Merkel asume la carga de pilotar a la UE para que supere «el peor momento de su historia»

Alemania, que asume la presidencia rotatoria, insiste en la urgencia de cerrar un acuerdo sobre el plan de recuperación en la cumbre de los próximos 17 y 18 de julio

Merkel se pone la mascarilla al iniciar este viernes su intervención en la Cámara Alta alemana
Merkel se pone la mascarilla al iniciar este viernes su intervención en la Cámara Alta alemana

Bruselas / Colpisa

Obvio que nadie la quiere, que su carga letal y su impacto económico han disparado el pánico y que solo una vacuna permitirá superar el vértigo global. Obvio que esto va para largo y que nuestra forma de vida sufrirá (está sufriendo ya) un cambio sustancial. Pero puesto que está ahí, puesto que hay que convivir con ella, reconózcanme que genera cierta tranquilidad que la mujer más poderosa de Europa (aunque sea por puro azar) vaya a estar al frente en el combate ante la Covid-19. Justo la Angela Merkel que ha liderado a la UE en sus otras grandes crisis europeas (económica, migratoria...) se enfrenta ahora a la madre de todas las crisis. «Europa vive el peor momento de su historia, un momento que está poniendo a prueba» su capacidad para mantener «la cohesión», sentenciaba este jueves desde Berlín.

La canciller comparecía con la sobriedad de siempre. El acto, una rueda de prensa en formato dual y telemático con Ursula von der Leyen, la que fuera su mano derecha antes de catapultarla a los despachos de Bruselas. Von der Leyen, a 800 kilómetros de distancia y en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea. La primera, respondiendo solo en alemán. La segunda, también en inglés y francés. El contexto, el arranque de la presidencia rotatoria de la UE. Alemania al cargo después de trece años. Por delante, apenas seis meses «cruciales» de pilotaje de tal complejidad que el resultado es incierto.

«Cada día que pasa vemos más claro que el virus no ha desaparecido, aunque hayamos aprendido a vivir mejor con él», advertía la mandataria antes de pasar a enumerar los puntos clave de la agenda alemana. Todos eclipsados por el más urgente: el plan de recuperación postpandémica que los líderes negociarán los días 17 y 18 en la capital comunitaria. Será su primera cumbre presencial desde febrero. Alemania asume el reto de conseguir el acuerdo, y rápido. Desde Bruselas, Von der Leyen ponía el énfasis en lo evidente: cada día de retraso conduce a más empresas hacia el precipicio y se cobra además más empleos. «La presión es enorme». Pero «nuestro éxito no solo depende de la buena dirección de la presidencia alemana, obliga a todos los Estados miembros a ver más allá de unos intereses limitados» y trabajar «en los beneficios de la Unión».

750.000 millones

Toda una llamada al orden a ese club de frugales liderado por Países Bajos y Austria, que no comulga con la formulación de un plan de reconstrucción de 750.000 millones de euros diseñado por la Comisión (medio billón en subsidios y otros 250.000 millones en préstamos), que beneficiaría a los países más golpeados por la pandemia, en concreto a Italia y España. Y al que la propia Alemania y Francia le han abierto camino. «Tenemos claro dónde están las dificultades, pero todos sabemos que sería bueno tener ese acuerdo en julio. Yo no imagino otro escenario», incidía Merkel justo después de subrayar la necesidad de «dar una respuesta contundente» a una crisis de varios tipos «que no tiene precedentes». Y hacerlo sin obviar que el futuro exige «trabajar en tareas como la lucha contra el cambio climático y la digitalización». Todo está vinculado.

Empeñada en ello, en conseguir esa solución antes del parón estival, la propia canciller, Von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y el de la Eurocámara, David Sassoli, se han citado para el próximo día 8 con el objetivo de pisar el acelerador. El objetivo es «hacer balance y preparar las intensas negociaciones» que tendrán lugar una semana después entre los líderes de los Veintisiete. El plan excepcional por la Covid-19 va colgado de un presupuesto plurianual (2021-2027) que ascendería a 1,1 billones, que siempre ha sido objeto de discusiones maratonianas.

La minicumbre del día 8 «pone de relieve que todas las instituciones están preparadas y comprometidas para dar respuestas a las y los ciudadanos europeos», destacaba el presidente Sassoli, que este mismo jueves recibía el mandato de los grupos políticos de defender «un acuerdo ambicioso». El Parlamento Europeo primero, y los Legislativos nacionales después, son los que tienen que poner el último sello de validación al pacto que pudieran cerrar los jefes de Estado y de Gobierno. La auténtica negociación ya está en marcha.

Von der Leyen: tropiezos, artificio y golpe de realidad

S. Arroyo
Von der Leyen, durante la rueda de prensa tras su encuentro digital del jueves con Merkel
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Cambio climático, transformación digital, migración, salario mínimo común europeo, igualdad de género y no discriminación, euroescepticismo, brexit, tensiones comerciales con Estados Unidos, la intoxicación cibernética, la amenaza rusa, los desencuentros con China... Esa era la voluminosa agenda con la que Ursula von der Leyen asumía la presidencia de la Comisión Europea el pasado 1 de diciembre.

Con cinco años por delante el nuevo Ejecutivo de Bruselas era consciente de que debería lidiar con un legislativo más fragmentado que nunca y muy hostil, con el desafío perpetuo que supone buscar el apoyo de las capitales a cada paso. Y con un multilateralismo en rompan filas a golpe de tuit firmado por Donald Trump.

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