Cristianos y musulmanes se unen en el dolor y la reconstrucción de Beirut

Las protestas que arrancaron en octubre y tuvieron un paréntesis a causa del coronavirus han vuelto con fuerza tras la explosión para reclamar que se haga justicia


jerusalén / colpisa

El reloj volvió a pararse en Beirut a las 18.08. Una semana después de la explosión, a la hora exacta en la que las 2.700 toneladas de nitrato de amonio saltaron por los aires, la capital del Líbano guardó silencio en recuerdo de los 171 muertos, según la última cifra oficial del Ministerio de Salud. En el cielo, el sonido de las campanas de las iglesias se fundió con la llamada a la oración desde las mezquitas. Cristianos y musulmanes, juntos en la desgracia y en la obligación de seguir adelante para reconstruir Beirut.

Terminado el homenaje, la plaza de los Mártires se convirtió un día más en el epicentro de la movilización. Las protestas, que arrancaron en octubre y tuvieron un paréntesis a causa del coronavirus, han vuelto con fuerza tras la explosión para reclamar que se haga justicia. Las movilizaciones, que fueron violentas durante el fin de semana, lograron la caída del Gobierno el lunes, pero no es suficiente.

La inestabilidad en las calles se ha trasladado a una clase política donde nadie quiere asumir responsabilidades. La agencia Reuters tuvo acceso a un documento que prueba que tanto el ex primer ministro, Hasán Diab, como el presidente Michel Aoun estaban al tanto de la extrema peligrosidad del material almacenado en el puerto. Aoun confirmó la información y dijo que dio indicaciones para «hacer lo necesario». Nadie hizo nada.

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