos que podemos derrotar definitivamente a Morales y a Arce. Porque Arce no es otra cosa que Morales. Y Morales never in the life (sic)», dijo Mesa esta semana, en su cierre de campaña en Santa Cruz, la capital financiera del país, donde se encuentra parte importante de su base de votantes.

La distancia entre ambos candidatos no es mayor a los diez puntos en la mayoría de las encuestas, aunque algunos sondeos sí han dado a Arce ganador en primera vuelta.

El tercero en discordia es el ultra conservador Luis Fernando Camacho, líder de las revueltas contra Morales, que aglutinaría un 16,7 % de los apoyos. Los otros dos candidatos en liza tendrían unos resultados inferiores al 5 %. Pacificar al país será la principal tarea de quien resulte vencedor en las urnas.

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Los bolivianos votan presidente con inquietud y sin favorito