La única forma de salir del Medio Oriente

Washington debe adoptar un nuevo enfoque para atenuar la amenaza de Irán


FOREIGN AFFAIRS

Durante mucho tiempo, Estados Unidos ha tenido en el foco de sus esfuerzos en el Medio Oriente la contención de Irán, utilizando desde el despliegue de tropas hasta la negociación diplomática. Pero, hasta ahora, ese objetivo en gran medida ha fallado. Desde el 2018, la administración del presidente de EE.UU, Donald Trump, se ha retirado del acuerdo nuclear del 2015 y ha ejercido la máxima presión sobre Irán, incluso moviendo 20.000 tropas adicionales a Medio Oriente. En tanto, la amenaza iraní no ha hecho más que crecer. Irán ha ampliado sus programas nucleares y de misiles, y su inversión en las fuerzas de poder, drones sofisticados y capacidades cibernéticas. Críticos del acuerdo nuclear con Irán afirman que el tratado no logró frenar estas amenazas e insisten en que cualquier nuevo acuerdo debe abordarlas.

La estabilidad regional debe ser el objetivo de la diplomacia de EE.UU. en el Medio Oriente. Una vez que se logre ese propósito, podrá reducir más fácilmente su presencia de tropas. En el 2015, EE.UU. confundió esta secuencia: los funcionarios vieron el tratado de Irán como un medio para acelerar la salida de las tropas estadounidenses, independientemente del estado de tensión circundante. Para calmar a sus ansiosos aliados, Washington aprobó la venta de más de 30.000 millones de dólares en armamento a los países del Golfo Pérsico. Irán reaccionó a esta acumulación militar aumentando sus propias inversiones en sistemas de misiles, fuerzas de poder y sus capacidades en armas sofisticadas. El acuerdo nuclear no avivó por sí mismo la inestabilidad regional, como afirmaron sus críticos, sino que fue la forma en que EE.UU. encendió una carrera armamentista regional.

Los conflictos que acosan al Medio Oriente -guerras civiles en Libia, Siria y Yemen, por ejemplo, y los disturbios en Irak y el Líbano- ponen a Washington en aprietos. Puede permanecer ligado al Medio Oriente para proteger un statu quo cada vez más impopular. O puede irse, lo que podría llevar a más conflictos a medida que los países se apresuran a llenar el vacío; no solo los estados árabes se enfrentarían con Irán, sino también Israel y Turquía, y entonces China y Rusia también se involucrarían. Irán encontraría mayor margen de maniobra en el golfo pérsico, presionando militarmente a sus vecinos y aprovechándose de las disputas entre las monarquías de la región. El resultado sería lo que la contención de EE.UU. intentó prevenir en las últimas cuatro décadas: la creciente hegemonía iraní.

Para lograr verdaderamente la estabilidad regional, de manera que EE.UU. pueda retirarse constructivamente de Medio Oriente, Washington debe adoptar un nuevo enfoque, que tenga en cuenta las preocupaciones de los poderes de la región, incluyendo a Irán. Además, EE.UU. debe buscar atenuar las disputas regionales, como la guerra en Yemen.

Los principales rivales de Irán, Arabia Saudí y los aliados recién ungidos de Israel, y los Emiratos Árabes Unidos, ven los misiles y las fuerzas de poder iraníes como evidencia de una agenda expansionista. Pero Irán ve sus capacidades como controles necesarios ante la superioridad militar convencional de sus rivales. Sus acciones reflejan las profundas inseguridades de un estado persa chií rodeado por EE.UU. respaldado por el poder suní. Desde la sangrienta guerra entre Irán e Irak, Irán ha cultivado aliados y clientes y ha mantenido puestos de avanzada en países árabes como parte de lo que los iraníes llaman una estrategia de «defensa avanzada».

El colapso del orden en el mundo árabe desde la invasión de EE.UU. a Irak ha alentado a Irán a perseguir esta estrategia, pero también lo tentó a extralimitarse. La escalada de tensiones con Israel ha resultado en una guerra en la sombra, que se hizo evidente en el bombardeo israelí con objetivos iraníes en Irak y Siria.

Pero Irán no quiere avivar el nacionalismo árabe antiiraní, ni la guerra con Israel. Si Irán quiere retroceder su estrategia de defensa avanzada, tendrá que intentar remontar las barreras con sus rivales regionales.

Cuarenta años de estrategia combativa sin resultados

Irán quiere que EE.UU. termine con la política de contención, que retire la mayoría, si no todas las tropas de la zona, y que reconozca que Irán es una potencia regional con intereses legítimos.

Durante los últimos 40 años, Irán ha confiado en la confrontación para conseguirlo. Pero esa combatividad no ha dado resultados. El asesinato en enero de Qasem Soleimani, el general iraní en gran parte responsable de ejecutar la estrategia de confrontación, llevó a Irán y EE.UU. al borde de la guerra, dejando claras las limitaciones del abordaje iraní. La crispada política exterior de Teherán ha exacerbado las dificultades económicas y el malestar político en el país.

Es más probable que los líderes iraníes tengan en cuenta estos resultados negativos si EE.UU. ofrece una ruta alternativa. Los líderes iraníes no son inmunes a un esfuerzo diplomático serio.

El proceso diplomático necesario tendrá que desarrollarse a través de una intrincada geometría de conversaciones entre Irán, las monarquías del golfo pérsico, y EE.UU.. Los diplomáticos deben tratar de estabilizar la región poniendo fin a los conflictos en Siria y en Yemen, y apuntalar los estados frágiles en Irak y Líbano, incluso mediante el establecimiento de nuevos acuerdos para compartir el poder. Irán y Arabia Saudí lo hicieron en el pasado, implementando el Acuerdo de Taif del 1989 que terminó en la guerra civil del Líbano. Irán y EE.UU. lograron algo similar en el Acuerdo de Bonn del 2001 que rehízo Afganistán después de la caída de los talibanes.

El objetivo debe ser formular un marco de seguridad regional: un arreglo en el Medio Oriente similar al Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa o la Unión Africana.

Las fuerzas estructurales que obligan a Washington a reequilibrar sus prioridades globales están desgarrando el Medio Oriente. La pandemia de coronavirus ha golpeado gravemente a Irán. La mera magnitud de la calamidad forzará cambios en las prioridades nacionales. Las condiciones son propicias para una diplomacia que alivie las tensiones. EE.UU. debe aprovechar el momento o arriesgarse a perder una oportunidad única y vital.

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