La nueva crisis del Mediterráneo oriental

El hundimiento del Líbano y la presión migratoria desestabilizan la región

Kyriaki Chatzipanagiotou Sarah Morsheimer

A principios de este mes, seis botes que transportaban migrantes sirios y libaneses zarparon del norte del Líbano e intentaron atracar en Chipre. Puede que esto no parezca noticioso, pero la cifra es seis veces mayor que el número total de embarcaciones de migrantes que partieron hacia Chipre desde el Líbano durante el año pasado. Una lancha rápida puede cubrir las 100 millas náuticas entre Trípoli y el cabo Greco, un afloramiento rocoso en el sureste de la isla, en seis horas. Y, debido a que el Gobierno del Líbano está noqueado, estas aguas tranquilas y en su mayoría sin vigilancia policial son el sueño hecho realidad de todo contrabandista.

Debido a que los botes son pequeños, solo unas pocas docenas de personas han hecho el viaje hasta ahora. Sin embargo, los chipriotas ya han respondido de manera legalmente dudosa. Violando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el principio de no devolución, las autoridades chipriotas bloquean las embarcaciones en el mar y devuelven a los «migrantes económicos» al Líbano, alegando que tienen un acuerdo con el Gobierno local.

De hecho, Chipre no está preparado para una nueva oleada de refugiados. Sus campos de migrantes, que se asemejan a prisiones, ya están superpoblados y su sistema de asilo es una maraña de burocracia bizantina y leyes enrevesadas. Hoy en día, el proceso de solicitud de asilo lleva de tres a cinco años. Y, a pesar de que el Gobierno ha intentado recientemente legislar para encontrar una salida a ese caos, las preocupaciones sobre los derechos de los refugiados aún persisten.

A pesar de la ola de apoyo público al Líbano tras la devastadora explosión en el puerto de Beirut el mes pasado, existe poca voluntad tanto en Chipre para aceptar refugiados adicionales. Y sin embargo, la situación en el Líbano se ha vuelto cada vez más y más precaria. El 10 de septiembre, se desató otro incendio en el desolado puerto de Beirut, lo que aumentó aún más la angustia de un país ya traumatizado.

La crisis del Líbano

A pesar de que las condiciones geopolíticas en el Mediterráneo oriental rara vez son tranquilas, se han puesto cada vez más tensas en los últimos meses, incluso para los estándares regionales. Los políticos del Líbano permanecen sometidos a las directrices de diversos líderes extranjeros y la política interna del país es rehén del conflicto geopolítico regional. Como consecuencia, el Líbano ha sufrido una serie de crisis económicas, y el Gobierno se ha visto tan acorralado que el año pasado intentó imponer un impuesto a los mensajes de WhatsApp.

Acto seguido, se produjo la explosión del mes pasado. La deflagración destruyó grandes cantidades de las reservas de alimentos del país y asestó un golpe casi fatal al ánimo de los ciudadanos. A pesar de que muchos países, entre ellos Chipre, se apresuraron a responder ofreciendo ayuda humanitaria, medicinas, alimentos y colaboración en la reparación de infraestructuras, se necesitará un apoyo internacional sostenido durante muchos años para restaurar lo que se ha perdido.

La pandemia

Entre tanto, la pandemia del covid-19 seguirá exacerbando los efectos de la díscola política interna del Líbano, la susceptibilidad a las presiones externas y el desorden económico. Esta tormenta perfecta bien podría desencadenar un éxodo masivo de ciudadanos libaneses, sin ni siquiera llegar a mencionar a los millones de sirios y palestinos desplazados que habían encontrado un débil refugio en este país.

Para empeorar aún más este panorama, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan está llevando a cabo un proyecto neotomano para ampliar la influencia de Turquía en la región, libra guerras indirectas mediante intermediarios, reclama yacimientos de gas, convierte museos en mezquitas y amenaza a Europa con nuevas olas de inmigrantes. Debido a la postura firme del primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, así como por su rechazo a la presencia de barcos topográficos turcos en aguas territoriales en disputa, Chipre ha quedado atrapado en este fuego cruzado.

Desbarajuste en la UE

Las dinámicas políticas no son menos tensas dentro de la Unión Europea, donde las negociaciones del brexit son un desbarajuste, y los cierres de fronteras en respuesta a la pandemia han puesto en tela de juicio el futuro del espacio Schengen, el espacio de libre circulación sin pasaportes de la Unión Europea.

Como se espera que el clima frío exacerbe la pandemia del covid-19 y que un duro invierno plantee posibles desafíos para el Líbano, sería sensato que Chipre, Grecia, Turquía y la UE comenzaran a prepararse para una posible próxima ola de refugiados llegados de Oriente Medio. En el peor de los casos, los desplazamientos de migrantes por el mar y por territorios helados se combinarían con los estragos de una ola invernal de covid-19, lo que generaría aún mayores desafíos humanitarios en el Mediterráneo oriental.

La preparación que realicen en el momento actual las autoridades locales, regionales, nacionales e internacionales podría mitigar una crisis de este tipo. Nuestra propia experiencia en Chipre, junto con la de otros países a nivel mundial, indica que los enfoques innovadores que aprovechan la tecnología y reconocen el protagonismo de los migrantes en la creación conjunta de soluciones viables son la mejor forma de apoyarlos. El trabajo del Acelerador de Impacto de los ODS con emprendedores refugiados en Estambul muestra el verdadero potencial de este enfoque.

Fondos para los campamentos

Y si bien es posible que en el corto plazo no se adopten estrategias nuevas y radicales, al menos la UE puede empezar a asignar fondos sustanciales de emergencia para apoyar a las autoridades locales y nacionales en el Mediterráneo oriental. En Chipre, y posiblemente en algunas de las islas griegas más orientales, se puede dotar a los campamentos de acogida de refugiados de los elementos esenciales necesarios, y también se pueden ampliar para permitir el máximo distanciamiento físico posible. Y se puede contratar personal temporal y traductores para ayudar a acelerar el proceso de asilo.

Más allá de la preparación operativa básica, se necesitan campañas de información y ayuda humanitaria específicas en el norte del Líbano, Chipre, Grecia y en toda la UE, campañas en las que los medios de comunicación deberían cubrir el tema de manera que despierte la empatía del público. Chipre y Grecia deberán poder confiar en el principio de solidaridad europea, que requiere que los refugiados del Líbano y de Oriente Medio sean reasentados proporcionalmente en otros Estados miembros de la UE. Y, además, cualquier acuerdo necesitará de la bendición de Erdogan, ya que Turquía controla el norte de Chipre.

Entre una posible crisis migratoria y la escalada de las tensiones regionales, la situación en el Mediterráneo oriental está más tensa de lo que ha estado en años. Si el Mediterráneo oriental se desmoronase, Europa se enfrentaría a consecuencias nefastas para la seguridad en su flanco sureste. La UE debe posicionarse a la altura del desafío y encontrar un terreno común para la cooperación regional. El reciente incendio que destruyó el campo de inmigrantes de Moria en la isla griega de Lesbos es un duro recordatorio de lo rápido que la actual apariencia de estabilidad puede esfumarse.

Hrishabh Sandilya es director de desarrollo en Project Phoenix. Kyriaki Chatzipanagiotou es analista e investigadora de seguridad chipriota. Sarah Morsheimer es investigadora del Project Phoenix y académica de derecho mundial en la Universidad de Georgetown. (c) Project Syndicate, 2020. Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

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