El Reino Unido, obligado a revisar su pasado esclavista

El alcalde de Londres retirará las estatuas que honren a esclavistas o xenófobos, tras el derribo de la de Bristol

Los vecinos de Bristol obseran el pedestal donde estaba la estatua de Colston
Los vecinos de Bristol obseran el pedestal donde estaba la estatua de Colston

Londres / E. La Voz

Las protestas contra el racismo tras la muerte de George Floyd han encontrado en el Reino Unido un terreno fértil para propagarse no solo debido a las diferencias económicas y educativas que el color de piel siguen provocando en el país, sino que además están forzando a autoridades y ciudadanos a revisar su pasado esclavista y colonial. 

El derribo de la estatua de Edward Colston -que amasó una fortuna comerciando con esclavos africanos en el siglo XVII- por los manifestantes en Bristol ha reabierto el debate sobre el pasado colonial y sobre cómo el país lo recuerda. Este martes mismo en Oxford cientos de personas, en su mayoría jóvenes, se congregaron a las puertas del Oriel College, unas de las prestigiosas universidades que funcionan en la ciudad, para demandar la retirada de la efigie de Cecil Rodhes, el empresario que colonizó las actuales Zambia y Zimbabue. Una petición que fue apoyada por varios concejales.

Lo ocurrido en Bristol y Oxford hizo que el alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, anunciara que revisará todos los monumentos de la capital y que retirará los que no reflejen la «diversidad» de la urbe. Asimismo abogó por levantar otros que honren a las comunidades negra, asiática, así como al colectivo LGBTI. Los pasos de Khan fueron emulados por sus colegas laboristas de Inglaterra y Gales, los cuales anunciaron que revisarán todas las estatuas, monumentos, calles y plazas de sus localidades para determinar cuántas honran a esclavistas, racistas o reconocidos genocidas. Se calcula que al menos hay unos 30 monumentos en el Reino Unido dedicados a personajes cuestionados.

Johnson, en aprietos

El movimiento «Black Lives Matters» ha puesto en aprietos al primer ministro Boris Johnson, quien pese a calificar como «una injusticia innegable» lo ocurrido con Floyd, ni ha condenado la actuación de la policía estadounidense ni la reacción de Donald Trump. Tampoco se ha sumado a homenajes a la víctima, pero sí ha fustigado los excesos cometido por algunos manifestantes, lo cual le ha valido no pocas críticas. Pero no solo Johnson ha sido polémico por cómo ha lidiado con el asunto. El líder laborista, Keir Starmer, también ha sido criticado por condenar el derribo de la estatua de Colston.

La crisis ha estallado justo cuando la Oficina Nacional de Estadísticas revela que la tasa de mortalidad por el covid-19 ha sido de hasta tres veces mayor entre negros y asiáticos que entre los blancos. Y que la policía ha impuesto el doble de multas por saltarse el confinamiento a grupos éticos minoritarios.

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