El giro de EE.UU. en su relación con Israel

Trump renuncia a lograr un acuerdo con los palestinos y se vuelca en hacer concesiones a Tel Aviv

Brian Hook, representante de Estados Unidos para Oriente Medio, saluda a Benjamin Netanyahu, este martes, en la oficina del primer ministro israelí en Jerusalén
Brian Hook, representante de Estados Unidos para Oriente Medio, saluda a Benjamin Netanyahu, este martes, en la oficina del primer ministro israelí en Jerusalén

Washington / Efe

Lejos de la cautela de su antecesor, Barack Obama, el Gobierno de Donald Trump anunció en julio del 2019 ante una sorprendida audiencia en Naciones Unidas que EE.UU. ya no respetaría la «ficción» creada en torno al conflicto palestino-israelí y que era hora de «comenzar un debate nuevo y realista sobre el tema» sin tener en cuenta el pasado.

La Administración de Trump quería dejar claro que no iba a desempeñar el papel de mediador que le había asignado hace cinco décadas el entonces secretario de Estado Henry Kissinger y al que, hasta entonces, se habían adherido todos los presidentes de EE.UU.

A diferencia de Obama, que solo aspiraba a lograr algún avance en el conflicto, desde el principio Trump fantaseaba con el «pacto del siglo», explica el experto de la Universidad George Washington Nizar Farsakh.

Con esa idea, nada más ganar las elecciones en el 2016, el equipo de Trump abrió un canal de comunicación con los palestinos y, durante unos siete meses, invitó cada semana a la Casa Blanca al máximo responsable palestino en Washington.

Trump enseguida se dio cuenta de que era imposible lograr un acuerdo y decidió «reflejar la realidad que existe sobre el terreno», en opinión del analista Michael S. Doran, quien trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca bajo el Gobierno de George W. Bush (2001-2009).

«La solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí, tal y como se ha previsto tradicionalmente, no es realista y la Administración de Trump ha sido inteligente al ajustar la política de EE.UU. como corresponde», argumenta Doran en un artículo publicado en junio en la revista Foreign Affairs.

Como resultado de esa nueva política exterior, Washington ha hecho un sinfín de concesiones a Israel: en diciembre del 2017, Trump reconoció a Jerusalén como capital de Israel y ordenó trasladar allí su embajada; en agosto del 2018, dejó sin fondos a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA); y en marzo del 2019, reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán ocupados. El pasado enero, Trump reveló su «plan de paz», en el que se preveía la anexión israelí de colonias y zonas del geoestratégico valle del Jordán.

Anexión con fecha dudosa

La anexión de áreas de Cisjordania, que en teoría empezaba este miércoles, todavía carece de una definición concreta y su fecha exacta de aplicación es todavía una incógnita.

La simpatía de Trump por Israel parte de su aversión a Obama, pero además Benjamin Netanyahu es amigo de la familia del yerno del magnate, Jared Kushner, judío ortodoxo, una de las voces más influyentes en el Despacho Oval.

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