La protesta racial crece con virulencia por todo EE.UU. con nuevas muertes

Defensa tiene preparadas varias unidades de la polícia militar listas para actuar, mientras el gobernador de Minnesota ha movilizado a la Guardia Nacional. El fiscal general William P. Barr cree que grupos radicales externos usan la muerte de Floyd para su causa y amenazó con llevarlos a los tribunales.


redacción

Rodney King (Los Ángeles, 1991), Amadou Diallo (Nueva York, 1999), Sean Bell (Nueva York, 2006), Michel Brown (Misuri, 2014)... Ahora George Floyd, en Minnesota. Todos son hombres negros que, como muchos otros, han sido víctimas de la violencia policial a lo largo de los años, pero también son resortes que han reabierto los problemas de la segregación racial que todavía se palpa en muchos puntos de Estados Unidos. George Floyd es la última chispa en prender una mecha que ha vuelto a desatar la violencia en múltiples capitales norteamericanas.

Desde Minneapolis —donde poco importó el toque de queda— a Nueva York, pasando por San José, Atlanta, Boston, Washington, Richmond, Hampton, Norfolk, Charlotte, Cincinnati, Louisville, Indianápolis, Fort Wayne, Chicago, Des Moines, Omaha, Kansas City, Memphis, Dallas, Houston, Nueva Orleans, Alburquerque, Denver, Las Vegas, Phoenix, Los Ángeles, Bakersfield, Colón, Sacramento, Detroit —donde un joven de 19 años fue abatido por los tiros disparados desde un coche durante las protestas— u Oakland, donde murió tiroteado un agente federal. En Milwaukee incluso volvió a escucharse el lema «No puedo respirar», las últimas palabras pronunciadas por Floyd antes de morir, las mismas que Eric Garner pronunció en el 2014 antes de ser estrangulado por un agente en Nueva York.

Hogueras en las calles, saqueos, protestas frente a la Casa Blanca blindada por los servicios secretos... Las fotos de los últimos cinco días muestran imágenes dantescas que acompañan las declaraciones de políticos como el gobernador de Minnesota, Tim Walz, que reconoció como tanto él como los agentes del orden quedaron abrumados ante el poder de unos manifestantes que no dudaron en quemar edificios en pleno toque de queda. De hecho, ha movilizado a la Guardia Nacional, mientras el fiscal general William P. Barr alertó a los manifestantes de que grupos radicales externos están utilizando una muerte para su propio interés. No solo eso. También advirtió en una rueda de prensa que aquellos agitadores que crucen la frontera de los estados para llamar a las barricadas  podrían estar vulnerando la ley federal y, por tanto, el Departamento de Justicia podría emprender acciones en su contra. 

«Matones» para Trump

Mientras, las protestas que nacieron como actos pacíficos de lucha contra el racismo iban transformándose en una ola de violencia creciente que, poco a poco, fue salpicando a más ciudades, el presidente Donald Trump publicó el viernes un polémico tuit en el que parecía lanzar un pulso a los manifestantes: «Estos matones están deshonrando la memoria de George Floyd, y no dejaré que esto pase. Acabo de hablar con el gobernador Tim Walz y le he dicho que el Ejército está con él. Cualquier dificultad y asumiremos el control pero, cuando empiezan los saqueos, empiezan los tiroteos».

La última frase de su mensaje es justo la misma que pronunció Walter Headley, jefe de la Policía de Miami en 1967, como excusa para respaldar la represión de los disturbios en barrios de mayoría afroamericana durante el popular movimiento de los derechos civiles.

Varias unidades de la policía militar y la Guardia Nacional, listas para desplegarse

Preparados para actuar en cualquier momento. Al cierre de este edición, el departamento de Defensa, por orden de Donald Trump, tenía preparada a la policía militar para poder intervenir en caso de que las cosas se pusieran todavía más feas en Mineápolis o en otras ciudades del país. De todas formas, funcionarios públicos confirmaron a The New York Times que el hecho de que estén preparadas no quiere decir que vayan a actuar. La última vez que fueron desplegadas fue a principios de los noventa, después de que los policías que supuestamente habían participado en la paliza que provocó un daño cerebral permanente a Rodney King en Los Ángeles quedaran absueltos en el juicio.

Aunque ayer por la mañana los manifestantes comenzaron a abandonar las calles en la urbe de Minnesota, su gobernador anunció que por primera vez en la historia del estado estaba movilizada la Guardia Nacional (el cuerpo de reserva). Trump ya le había dicho que el Ejército estaba con él. 

Los ánimos estuvieron caldeados en Atlanta, donde los participantes en la protesta arremetieron contra la central de la CNN. En Nueva York, los manifestantes lanzaron objetos contra los agentes de policía que no dudaron en responder con gas pimienta. No se quedó ahí la cosa. En Houston llegaron a bloquear el tráfico de la carretera interestatal. Y la ola continúa extendiéndose.

¿Es racista la policía de Estados Unidos?

Miguel-Anxo Murado
Un hombre desafía a los soldados de la Guardia Nacional desplegados en Minneapolis
Un hombre desafía a los soldados de la Guardia Nacional desplegados en Minneapolis

Una nueva muerte de un sospechoso de raza negra, en este caso a manos de la policía de Minneapolis, ha vuelto a abrir el debate sobre la brutalidad y el racismo de la policía en Estados Unidos. Pero es un debate que, a menudo, se hace al margen de los datos. Para empezar, es preciso distinguir entre los dos conceptos: el de la brutalidad policial y el del racismo institucionalizado, porque, aunque puedan coincidir, son variables independientes.

Respecto a la brutalidad policial, los expertos son casi unánimes: la policía norteamericana tiende a usar una fuerza excesiva con los sospechosos, sean de la raza que sean. Se han avanzado muchas explicaciones para esto, como la posible influencia de tácticas militares en los protocolos policiales (gran número de agentes proceden del Ejército y muchos son veteranos de Irak o Afganistán). Quizás una hipótesis más razonable es que en todas partes la agresividad de la policía y la de los delincuentes tiende a igualarse, y en una sociedad en la que es tan fácil para un delincuente hacerse con armas de fuego esto conduce a una espiral cada vez más violenta.

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