Al final, y tal como habíamos pronosticado hace dos meses, casi todos los países han acabado orbitando hacia las mismas medidas para aminorar el efecto de la pandemia. La única política divergente era la que buscaba, aunque fuese de manera tácita, la inmunidad de grupo. Gran Bretaña coqueteó con la idea, pero la abandonó con celeridad. Y esto ha dejado únicamente a Suecia como el país europeo dispuesto a arriesgarse con esta táctica, consistente en dejar que la población se infecte lentamente limitando lo menos posible la actividad social y económica. En Suecia se ha mantenido casi todo abierto y las medidas de confinamiento han sido, en general, voluntarias.

Ya se puede hacer una primera evaluación de esta estrategia, y el resultado no es bueno, aunque requiere matices. No ha sido un desastre tan grande como se temía. El sistema sanitario sueco ha sido capaz de absorber el impacto, algo que hubiese resultado imposible en la mayor parte de los países. Pero su cifra de fallecidos es mucho más alta de lo que esperaban las autoridades. Los números no resultan tan malos si se los coteja con los de muchos países europeos -Francia o España, por ejemplo- pero son significativamente peores que los de los otros países nórdicos, con los que generalmente se compara a Suecia: cuatro veces más muertos que Dinamarca y diez veces más que Noruega. En definitiva, no se ha logrado la inmunidad de grupo y el coste en vidas ha sido mayor del que hubiera podido ser.

Las autoridades suecas nunca han dicho que su intención fuese proteger la economía frente a la salud. Han repetido una y otra vez, y no hay razón para dudarlo, que de lo que se trataba era de mantener la mayor normalidad posible mientras el sistema sanitario pudiese gestionar las infecciones. Pero, puesto que existe un debate acerca de la relación entre los costes de la salud y la economía, Suecia nos ofrece la posibilidad de estudiar la cuestión. La pregunta es: ¿el coste humano extra de la estrategia sueca ha tenido, al menos, un efecto favorable en la economía?

La respuesta es que solo inicialmente. Al principio, la economía sueca sufrió un impacto menor que los países que optaron por estrategias de confinamiento. En el primer trimestre del año, que incluye el comienzo de la pandemia, bajó el consumo, pero menos que en el resto de Europa, y crecieron las exportaciones y algo el PIB (un 0,1 %). Sin embargo, la caída de la producción ha sido similar al resto de Europa, en parte porque Suecia ha sufrido como los demás la ruptura de las cadenas de suministros y, sobre todo, porque gran parte de la población y las empresas tomaron decisiones de distanciamiento social por su cuenta, aunque no fuesen obligatorias. Ahora el desempleo ha aumentado y los pronósticos para el resto del año son de recesión, con una caída de su PIB de entre un 6,1 % (según la Unión Europea) y un 10 (según el propio Banco Central Sueco). Es decir, similar al resto de los países europeos que optaron por el confinamiento como estrategia.

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El dilema entre salud y economía en Suecia