Un agosto de masacres en Colombia

La violencia indiscriminada se ha llevado 33 vidas en los últimos doce días en el país


bogotá / e. la voz

Estaban celebrando un cumpleaños. Varias decenas de jóvenes, algunos universitarios, se habían congregado la noche del 15 de agosto en una finca a las afueras de la localidad de Samaniego, en la convulsa región colombiana de Nariño. Tomaban cerveza y escuchaban música, cuando cuatro motos pilotadas por hombres enmascarados y armados irrumpieron en el lugar, creando el caos. Poco después comenzaron los disparos. Al menos nueve de los jóvenes fueron asesinados.

No es un hecho aislado. Las masacres vuelven a asolar Colombia. Al menos 33 personas han sido asesinadas en los últimos 12 días en sucesos violento que no están dirigidos a un individuo en particular.

El último fin de semana ha sido muy violento. Seis personas fueron tiroteadas en la pequeña localidad de El Tambo (Cauca) el viernes por la noche. Otras seis fueron asesinadas en Tumaco (Nariño) el sábado, y el domingo se conoció la muerte de otras tres personas en el municipio de Venecia, en Antioquia.

Has el 17 de agosto, antes de los últimos sucesos violentos, el país contaba 33 masacres en el 2020. La cifra denota una auténtica explosión de las matanzas. En todo el 2019 se produjeron 36.

Los asesinatos han tenido lugar en zonas muy afectadas por el conflicto armado y el narcotráfico. La violencia en el país ha mutado después del pacto de paz del 2016 entre la extinta guerrilla de las FARC y las autoridades colombianas, y afecta con especial virulencia a la población civil.

Los territorios se los disputan ahora, a escala nacional, el grupo narco paramilitar conocido como el Clan del Golfo, y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Son los únicos grandes grupos que actúan en varias de las zonas rurales del país. En los últimos años han surgido, en cambio, decenas de bandas armadas, formadas por disidentes y nuevos reclutas tanto de las FARC como de otros grupos armados, además de bandas de narcotraficantes, que están poniendo en jaque a las autoridades.

Están menos ideologizados, según los expertos, y luchan por el control territorial a nivel local o regional, lo que afecta a las comunidades donde actúan. El mando local provoca que no haya una estrategia nacional, lo que genera conflictos en espacios muy localizados y dificulta la acción de las autoridades. «En Colombia no hay una, sino varias guerras locales, todas creciendo», titulaba el domingo La Silla Vacía, un portal de noticias colombiano.

Especial preocupación causa la situación en el suroccidente del país, formado por los departamentos de Putumayo, Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño, zonas muy pobres y con mucha desigualdad, donde están casi el 54 % de las 154.000 hectáreas de plantaciones de hoja de coca que la ONU cuenta en Colombia.

En la zona confluyen también otras actividades ilícitas como la extracción de oro o la tala ilegal, que se disputan decenas de grupos armados, influidos, además, ahora, por los carteles mexicanos de la droga. Al menos 194 líderes rurales comunitarios y sociales han sido asesinados en el país en el 2020. El 60,8 % de ellos residía en uno de los cinco departamentos mencionados.

El Gobierno de Iván Duque llama «asesinatos colectivos» a las matanzas, de las que culpa a los grupos armados. «Hoy di instrucción de lanzar el Cuerpo Élite para perseguir autores de homicidios colectivos, delito execrable que no ha vuelto; nunca se había ido. Así que tenemos que enfrentar a quienes están detrás de estos asesinatos: crimen organizado, ELN, disidencias FARC, Clan del Golfo», señaló el presidente el domingo.

Parte de la oposición, en cambio, culpa de la situación a grupos seguidores del expresidente Álvaro Uribe, mentor de Duque, y en prisión domiciliaria preventiva, desde principios de agosto, mientras es investigado por el Tribunal Supremo por fraude procesal y soborno de testigos.

«La cuarta masacre en 48 horas, la novena desde que Uribe está preso. ¿Están presionando su libertad a lo Pablo Escobar?», se preguntaba el domingo el senador izquierdista Gustavo Bolívar, en un país donde se presenta un clima de acusada polarización política.

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