Un muerto y dos heridos en un tiroteo tras la muerte de un hombre negro a manos de la policía en EE. UU.

Las virulentas movilizaciones por la muerte de un hombre negro a manos de policías se extienden por una treintena de urbes del país


Redacción

Las protestas y disturbios raciales han vuelto en las últimas horas a ocupar las calles de distintas ciudades de Estados Unidos, con Mineápolis (Minesota) -donde el pasado lunes George Floyd, un hombre negro falleció asfixiado a manos de policías tras ser detenido- como epicentro. Pero más allá del nombre de George Floyd en cada ciudad tienen sus propios mártires, como Breonna Taylor, la joven enfermera de color que luchaba contra el coronavirus en Lousville y que fue tiroteada en su casa el pasado 13 de marzo por la policía de la ciudad que, como recoge The Washington Post, según las autoridades estaban practicando un arresto por drogas. El problema es que muchos empiezan a preguntarse sobre el efecto que la violencia pueda tener. La alcaldesa de Atlanta (Georgia), Keisha Lance Bottoms, una ex jueza afroamericana que, según algunos tiene muchos puntos para optar a la vicepresidencia por el partido demócrata con Joe Biden, llamó a la calma suplicando a los manifestantes que aparcaran la violencia. Lo hizo durante una rueda de prensa recogida por la CNN en la que estuvo rodeada por activistas de los derechos civiles, varios cantantes de hip-hop o el reverendo Bernice King: «Lo que veo en las calles de Atlanta no es Atlanta. Esto no es una protesta. Esto no está en el espíritu de Martin Luther King, J.R.» 

Según las últimas informaciones, al menos una persona ha muerto y otras dos han resultado heridas por un tiroteo originado durante las manifestaciones en Indianápolis (Indiana). El incidente sobrevino cerca del foco de las manifestaciones, Monument Circle, según ha informado el jefe de la policía de la ciudad, Randal Taylor, en rueda de prensa. No obstante, la policía ha asegurado en que ninguno de estos incidentes está relacionado con sus agentes. 

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Un hombre recibe una brutal paliza en Salt Lake City tras amenazar a un grupo de manifestantes con un arco Durante una protesta por la muerte de George Floyd a manos de la policía.

Batallas en las calles

Las virulentas movilizaciones se extienden por una treintena de urbes del país, desde Los Ángeles a Chicago, pasando por Cleveland, Washington DC o Nueva York, a pesar de que se declararon toques de queda en varias de ellas. Las escenas de coches policiales incendiados, carreteras bloqueadas, ventanas rotas y el lanzamiento de cócteles molotov se repiten en distintos puntos de EE.UU., donde la policía empleó gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes. Seis estados -Georgia, Kentucky, Wisconsin, Colorado, Ohio y Utah- se unieron este sábado a Minesota para ordenar la movilización de la Guardia Nacional, un cuerpo de reserva, para hacer frente a los disturbios. Además, como informa la NBC, ciudades como Atlanta, Cleveland, Columbus, Ohio, Denver, Los Ángeles, Filadelfia, Pittsburgh, Portland o Seattle han imitado al estado de Minnesota al declarar el toque de queda.  

No hubo rencor en Mineápolis con los manifestantes por parte de los dueños de algunos de los negocios que fueron pasto de las llamas. La cadena CNN, cuya sede en Atlanta también fue atacada, recoge el testimonio de Ruhel Islam, un emigrante de Blangladesh que llegó a Estados Unidos para huir de la violencia de su país hace 24 años. Cuando se enteró de que su negocio ardía dijo a la cadena: «Deje que mi edificio se queme. La justicia debe ser atendida y esos oficiales deben ser encarcelados». Pero no se quedó ahí porque cuando lograron aplacar el fuego, su hija convirtió su local en un refugio para los heridos: «No se trata del negocio, se trata de nosotros, se trata de George Floyd y de todas las personas cuyas vidas han sido tomadas injustamente debido a la brutalidad policía». De hecho, movimientos como Black Lives Matter (Las vidas negras también importan) luchan desde hace años contra el racismo en el país. Uno de los eslóganes de su último vídeo dice: «Imagina un país en el que no hubiera violencia policial». Y recuerdan  en uno de los artículos de su web: «George Floyd no podía respirar. Nosotros tampoco podemos. Vivimos con miedo. Miedo a caminar afuera. Usando una sudadera con capucha. Ir a correr. Durmiendo en nuestra propia casa. Existente. Todos los días, un nuevo hashtag. Cada hora, una nueva injusticia. Cada segundo, más dolor». Pero estos días en las calles no solo hay gente negra protestando. La CNN recoge el testimonio de Mackenzie Slagle: «Ya es hora de que esta brutalidad policial se detenga. No estoy de acuerdo con irrumpir en todos los negocios, pero puedo entender la indignación (...) Porque soy una mujer blanca y necesitaba aparecer para todos mis hermanos y hermanas». Toda esa rabia contenida es la que ahora ha desatado una ola de violencia que, como recoge la prensa norteamericana, el presidente Trump parece no haber hecho más que azuzar.

En Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos, los disturbios han desembocado en enfrentamientos violentos. Desde la noche del viernes, el centro de la ciudad fue el núcleo de los conflictos, con coches policiales incendiados, carreteras bloqueadas y ventanas rotas; que el sábado se propagaron a otras zonas como Beverly Hills y West Hollywood, donde se dieron escenas de saqueos y batallas campales.

Por ello, el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, declaró un toque de queda para toda la localidad que se extenderá hasta la mañana del domingo y pidió, según medios de comunicación locales, que las autoridades de California desplieguen efectivos de la Guardia Nacional.

Otras capitales estadounidenses como Atlanta (Georgia), Filadelfia (Pennsylvania) y Portland (Oregon) han impuesto medidas similares, pero en el caso de Los Ángeles la tensa situación recuerda a los violentos disturbios que en 1992 se saldaron con más de 50 muertos y 2.000 heridos, tras otro sonado caso de brutalidad policial contra un ciudadano afroamericano.

El alcalde señaló que la ola de protestas y la pandemia del coronavirus representan «el momento más fuerte que ha experimentado como residente de Los Ángeles desde los disturbios de 1992».

Durante el sábado, varios manifestantes se convocaron en las zonas adineradas de Beverly Hills y West Hollywod/Fairfax en protestas pacíficas que posteriormente desembocaron en confrontaciones violentas.

Varios comercios de las conocidas zonas comerciales Rodeo Drive y Fairfax, como Apple Store y Nordstrom, fueron saqueados al tiempo que se organizaron barricadas en las avenidas y autopistas más importantes de la ciudad.

A pesar de las imágenes impactantes, también hubo manifestaciones pacíficas en barrios como Boyle Heights, considerado históricamente como el corazón del activismo latino en Los Ángeles.

Según pudo constatar Efe, cientos de personas llenaron Mariachi Plaza en Boyle Heights en una protesta sin incidentes de ningún tipo y en la que los manifestantes mostraron pancartas de orgullo negro y chicano además de banderas mexicanas.

A unos cinco minutos andando de la plaza, la comisaría de Hollenbeck preparó un gran despliegue disuasorio con tráfico cortado, vallas rodeando el edificio y una veintena de agentes equipados con material antidisturbios.

Por el momento, el Ayuntamiento de Los Ángeles ha pedido al gobernador de California, Gavin Newsom, el despliegue de la Guardia Nacional, un cuerpo militar de reserva, para hacer frente a los disturbios.

En Mineápolis (Minesota), origen y centro de las protestas, centenares de personas se congregaron minutos antes de que empezara el toque de queda nocturno decretado por las autoridades a partir de las 20.00 hora local, en la zona del Quinto Distrito, donde el viernes una sucursal bancaria y una comisaría fueron incendiados.

En Filadelfia, los participantes en las concentraciones hicieron pintadas e intentaron arrancar la estatua del exalcalde Frank Rizzo en el centro de la ciudad. Rizzo, fallecido en 1991, fue comisionado policial y se labró fama de tener mano dura.

Entretanto, en lugares como Chicago, los manifestantes se enfrentaron a la policía, que disparó balas de goma contra ellos.

El Departamento de Seguridad Pública de Pittsburgh, en el estado de Pensilvania, señaló en Twitter que varios oficiales de policía había resultado heridos durante los disturbios en esta localidad, mientras que tres periodistas había sufrido lesiones o habían sido atacados por los participantes en las protestas.

Miles de personas protestaron por tercer día consecutivo en Nueva York, al tiempo que las autoridades anunciaron la detención de dos hermanas acusadas de lanzar el viernes un cóctel molotov a la policía.

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El alcalde de Nueva York entiende las protestas, pero condena la violencia contra la Policía «Si estás ahí fuera para cometer un acto de violencia, vas a ser arrestado esta noche», asegura De Blasio.

En Washington DC, cientos de personas se congregaron en las inmediaciones de la Casa Blanca, y hubo escaramuzas con el Servicio Secreto, encargado de la seguridad en la mansión presidencial, después de que derribaran una valla. 

En la costa oeste, el Departamento de Policía de Seattle informó en un comunicado de que «tras horas de protestas pacíficas, la multitud se volvió violenta y agresiva, y comenzó a tirar botellas contra los oficiales». Como resultado de esos altercados varios manifestantes y agentes han resultado heridos, indicó la policía.

El centro de Miami (Florida) fue testigo de una protesta de dos millares de personas, como parte de una convocatoria de organizaciones sociales.

La protesta racial crece con virulencia por todo EE.UU. con nuevas muertes

M. Cedron

Defensa tiene preparadas varias unidades de la polícia militar listas para actuar, mientras el gobernador de Minnesota ha movilizado a la Guardia Nacional. El fiscal general William P. Barr cree que grupos radicales externos usan la muerte de Floyd para su causa y amenazó con llevarlos a los tribunales.

Rodney King (Los Ángeles, 1991), Amadou Diallo (Nueva York, 1999), Sean Bell (Nueva York, 2006), Michel Brown (Misuri, 2014)... Ahora George Floyd, en Minnesota. Todos son hombres negros que, como muchos otros, han sido víctimas de la violencia policial a lo largo de los años, pero también son resortes que han reabierto los problemas de la segregación racial que todavía se palpa en muchos puntos de Estados Unidos. George Floyd es la última chispa en prender una mecha que ha vuelto a desatar la violencia en múltiples capitales norteamericanas.

Desde Minneapolis —donde poco importó el toque de queda— a Nueva York, pasando por San José, Atlanta, Boston, Washington, Richmond, Hampton, Norfolk, Charlotte, Cincinnati, Louisville, Indianápolis, Fort Wayne, Chicago, Des Moines, Omaha, Kansas City, Memphis, Dallas, Houston, Nueva Orleans, Alburquerque, Denver, Las Vegas, Phoenix, Los Ángeles, Bakersfield, Colón, Sacramento, Detroit —donde un joven de 19 años fue abatido por los tiros disparados desde un coche durante las protestas— u Oakland, donde murió tiroteado un agente federal. En Milwaukee incluso volvió a escucharse el lema «No puedo respirar», las últimas palabras pronunciadas por Floyd antes de morir, las mismas que Eric Garner pronunció en el 2014 antes de ser estrangulado por un agente en Nueva York.

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