La amenaza de las milicias ultras se hace realidad con el caso de la gobernadora de Míchigan

El apoyo de Trump ha envalentona a los supremacistas

 La gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, en un mitin de la campaña de Biden el pasado septiembre
La gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, en un mitin de la campaña de Biden el pasado septiembre

nueva york / E. La Voz

El Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. ya avisó hace un mes en un informe que puso negro sobre blanco el efecto del apoyo del presidente Donald Trump a las organizaciones de ultraderecha. Ni el terrorismo yihadista ni los ciberataques extranjeros. La principal amenaza para el país son los supremacistas blancos que han capitalizado las tensiones sociales y políticas en el 2020. Y podrían estar dispuestos a pasar a la acción.

La advertencia se hizo realidad el jueves cuando el FBI detuvo a trece miembros de una milicia por planear el secuestro y posible asesinato de la gobernadora de Míchigan, la demócrata Gretchen Whitmer. Siete de ellos pertenecen a Wolverine Watchman (Los vigilantes de Wolverine, apodo con el que se conoce al estado de Míchigan), una organización de extrema derecha dispuesta a instigar una guerra civil y derrocar a los gobiernos estatales que, creen, están violando la Constitución estadounidense.

Su escepticismo sobre el coronavirus fue la mecha que encendió su plan contra Whitmer, defensora de los confinamientos y las restricciones para combatir la pandemia, que un juez anuló la semana pasada. La primera acción pública del grupo se produjo el pasado mayo cuando un grupo de hombres con armas largas irrumpieron en el Capitolio de Míchigan con parafernalia de Trump, antes de la votación sobre la prórroga del estado de emergencia. La imagen recorrió la prensa estadounidense e internacional.

Pertenecían a una rama de la milicia conocida como los Wolverines, formada en 1994 por Norm Olson, un ministro baptista y exsuboficial de las fuerzas aéreas de ideas conspirativas, defensor de las armas y viejo conocido del FBI.

Sus adeptos parecían vivir en un letargo hasta que en noviembre del 2018 Whitmer derrotó en las urnas al republicano Rick Snyder. El apoyo ideológico llegó en los últimos meses por parte del presidente con críticas constantes a la gobernadora por su gestión de la pandemia e incitaciones a «liberar» el estado. El fuego cruzado entre Trump y Whitmer volvió tras la operación del FBI. La gobernadora le acusó de fomentar la violencia, pero, advirtió de que esta vez, ha alcanzado «un nivel completamente nuevo». Poco antes Trump le reprochó que, en lugar de dar las gracias, le «llama supremacista blanco» y se niega a condenar a los anarquistas y las turbas que queman las ciudades controladas por los demócratas.

La Fiscalía Federal de Míchigan imputó delitos relacionados con terrorismo a los detenidos, que habían adquirido armas, realizado vigilancias en su domicilio y se habían entrenado para secuestrarla. De ser declarados culpables se enfrentarán a cadena perpetua.

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