Melania Trump da el contrapunto en la convención republicana

La actual primera dama suaviza el agresivo discurso del clan Trump y llama a la «unidad»

Melania Trump, durante su discurso ante la convención republicana
Melania Trump, durante su discurso ante la convención republicana

Redacción

La familia de Donald Trump acapara los discursos estelares de la convención republicana que se celebra estos días en Charlotte, Carolina del Norte. Así lo ha querido el aspirante a la reelección. Y conforme a ese guion, en la segunda jornada e un cónclave con fuerte carácter virtual, intervinieron dos de sus hijos, Eric y Tiffany, y el discurso con más repercusión lo dio su mujer, Melania. 

La primera dama de Estados Unidos ha cerrado filas en torno a su marido y ha asegurado que el país «necesita ahora que nunca» su liderazgo. En su esperado discurso, Melania Trump ha defendido cuatro años más para su esposo al frente de la Casa Blanca, lo que sería un honor, ha dicho, pues él «no pierde el tiempo jugando a la política», sino que solo busca la «prosperidad» y el «éxito» para Estados Unidos.

«En mi esposo tienes un presidente que no dejará de luchar por ti y tu familia. Veo lo duro que trabaja día y noche y a pesar de los ataques sin precedentes de los medios y la oposición, no se rendirá. De hecho, si le dices que no se puede hacer, simplemente trabaja más duro», ha dicho Melania en palabras recogidas por Europa Press.

La intervención de Melania supuso un cambio de tono en medio de la agresividad dominante de los discursos de los miembros del clan Trump y sus afines, que han dibujado la hipotética América de Biden como «una película de terror» y han agitado el fantasma de Venezuela para captar el voto del miedo

La primera dama tuvo palabras de consuelo para las víctimas de la pandemia del nuevo coronavirus en Estados Unidos, que ya suma más de 5,7 millones de casos y cerca de 178.500 fallecidos. 

«Mi más sentido pésame para todos los que han perdido a un ser querido y mis oraciones están con aquellos que están enfermos o que sufren. Sé que muchas personas están ansiosas y algunas se sienten impotentes. Quiero que sepa que no están solos», dijo Melania, quien ha prometido que su marido «no descansará hasta que haya hecho todo lo posible para cuidar de todos los afectados por esta terrible pandemia».

A su vez, ha agradecido, en su nombre y en el de Trump, quien se encontraba presente durante el discurso celebrado en uno de los jardines de la Casa Blanca, la labor de los trabajadores que se han desempeñado durante los últimos meses en primera línea frente a la pandemia, ya que «a pesar de los riesgos», antepusieron al país por delante de su propia seguridad.

La llegada del «socialismo opresor»

Las palabras de Melania Trump supusieron un marcado contraste respecto al tono de los oradores precedentes, tanto este martes como el lunes con continuos advertencias sobre el fin del sueño americano y la llegada del socialismo opresor si el candidato demócrata, Joe Biden, logra la victoria en las elecciones de noviembre.

En esta línea se expresó la copresidenta de Latinos por Trump, Jeanette Núñez, quien pidió este martes el voto para el actual presidente porque «Estados Unidos nunca será un país socialista», al defender su resolución para «confrontar a los tiranos» en Venezuela, Cuba y Nicaragua, según informa Efe.

Igualmente, Larry Kudlow, el principal asesor económico de la Casa Blanca, apuntó que el país vive «un boom» al referirse a la pandemia como si fuera algo ya pasado, pese a que el país cuenta con el mayor número de contagios en el mundo por COVID, con más de 5,6 millones.

Kudlow dibujó una dicotomía marcada: «¿Quieren una economía saludable, próspera y optimista. O volver a los días oscuros del estancamiento y la recesión? Quédense con el presidente Trump», se respondió a sí mismo.

Actos de partido desde la Casa Blanca

Trump  aprovechó su púlpito para actos eminentemente partidistas que han provocado las críticas por parte de la oposición demócrata por ser inapropiado y de dudosa legalidad.

Uno de los más llamativos fue su participación en la jura de nacionalidad estadounidense de cinco inmigrantes, de los que destacó que «siguieron las reglas» y «obedecieron las leyes», en una ceremonia poco habitual que fue transmitida durante la Convención Nacional Republicana. Eran dos hombres de Bolivia y Ghana y tres mujeres del Líbano, India y Sudán. Previamente, en una primera aparición no anunciada,  Trump había concedido el perdón presidencial a John Ponder, un antiguo preso por robo que cambió su vida con la ayuda de un exagente del FBI y ha lanzado una asociación para facilitar la reinserción.

Polémica intervención de Pompeo

Otro de los momentos más controvertidos fue la intervención de Mike Pompeo, secretario de Estado de EE.UU., quien se encuentra en Israel de viaje de trabajo y habló desde Jerusalén, ciudad que el presidente Trump reconoció como capital israelí en el 2017.

Pompeo quebraba asimismo la tradición que dejaba fuera de las convenciones al secretario de Estado del momento, en deferencia a las obligaciones que conlleva la jefatura de la diplomacia estadounidense. Los demócratas han lanzando una investigación en el Congreso sobre si Pompeo violó la ley Hatch , una ley federal que separa las funciones gubernamentales de las políticas, y una línea que Trump y muchos de sus asesores parecen deleitarse en desdibujar.

Los dos últimos del clan

También desde un edificio federal, intervinieron los hijos del presidente, Eric y Tiffany,  los últimos en participar del clan Trump, omnipresente durante la convención.

Tiffany Trump
Tiffany Trump

Mientras Eric apeló a la «mayoría silenciosa», su hermanastra se hizo eco de las teorías conspiratorias que afirman que los medios de y las plataformas tecnológicas filtran acusaciones contra el Gobierno y silencian su buen hacer,  una acusación que también ha hecho su padre. «¿Por qué se promueve un punto de vista y otros se ocultan?», dijo Tiffany, según recoge The Washington Post.

En el último minuto se retiró de la lista de intervenciones a Mary Ann Mendoza,  cuyo hijo fue asesinado en el 2014 por un conductor ebrio que vivía ilegalmente en Estados Unidos, después de que instó a sus seguidores de Twitter a leer un intrincado hilo de una teoría conspiratoria antisemita sobre un complot judío para controlar el mundo.

Tercera jornada

La tercera jornada supondrá el turno del vicepresidente, Mike Pence, quien hablará desde el fuerte McHenry en Baltimore (Maryland), conocido por ser la sede de una batalla que en 1812 inspiró la composición del himno nacional de Estados Unidos

Y el gran discurso final, el de aceptación formal de la candidatura para ser reelegido, será pronunciado por el propio Trump en directo la noche del jueves 27 al viernes 28 desde la Casa Blanca.

Los republicanos dibujan la América de Biden como «una película de terror»

Luís Pousa
Kimberly Guilfoyle, expresentadora de Fox News y actual novia de Donald Trump júnior, hizo una apocalíptica intervención en la convención republicana
Kimberly Guilfoyle, expresentadora de Fox News y actual novia de Donald Trump júnior, hizo una apocalíptica intervención en la convención republicana

Los afines a Trump agitan el fantasma de Venezuela para captar el voto del miedo

La convención republicana que se celebra estos días en Charlotte (Carolina del Norte) es la puesta en escena de la definitiva conversión del viejo partido conservador al trumpismo. La familia del presidente protagoniza los discursos estelares y solo los muy afines participan en una cita destinada a la exaltación del líder con un argumentario simple: si Donald Trump no renueva su cargo, Estados Unidos se sumirá en el caos de la mano de Joe Biden y los radicales de izquierdas.

Los fieles trumpistas, que han desalojado del Partido Republicano cualquier atisbo de disidencia, auguran que una victoria de los demócratas traería a EE.UU. «socialismo» y «anarquía». Las viviendas unifamiliares de las zonas residenciales serían ocupadas por pandillas de delincuentes, los americanos de bien ya no tendrían derecho a portar armas y ni siquiera podrían ir a rezar a la iglesia. Biden, según estos aguerridos republicanos, quiere implantar la «revolución cultural» en Estados Unidos con la ayuda del Partido Comunista chino y convertir así el país en un remedo de Venezuela y Cuba. Es una apuesta que en un principio puede parecer disparatada, pero en la que insisten una y otra vez desde la campaña de Trump para captar el voto del miedo entre las familias acomodadas con pánico a cualquier cosa que suene remotamente a chavismo.

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