Un debilitado Trump exhibe su miedo a ser derrotado por Biden

El presidente sale mal parado en el duelo televisado con el demócrata

Trump, durante su mitin en en el aeropuerto de Sanford
Trump, durante su mitin en en el aeropuerto de Sanford

Nueva York / E. La Voz

Donald Trump es el primer presidente de la historia de Estados Unidos que se ha negado a debatir con su contrincante durante la campaña electoral. No solo le ha hecho el feo a Joe Biden, sino también al responsable de la comisión que organiza estos encuentros desde 1987, el republicano Frank Fahrenkopf. Un peso pesado del partido que fue presidente del Comité Nacional Republicano entre 1983 y 1989, durante el mandato de Ronald Reagan.

Nadie espera tras cuatro años de un mandato en el que siempre ha jugado bajo sus propias reglas, que el inquilino a la Casa Blanca cumpla ahora con las tradiciones políticas. Pero su negativa a la oferta de la comisión de debatir con Biden de forma virtual, tras su positivo por coronavirus, se ha interpretado como un signo de debilidad que se aleja mucho de su estrategia de aparecer como un «tipo duro».

Por eso, su estrategia dio un bandazo a pocas horas de los eventos simultáneos de los dos candidatos el jueves por la noche en dos cadenas distintas. Antes de su aparición en este duelo en prime time, Trump dejó entrever su miedo a perder las elecciones del 3 de noviembre en un mitin en Greenville, en el estado clave de Carolina del Norte, en el que reconoció que siente mucha «presión» para ganar los comicios, en un momento en el que las encuestas dan una ventaja de unos 10 puntos a Biden a nivel nacional. 

Fue la segunda vez que mostró su debilidad en una semana en la que ha emprendido una frenética gira por los principales estados. El martes en Pensilvania aseguró que «nunca» pisaría de nuevo ese estado si eso ocurre. La huida hacia delante de Trump continúa este fin de semana por Florida, Georgia, Nevada -el único que perdió en el 2016-, Míchigan y Wisconsin. Las encuestas le ponen por detrás en estos dos últimos, así como en Pensilvania, los tres estados que le dieron las llaves de la Casa Blanca. Y empatado en Ohio y Arizona, donde también ganó hace cuatro años. 

Experimento fallido

Con este panorama a 19 días de las elecciones, todo salió mal en su intervención pactada con la cadena NBC con la intención de robarle audiencia a su rival. Savannah Guthie, exfiscala y una de las periodistas más incisivas de la cadena, acorraló a un Trump demasiado acostumbrado a las entrevistas amables de la Fox. El presidente evitó aclarar cuándo fue la última vez que dio negativo en una prueba y si se la hizo antes del debate en Cleveland con Biden -«No lo sé, me hacían pruebas constantemente», dijo-. Tampoco quiso revelar a quién le debe más de 400 millones de dólares, según la información fiscal revelada por The New York Times, ni desmintió las teorías de la conspiración que difunde el grupo de ultraderecha QAnon. La presentadora sí le arrancó una condena a los supremacistas blancos, a la que por su cuenta añadió otra contra los grupos «radicales» de izquierda. 

El tenso rifirrafe contrastó con la calmada actuación de Biden en la ACB, quien contestó a cuestiones de gobierno sin entrar en polémicas. El vicepresidente con Barack Obama se comprometió a anunciar antes de los comicios si planea ampliar el Tribunal Supremo, ahora que los conservadores tendrán una holgada mayoría, y dijo que presionará a los gobiernos locales para que aseguren que la gente se vacuna.

Cuando se cumplen 40 años del primer debate presidencial televisado de la historia entre John F. Kennedy y Richard Nixon, donde el demócrata se impuso gracias a su preparación, Trump ha salido perdiendo en su empeño de dinamitar la tradición.

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