Ofensiva de Argentina en Latinoamérica para pactar políticas contra la crisis

Alberto Fernández quiere pactar políticas comunes frente a la pandemia y aliviar la crisis financiera que se avecina

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, despachando con el ministro de Economía, Martín Guzmán.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, despachando con el ministro de Economía, Martín Guzmán.

Bogotá / E. La Voz

Argentina ha iniciado una ofensiva diplomática en América Latina. El presidente, Alberto Fernández, está telefoneando a sus homónimos regionales para pactar políticas comunes frente a la pandemia del coronavirus, y para aliviar la crisis financiera que se avecina en el continente.

Las llamadas no discriminan ideológicamente. Todos los países que hacen frontera con Argentina, de Gobierno progresista, están administrados por Ejecutivos de centroderecha, o derecha dura, y algunos han mantenido diferencias con Buenos Aires recientemente, pero eso no está siendo impedimento para los intentos de cuadrar respuestas comunes contra la pandemia.

«Los jefes de Estado hablan, y en las cuestiones de salud, como la que estamos viviendo, donde corre peligro la vida de las personas, las orientaciones ideológicas ocupan un lugar secundario, diría que hasta terciario», comenta a La Voz de Galicia Mariano Fraschini, politólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires.

Una de las primeras llamadas tuvo como destinatario a Sebastián Piñera, presidente de Chile, con quien el líder argentino departió por, al menos, media hora. Ambos Gobiernos se habían distanciado recientemente. Al Ejecutivo chileno le molestó que Fernández comparase gráficos de los efectos de la pandemia en Argentina y Chile para explicar una de las prórrogas de la cuarentena.

El país andino protestó también el apoyo que Fernández dio a la oposición chilena durante una videoconferencia del Grupo de Puebla, compuesto por políticos progresistas de América Latina. El presidente argentino llamó a los contrarios al Gobierno de Piñera a «unirse» y «zanjar diferencias» para poder «recuperar el poder en favor de los chilenos». Chile llegó a citar al titular de su embajada en Argentina y calificó el hecho como una «injerencia en los asuntos internos» del país.

El hecho no habría sido mencionado en la conversación que ambos líderes mantuvieron la semana pasada. Sí discutieron la posibilidad de realizar adquisiciones sanitarias conjuntas y firmar acuerdos comerciales.

Fernández telefoneó también al presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, con quien se comprometió a «profundizar el trabajo conjunto dentro del Mercado Común del Sur», según comunicó el Gabinete argentino.

La reivindicación del Mercosur por parte de Buenos Aires es importante, después de la polémica suscitada a finales de abril, cuando el ministro de Exteriores, Felipe Solá, sugirió que Argentina se retiraría de las negociaciones comerciales que el ente mantiene con Corea del Sur y Singapur.

La Administración Fernández no ve con buenos ojos firmar más tratados de libre comercio, debido a la crisis económica del país, pero desde el Gobierno se matizó la posición expresada por el ministro. Argentina continuará en las negociaciones y no se retirará de la institución regional, como interpretaron parte de los analistas.

El presidente argentino también telefoneará a Jair Bolsonaro, con quien han existido importantes diferencias. El líder brasileño tildó a Fernández de «bandido rojo», y no asistió a su toma de posesión. Unas semanas antes, su tercer hijo, Eduardo, se burló en Twitter de Estanislao, primogénito de Fernández, comparando una fotografía en la que él salía portando una metralleta con otra en la que el argentino aparecía disfrazado del personaje de anime Pikachu.

Las diferencias se limaron después de la asunción de Fernández. Ambos Gobiernos preparan, de hecho, mediante sus ministros de Defensa, un plan militar coordinado para hacer frente al coronavirus y sus efectos.

En la agenda de Fernández están también conversaciones con la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, a pesar de que Buenos Aires no ha llegado a reconocer su legitimidad, y le dio asilo político al ex mandatario Evo Morales. El líder argentino llamará también al presidente colombiano Iván Duque, y al venezolano Nicolás Maduro.

La popularidad de Fernández ha aumentado de forma considerable debido a su gestión de la crisis del coronavirus. Cuenta con entre un 65 % y un 80 % de apoyo, según encuestas recientes. «Hay que remontarse al inicio de la democracia, con Raúl Alfonsín, y en algunos momentos muy específicos de algún otro presidente, como Néstor Kirchner, en el 2007, para hallar tal nivel de aprobación pública», comenta el analista Fraschini.

Argentina decretó una férrea cuarentena en marzo. Registraba, este jueves, 5.195 casos confirmados de coronavirus y 273 muertes, una cifra considerada baja en el contexto regional.

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