Condenan a tres años de cárcel a la viuda de un rapero alemán dirigente del Estado Islámico

Ha sido declarada culpable de pertenencia a banda terrorista y esclavizar a una niña yazidí


Colpisa | Berlín

La viuda del conocido rapero alemán Deso Dogg, caído en combate en las filas del Daesh en Siria, fue condenada hoy por un tribunal germano a tres años y medio de prisión por pertenencia a una organización terrorista y colaboración en la esclavitud de una niña yazidí, entre otros cargos.

La Audiencia Superior Hanseática de Hamburgo no aceptó como atenuante que Omaima A., alemana de origen tunecino y de 36 años de edad, abandonara hace años la militancia islamista y volviera a vivir y vestir como una mujer occidental tras regresar de Siria. Con su sentencia el tribunal emitió un castigo menor que el solicitado por la fiscalía, que pedía cuatro años y diez meses de prisión, pero por encima de la defensa, que demandó una pena no superior a los dos años de cárcel en situación de libertad condicional.

La hamburguesa Omaima A. se trasladó a principios del 2015 a, territorio controlado por Estado Islámico en Siria siguiendo los pasos del que entonces era su marido, un yihadista que se había unido a las filas de la organización terrorista. Con sus tres hijos pequeños se instaló en Raqa, la que fuera capital de Estado islámico hasta su toma en el 2017 por fuerzas de la coalición internacional.

Tras la muerte de su primer marido en primavera del 2015, contrajo matrimonio con el alemán Denis Cuspert, conocido como el rapero Deso Dogg, que abandonó su carrera musical, se unió al movimiento radical salafista y en el 2013 se sumó a los yihadistas en Siria. Cuspert encabezó desde entonces la lista de terroristas islámicos más buscados por Estados Unidos y Alemania, que le consideraban un destacado dirigente de la organización.

El antiguo rapero se convirtió en el principal propagandista de Estado Islámico en lengua alemana y el organizador de campañas para el reclutamiento de voluntarios para la «yihad», la guerra santa, en las redes sociales. Las autoridades alemanas le consideraban un criminal de guerra, protagonista de ejecuciones llevadas a cabo por Estado Islámico, como la del periodista estadounidense James Foley, cuya decapitación en agosto del 2014 difundió personalmente por vídeo. Aunque se le dio varias veces por muerto, Cuspert no falleció hasta enero del 2018 durante un bombardeo la coalición internacional contra posiciones de Estado Islámico en Siria, según fuentes oficiales.

Para entonces Omaima A. ya había retornado a Alemania. Decepcionada, según su versión, por la vida como sumisa esposa de un yihadista en Raqa, en agosto del 2016 retornó discretamente a Hamburgo, donde consiguió rehacer su vida y encontrar trabajo. La labor investigadora de una periodista árabe hizo que las autoridades alemanas la localizaran en septiembre del pasado año y que la justicia la procesara, también por trata de seres humanos, ya que durante un tiempo tuvo en su vivienda en Raqa como esclava a una niña yazidí de 13 años.

Durante el proceso aseguró que había viajado a Siria por la curiosidad de conocer el Estado Islámico de cerca, pero que no llegó a convencerla. Un argumento que no convenció al tribunal tras visionar un vídeo y varias fotografías en los que la acusada se jactaba, fusil en mano, de ser militante de la organización terrorista.

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