Un miembro de Hezbolá, culpable del magnificio del ex primer ministro libanés Rafik Hariri

Siria y el grupo chií libanés quedan exonerados de su «participación directa» en el asesinato del líder suní

Saad Al Hariri, hijo del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en la rueda de prensa tras el fallo del Tribunal Especial para el Líbano sobre el asesinato de su padre hace quince años
Saad Al Hariri, hijo del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en la rueda de prensa tras el fallo del Tribunal Especial para el Líbano sobre el asesinato de su padre hace quince años

Redacción / Agencias

Quince años después de que el ex primer ministro libanés Rafik Hariri fuera asesinado en un atentado con coche bomba, el Tribunal Especial para el Líbano (TEL) ha emitido su veredicto. Los jueces de la corte de la ONU han condenado este martes a uno de los cuatro acusados por el crimen, pero ha absuelto a los otros tres por falta de pruebas, al tiempo que hacen una precisión clave: no tienen pruebas de «la participación directa» de Siria y la cúpula del partido-milicia Hezbolá en el magnicidio. Su hijo, el ex primer ministro Saad Hariri, aceptó el veredicto.

«Siria y Hezbolá pueden haber tenido motivaciones» políticas pero, desde que el tribunal abrió sus puertas en el 2009, no recibió ninguna evidencia que pruebe su implicación, dijo el juez presidente de la sala, David Re, durante la lectura de la sentencia en la sede del tribunal en Leidschendam (Países Bajos).

El condenado es Salim Ayyash, presunto miembro Hezbolá, por el homicidio intencionado de Hariri y de las otras 21 víctimas mortales. «Aunque no actuó solo, tuvo un papel importante en la preparación del ataque, por lo que es culpable de los cargos», aseguró el juez.

Los otros tres acusados -Asad Sabra, Huseín Oneissi y Hasán Merhi- han sido absueltos porque no se puede probar que conocieran la intención última de matar al ex primer ministro libanés. El TEL había imputado a una quinta persona, el comandante de Hezbolá Mustafá Badreddine, como el cerebro del asesinato, pero murió en la guerra de Siria en mayo del 2016, por lo que retiró los cargos en su contra. Todos han sido juzgados en ausencia. 

El rostro de la recontrucción

Rafik Hariri, que fue hasta cuatro veces primer ministro del Líbano, murió el 14 de febrero del 2005 en la explosión de un coche bomba cargado con una tonelada de TNT al paso de un convoy oficial en el centro de Beirut. El brutal ataque se saldó con 22 muertos y más de 220 heridos. A pesar de que la autoría fue reclamada por un grupo fundamentalista hasta entonces desconocido llamado Victoria y Yihad en la Gran Siria, la acusación considera que fue una reivindicación falsa para alejar las sospechas de Damasco y Hezbolá.

En esos años, Hariri era el rostro de la reconstrucción de Líbano tras quince años de guerra civil y la figura suní más importante en contraposición a Hezbolá, vinculada a los regímenes chiíes de Siria e Irán. Por ello, las sospechas se dirigieron hacia el partido-milicia y el Gobierno sirio. Las fuertes protestas de esos días obligaron a la retirada de las tropas sirias del Líbano tras 29 años de hegemonía política y militar.

A la muerte de Hariri siguió una ola de asesinatos y tentativas de asesinato contra otros políticos, periodistas y activistas reavivando el temor a un nuevo conflicto, por lo que el Consejo de Seguridad de la ONU decidió intervenir creando el TEL, un tribunal híbrido formado por juristas libaneses e internacionales que ha investigado lo ocurrido durante estos quince años.

Hundido en la crisis y la tragedia humana

El esperado veredicto del TEL llega en un momento en el que el Líbano atraviesa la peor crisis económica desde la guerra civil, agravada por la tragedia provocada por las explosiones del 4 de agosto en el puerto de Beirut que ha dejado cerca de 200 muertos y miles de damnificados.

El presidente del país, Michel Aoun, dio la bienvenida a la sentencia, si bien incidió en que «la justicia tardía no es justicia»,  y llamo a los libaneses a la unidad y a evitar la sedición en el país. Hezbolá, por su parte, ha anticipado una «injusta condena» y ha reivindicado la inocencia de sus «hermanos». «Como libaneses, debemos ser conscientes de que alguien intentará aprovecharse del fallo, dentro o fuera, para atacar a la resistencia y a Hezbolá», dijo hace unos días su líder, Hasán Nasralá.

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