Todavía faltan algunos detalles, pero hay señales de que el plan está en marcha: Londres se dispondría a ofrecer una vía para conceder la nacionalidad a todos los habitantes de Hong Kong que deseen irse a vivir a Gran Bretaña. La medida podría afectar hasta a tres millones de personas y supondría rectificar la injusticia histórica cometida por el Gobierno de Margaret Thatcher, cuando, al entregar la colonia británica a China en 1997, permitió que los hongkoneses pasasen a ser ciudadanos chinos -algo que no habían sido nunca. Cierto que pudieron mantener su pasaporte británico, pero solo como documento de viaje, porque los firmantes del acuerdo se aseguraron de que no les confiriese el derecho a residir en Gran Bretaña.

El miércoles, en un giro histórico, el primer ministro Boris Johnson ha anunciado que, en vista de la creciente represión de los ciudadanos de Hong Kong por parte de Pekín, el Reino Unido podría hacer un cambio sin precedentes a sus leyes de nacionalidad. Los hongkoneses que ya poseen el pasaporte pasarán a tener visados de residencia renovables cada año, con opción a la plena ciudadanía, extendiendo el pasaporte a quienes todavía no lo tienen. En total, tres de los 7,4 millones de hongkoneses, que podría acabar convirtiéndose en británicos y sumando el 4,5 por ciento de la población del Reino Unido.

Contrariamente a lo que muchos esperarían, las encuestas revelan que la opinión pública lo ve como un acto de justicia, que el Gobierno quiere presentar como un ejemplo positivo de la Gran Bretaña postbrexit: un país que decide su propia política migratoria, no necesariamente para hacerla más restrictiva sino, en algún caso, más generosa que la de la UE. De hecho, la idea tiene un precedente famoso: recuerda a la gran operación de acogida de la minoría indo-africana que huyó de la dictadura de Idi Amin en Uganda en la década de 1960. Priti Patel, la actual ministra de Interior que trabaja en esta propuesta, es hija de aquella diáspora.

En el plan hay todavía puntos oscuros. Faltan por definir algunos detalles legales. China ha reaccionado con furia, y podría impedir la salida de los exiliados, además de castigar a la economía británica en un momento vulnerable. Muchos hongkoneses, escaldados por las promesas rotas de la era Thatcher, podrían no atreverse a dar el paso. Por eso, el diario conservador The Spectator, proponía este viernes que la oferta de nacionalidad sea automática, sin trámites. Otras voces se preguntan si facilitar la salida de los activistas prodemocracia en China no es hacer el juego a las autoridades; a lo que otros responden que las nuevas leyes de seguridad que acaba de aprobar Pekín terminan con cualquier esperanza de que se mantengan las magras libertades de Hong Kong. 

De hecho, los observadores detectan un brusco aumento del papeleo necesario para emigrar, lo que apuntaría a la inminencia de un éxodo. En las protestas callejeras de Hong Kong se ven desde hace tiempo banderas británicas. Irónicamente, el paraguas, que ha sido el símbolo de las revueltas de Hong Kong -a veces muy violentas- contra el régimen de Pekín, podría pronto encontrar su utilidad en el clima inglés.

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Ciudadanía británica para todos en Hong Kong