El mundo aprovecha que Trump no mira

Varios países apuran las purgas internas ante el temor de que una victoria de Joe Biden les impida silenciar a los críticos


Los Angeles Times

Los miembros de la familia de Saad Jabri se encuentran desaparecidos. El exoficial de inteligencia saudí, junto con legisladores del Congreso de Estados Unidos y grupos de Derechos Humanos, asegura que la dinastía real que gobierna en Arabia Saudí tiene como rehenes a sus familiares, con el objetivo de atraer al patriarca de regreso al reino del desierto desde su autoexilio en Canadá. Jabri, al parecer, posee información incriminatoria sobre el príncipe heredero, Mohamed bin Salman.

Los críticos lo catalogan como la última ofensiva del gobernante de facto de Arabia Saudí, quien aparentemente se siente empoderado, en parte, por una Administración Trump que ha mostrado poco interés en condenar regímenes autoritarios o en defender los derechos humanos. El presidente, Donald Trump, básicamente blanqueó la participación del príncipe heredero en el terrible asesinato de un periodista saudí radicado en EE.UU., hace dos años.

Sin la rendición de cuentas que han exigido los Gobiernos de EE.UU. en el pasado, el príncipe Mohamed «se está volviendo más despiadado», afirmó Mohamed Soltan, director de una organización de derechos humanos con sede en Washington que trabaja con los Jabris. «Eso no habría sucedido sin la Administración Trump».

Una última oportunidad

Mientras las encuestas aseguran que Trump va rezagado de cara a las elecciones de noviembre, algunos países están comenzando a ver los próximos meses como, quizás, su última oportunidad para realizar movimientos provocativos, consolidar ganancias o tomar medidas enérgicas contra sus rivales. Antes de que una política estadounidense más tradicional se afiance y prevenga o condene tales acciones.

Desde Hungría hasta Honduras, Gobiernos cada vez más autocráticos están utilizando la pandemia del coronavirus como cobertura para tomar el poder e instituir medidas de control, constitucionalmente cuestionables, en nombre de la seguridad. Todo sin protestas del Gobierno de EE.UU., que se ha distraído con su propia crisis sanitaria y con las críticas por su respuesta de mano dura contra las protestas por la justicia racial en todo el país.

Varios países latinoamericanos han aprendido que mientras cooperen con Trump en sus políticas de inmigración, pueden salirse con la suya con una corrupción que se autoenriquece, con el destripamiento de los tribunales y con la represión política, revirtiendo años de intentos de reforma respaldados por EE.UU.

También China y Rusia

Y probablemente no sea un accidente que los líderes de China y de Rusia hayan tomado medidas durante la Administración Trump para encerrarse en el poder de por vida, sin protestas del presidente estadounidense.

El presidente de El Salvador, el millennial Nayib Bukele, ha pisoteado en las últimas semanas a la Legislatura nacional y a la Corte Suprema para promover su propia posición, socavando instituciones en cuya construcción los contribuyentes estadounidenses gastaron, durante años, millones de dólares. Bukele confía en que un Gobierno encabezado por Trump no pronunciará una palabra de crítica, señalan analistas en San Salvador.

«El autoritarismo existe desde antes que Trump, pero en los últimos tres años ha empeorado mucho» y está en ascenso, incluso en partes sensibles y estratégicamente importantes del hemisferio occidental, aseguró Gimena Sánchez-Garzoli, quien analiza la situación de numerosos países de la región en la Oficina de Washington para América Latina.

En Honduras, desde donde huyen hacia EE.UU. una gran cantidad de personas, el presidente, Juan Orlando Hernández, presunto cómplice en un caso de tráfico de drogas en EE.UU. contra su hermano, ha disfrutado del apoyo inquebrantable de Trump. (Su hermano fue declarado culpable; el presidente ha negado haber cometido irregularidades). Hernández ganó una controvertida reelección a finales del 2017, en gran parte gracias a un respaldo apresurado de la Administración Trump, y se cree que está realizando maniobras para postularse nuevamente, una medida considerada ilegal e inconstitucional en Honduras.

Apoyo total a Israel

Israel ya se ha beneficiado enormemente de Trump, quien trasladó la embajada de EE. UU. a Jerusalén y se puso descaradamente del lado de Israel contra los palestinos en las conversaciones de paz. Hasta hace poco, parecía que Israel planeaba aprovechar esa relación cercana con Trump para embarcarse en un último movimiento de poder: anexionar partes de la Cisjordania ocupada, que los palestinos reclaman como su estado.

La idea de la anexión, considerada ilegal según el derecho internacional, ha provocado una condena global generalizada, incluso desde dentro de Israel, pero no desde la Administración Trump. Es poco probable que un futuro presidente, Joe Biden, acepte un paso tan provocador.

Quizás por temor a que tal medida complique la campaña de reelección de Trump, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha decidido, por ahora, dar un paso atrás.

Pero aunque la anexión permanezca congelada hasta después de las elecciones estadounidenses, Israel puede estar encontrando otras formas de aprovechar su estrecha relación con Trump. Una serie de misteriosas explosiones en Irán, en instalaciones relacionadas con la energía nuclear, han generado en las últimas semanas especulaciones sobre si Israel fue el responsable. Bajo el mandato del expresidente Barack Obama, Israel a menudo se vio restringido, particularmente cuando se trataba de posibles enfrentamientos con Irán, que podrían enardecer las relaciones de la región.

El senador por Utah Mitt Romney, un raro funcionario republicano dispuesto a criticar a Trump, afirma que las políticas de la Administración han dado un mal ejemplo al resto del mundo y han debilitado el papel tradicional de EE.UU. como líder y unificador global.

«Estamos diciendo ‘Estados Unidos primero. Todos vayan y hagan sus propias cosas... Persigan sus propios intereses’», aseguró Romney en una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en julio. «Y parece que en Estados Unidos no nos importa unir al mundo».

Compra de armas 

Varios estados árabes con malos antecedentes en materia de derechos humanos, incluida Arabia Saudí, han presionado con éxito a la Casa Blanca en los últimos meses para eludir la oposición del Congreso e impulsar importantes adquisiciones de armas estadounidenses. Hace un año, el secretario de Estado, Michael R. Pompeo, acordó descongelar la venta de ocho mil millones de dólares en armas a Riad, a pesar de la oposición generalizada del Congreso y de las organizaciones de derechos humanos. Y a principios de este mes, Trump ordenó a los funcionarios estadounidenses que ignoraran las disposiciones de los acuerdos internacionales de control de armas y procedieran con la venta de grandes drones armados Reaper a países de Oriente Medio. (Las restricciones no eran vinculantes, pero fueron negociadas, y habían sido observadas por otras 34 potencias mundiales desde 1987).

«Esta decisión imprudente, una vez más, hace que sea más probable que exportemos algunas de nuestras armas más letales a los violadores de los derechos humanos en todo el mundo», aseguró recientemente el senador de Nueva Jersey Robert Menéndez, el principal demócrata del Comité de Relaciones Exteriores. «Este es otro movimiento imprudente de una Administración obsesionada con eliminar la cooperación internacional, que ha hecho más seguros a EE.UU. y a otros países durante décadas».

Los enemigos también se mueven

Algunos de los enemigos de EE. UU. también pueden estar mirando los próximos meses, con la esperanza de bloquear sus ganancias para poder negociar con la próxima Administración desde una posición de fuerza, señalaron varios diplomáticos.

«Siempre existe el riesgo de que los adversarios de EE.UU. crean que, mientras EE.UU. está absorto en sus propios asuntos internos, no tendrá la capacidad de atención como para responder a sus provocaciones», explicó Daniel Shapiro, un exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional y actualmente miembro visitante en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. «Quizás quieran expandir su influencia».

Irán, por ejemplo, ha aumentado el apoyo a sus representantes, colocando a las fuerzas de Hezbollah en el Líbano en su frontera con Israel, según afirmaron exfuncionarios de inteligencia de Israel.

«Vemos mucha más presencia de Hezbollah a lo largo de la frontera», lo que ha creado temor a nuevos ataques militares, señaló Sarit Zehavi, un teniente coronel retirado del ejército israelí que ahora trabaja con un grupo de expertos a lo largo de la frontera norte de Israel con el Líbano.

(c) 2020 Los Angeles Times, Distribuido por Tribune Content Agency. Traducción, Lorena Maya.

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