Alemania celebra tres décadas de una reunificación a medias

La desigualdad entre el este y el oeste es uno de los mayores retos pendientes


BERLÍN / E. LA VOZ

Hace hoy 30 años, Alemania dejó de ser un país dividido. La frontera que separaba la República Federal Alemana (RFA) de la comunista República Democrática Alemana (RDA) dividía el corazón de un país que compartía lengua y cultura, pero que se veía enfrentado por dos sistemas políticos antagónicos. Aquel histórico 3 de octubre de 1990 fue un día de júbilo: por fin dejó de haber dos alemanias, pero en el camino recorrido desde entonces también ha habido decepciones.

El Parlamento alemán debatió ayer sobre los retos pendientes, entre ellos el de la desigualdad entre las regiones del este y el oeste. «Hemos infravalorado las capacidades de muchas personas, y esto seguramente ha calado en el autoestima de los alemanes del este», dijo el presidente del Parlamento, Wolfgang Schäuble.

Una de las mayores críticas es precisamente la supremacía que mostró la RFA hacia sus vecinos tras la caída del Muro de Berlín. Más que una reunificación, muchos alemanes hablan despectivamente de una «adhesión» de la RFA sobre la RDA.

Los mensajes optimistas de los primeros momentos de la reunificación del entonces canciller Helmut Kohl, que prometió «paisajes florecientes» en el este y que «a nadie le iría peor, y a muchos mejor, que en la RDA», no tardaron en decepcionar a los alemanes del este, que vivieron la transición al capitalismo de forma abrupta y casi traumática.

A Kohl, el «canciller de la unidad», le reprocharon su optimismo exacerbado ya en los 90, cuando muchos vivieron por primera vez la experiencia del paro. El colapso del bloque socialista conllevó el cierre de muchas fábricas o su traslado a zonas más industrializadas del oeste.

Ya no se podía producir a bajo coste en la RDA, y además, los productos que allí se fabricaban perdieron de golpe todo el interés entre unos consumidores que exigían estándares más modernos. La introducción del marco tuvo consecuencias desastrosas porque las empresas dejaron de producir de forma competitiva.

Despidos y migración al oeste

Todo ello provocó las primeras olas de despidos y el aumento del paro, agudizado por las privatizaciones. Los jóvenes emigraron en masa al oeste y las regiones que antaño disfrutaban de la seguridad laboral que ofrecía el comunismo se vieron de pronto abocadas a la insignificancia.

El factor económico fue la primera decepción, pero no la única: muchos alemanes del este se han sentido discriminados por los occidentales, más representados en las élites académicas, políticas, administrativas y económicas. «Al comienzo, la euforia sobre la unificación fue muy grande. La deseaba también la mayoría de los alemanes del este. En las elecciones del 18 de marzo de 1990 ganaron los que prometieron una reunificación rápida y, sobre todo, una rápida introducción del marco», explicó a Efe el historiador Arnd Bauerkämper, de la Universidad Libre de Berlín.

El golpe de realidad fue duro porque la reunificación fue desde el inicio un proceso asimétrico, en el que la RDA se disolvió y asumió el orden jurídico de la antigua RFA, sin mucho margen de negociación, añade el historiador.

Este conjunto de factores explica en parte el éxito actual en el este alemán de las formaciones políticas más extremas. Tanto la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como la poscomunista La Izquierda tienen en estas zonas sus principales caladeros de votos, algo que preocupa a la canciller Angela Merkel.

La jefa del Gobierno alemán habló este viernes de grandes progresos en pro de la igualdad de ambas regiones y dijo que el reto de la cohesión e integración alemana requerirá que «muchas energías» en los próximos años.

Porque la calidad de vida sigue siendo desigual entre ambas regiones. “El ingreso medio es más bajo en el este y, aunque el coste de vida por lo general es también menor, si se tienen en cuenta ambos factores la situación material de muchos alemanes del este es peor que la del oeste, pero claramente mejor que en la RDA”, explica el historiador Bauerkämper.

La reunificación, por tanto, dio carpetazo a la división de Alemania pero sólo en términos territoriales. La frontera hoy en día no es física sino económica y social, y supone una lacra que la ‘locomotora de Europa’ no ha sido capaz de resolver del todo en estas tres décadas.

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