Indignación en Alemania por el intento de asalto del Parlamento en Berlín por parte de grupos nazis

El núcleo de las concentraciones de ultraderechistas lo formaban seguidores de un movimiento que no reconoce la República Federal de Alemania y rechaza su orden jurídico

Un hombre levanta los brazos cuando la policía comienza a detener a manifestantes de extrema derecha frente al edificio del Reichstag, sede del Parlamento alemán
Un hombre levanta los brazos cuando la policía comienza a detener a manifestantes de extrema derecha frente al edificio del Reichstag, sede del Parlamento alemán

Berlín / Colpisa

El Gobierno y los partidos políticos alemanes han reaccionado este domingo con indignación, fuertes protestas y la exigencia de una actuación por parte de las fuerzas de seguridad y la justicia ante los brotes de violencia por parte de grupos neonazis en la manifestación del sábado contra las medidas del Ejecutivo para combatir la pandemia del coronavirus.

Grupos radicales de derechas que ondeaban banderas de la época imperial, que los neonazis usan en sustitución de la esvástica, intentaron el asalto al Reichstag, sede del Parlamento alemán.

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, condena este amago de «toma» por parte de unos 200 ultraderechistas del Reichstag, tras la movilización del sábado, que congregó a más de 30.000 personas.

«Las banderas del Reich y las arengas ultraderechistas ante el Parlamento son un ataque intolerable al corazón de nuestra democracia», afirmó Steinmeier, en alusión a la simbología nazi que desplegaron esos grupos sobre la escalinata del edificio.

«El Reichstag es el centro simbólico de nuestra democracia liberal. Que caóticos y extremistas intenten instrumentalizarlo para sus fines es insoportable», señaló el ministro federal del Interior, Horst Seehofer, en declaraciones al dominical Bild am Sonntag, en las que agradece la «rápida» actuación policial y dice que «el Estado debe actuar contra esa gente con tolerancia cero». 

Rebasar los límites democráticos

Seehofer destaca que «la diversidad de opiniones determina una sociedad sana, pero el derecho de manifestación tiene sus límites allá donde las normas del Estado son pateadas». Lo respalda el titular de Exteriores, Heiko Maas, quien reconoce que «todo el mundo tiene derecho a polemizar sobre cómo afrontar la crisis del coronavirus [...], pero nadie debería secundar a los ultraderechistas, amenazar a la policía y poner en peligro» a otros. El jefe de la diplomacia alemana recuerda que la simbología nazi y las banderas de la era imperial que acabó con la Primera Guerra Mundial «no pintan nada ante el Bundestag alemán».

El portavoz y diputado Konstantin von Notz, de Los Verdes, calificó de «asqueroso y vergonzoso» el intento de toma del Parlamento. Una opinión que comparte el secretario general de los socialdemócratas alemanes, Lars Klingbeil, quien expresa su «ira y estupor» por el intento de asalto a uno de los símbolos de la democracia en Alemania».

Unas 38.000 personas participaron el sábado en la protesta contra las medidas para combatir la pandemia en el centro de Berlín, que transcurrió en su mayoría de manera pacífica, pero hubo brotes de violencia ante el Reichstag y la Embajada de Rusia en la avenida Unter den Linden, que la policía sofocó.

«Era de esperar lo que ha sucedido», dijo el senador de Interior de Berlín, Andreas Geisel, quien lamentó la decisión del Tribunal Superior Administrativo de Berlín-Brandemburgo de autorizar la protesta.

Entretanto, el presidente de la Federación Alemana de Funcionarios de Investigación Criminal, Sebastian Fiedler, ha advertido de las peligrosas consecuencias de manifestaciones como esta: «Ese tipo de protestas son un ambiente ideal para movimientos radicales que tratan de ganar adeptos para sus ideologías».

Apoyo a Putin y gritos contra Merkel

El núcleo de las concentraciones de ultraderechistas lo formaban seguidores del movimiento «identitario» de los Reichburger («Ciudadanos del Reich»), que no reconocen a la República Federal de Alemania (RFA) y rechazan su orden jurídico, informa Efe.

Mientras mostraban sus banderas ante la embajada rusa, entre gritos de apoyo al presidente de Rusia, Vladimir Putin, y consignas y carteles hostiles a la canciller alemana, Angela Merkel, hubo lanzamientos de botellas y otros objetos contra los antidisturbios.

En el grupo se mezclaron defensores de teorías de la conspiración, como el cocinero vegano germano-turco Attila Hildmann, máxima figura de estos movimientos, que acabó detenido.

La presencia de elementos ultraderechistas se ha hecho visible en sucesivas convocatorias que se han desarrollado desde julio en distintas partes de Alemania contra las restricciones.

Estas convocatorias están secundadas por ciudadanos que consideran vulnerada su libertad de movimientos, asociaciones esotéricas y grupos diversos, además de reconocidos negacionistas del Holocausto y la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), única fuerza parlamentaria que apoya estas protestas.

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