Sesenta años de la captura de película del nazi Eichmann por agentes del Mosad

La espectacular detención en Argentina dio paso a un juicio que desveló la macraba maquinaria creada para exterminar a los judíos

Juicio a Adolf Eichmann, celebrado en Jerusalén en 1961
Juicio a Adolf Eichmann, celebrado en Jerusalén en 1961

Jerusalén / Efe

Hace 60 años, el Mosad secuestró al nazi Adolf Eichmann en Buenos Aires para juzgarlo en Jerusalén. Una operación de película que enfrentó a Israel y Argentina hasta que su juicio, retransmitido al mundo, estremeció al dar a conocer la macabra maquinaria creada en Europa para exterminar a los judíos.

«Las comunidades judías de todo el mundo legitimaron esta misión, a pesar de la violación de la soberanía argentina, como un acto moral y aquí en Israel, que no se había hablado tanto del Holocausto, el juicio representó un parteaguas en el discurso público», explica a Efe el vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, Raanan Rein, y profesor de historia latinoamericana.

Tras años de investigaciones, pasaportes falsos y secretismo, un operativo israelí culminó en San Fernando la captura de Eichmann el 11 de mayo de 1960. Lo atraparon a su vuelta del trabajo en Mercedes Bentz, lo metieron en un coche y lo escondieron en una casa franca hasta que consiguieron trasladarlo clandestinamente a Israel, sedado y disfrazado de piloto en un vuelo que hizo escala en Dakar.

El coste

El 23 de mayo, el primer ministro israelí, David Ben Gurión, anunció que Eichmann estaba encarcelado en Israel, pero omitió nombrar el país en el que se había escondido. Tras varios días de especulaciones, una revista norteamericana desveló finalmente que era Argentina.

«Demandó que devolvieran a Eichmann, llamó a consultas a su embajador en Tel Aviv, declaró al embajador israelí en Buenas Aires como persona non grata y protestó ante el Consejo de Seguridad de la ONU», recuerda Rein sobre la reacción del Gobierno argentino.

La crisis duró solo un par de meses. Israel pidió perdón en una nota en hebreo de 49 palabras y Argentina dio por normalizadas las relaciones bilaterales, de por sí estrechas. Comenzaba el capítulo más importante: el juicio a un criminal de guerra.

Aún así, reconoce Rein, la comunidad judía en Argentina -la mayor por aquel entonces de América Latina con unas 250.000 personas- fue la que sufrió las consecuencias con una ola de ataques antisemitas, una de las peores en el país.

El caso de Graciela Sirota, en 1962, fue el más atroz y emblemático: el secuestro de una joven judía de 19 años a quien torturaron y tatuaron con una navaja una esvástica en el pecho, en venganza por la captura de Eichmann.

La operación Final

Eichmann, teniente coronel de las SS, fue uno de los encargados en aplicar la denominada «Solución final» para aniquilar a los judíos europeos.

Su plan, elaborado con demoníaca precisión, incluía cómo detener judíos, expropiar patrimonios y establecer una red ferroviaria para transportarlos a campos de concentración y exterminio. Fue uno de los responsables de la muerte de seis millones de judíos por el régimen nazi.

El exagente del Mosad Avner A. descubrió entre los archivos del servicio de Inteligencia que por esta relación de significados la misión de captura se llamó «la operación Final».

Hasta hace menos una década no se conocía este ni otros detalles, pese a que la misión se ha narrado en decenas de documentales, libros y películas. La última, del 2018, lleva por título el nombre de la misión, en la que Avner colaboró como asesor con documentos y materiales originales de la verdadera historia.

Eichmann llegó a la provincia argentina de Tucumán con la identidad de Ricardo Klement y un pasaporte falso que le había facilitado el Vaticano. «Después de dos años, se mudó con su familia a Olivos», en Buenos Aires, donde lo fotografiaron por primera vez y donde se desarrolló la operación de captura, detalla Avner A.

Este espía expone ahora por el mundo la cámara que obtuvo el primer retrato de Eichmann en Argentina, quince años después de que escapara con el fin de la Segunda Guerra Mundial; o los documentos falsos que se utilizaron en la operación de salida.

El Mosad consiguió acceder directamente con el coche hasta las pistas de despegue con un tal Zeev Zijroni, gravemente enfermo. Era en realidad Eichmann, sedado. Un agente del Mosad había entrado con este nombre falso días antes, lo que permitió la huida de Argentina sin sospechas.

Un nazi, un juicio

El Gobierno israelí sabía de los problemas legales que esta operación podría tener en el marco del Derecho internacional, «pero tomó la decisión teniendo en mente la importancia del juicio», no solo por la alta responsabilidad de Eichmann en el exterminio, sino porque eran décadas en las que avanzaba el discurso negacionista del Holocausto, contextualiza Rian.

El juicio comenzó en Jerusalén en abril de 1961 con decenas de judíos en la sala a los que Eichmann, protegido por una vitrina blindada, evitó mirar. Fue condenado a la pena capital por crímenes de guerra y contra la Humanidad y fu ejecutado un año después en la única aplicación de una condena a pena de muerte hasta ahora en el país.

«De repente, toda la gente en Israel y el mundo aprendió de 120 testigos la historia real», con sobrecogedores testimonios. Fue un punto de inflexión, coinciden Rian y Avner A., no solo fuera de Israel sino, sobre todo, dentro.

El asentamiento de los supervivientes del Holocausto en Israel no fue fácil. Sufrieron cierta incomprensión y estigma. «[Hasta el juicio] les decían: ¿por qué no os enfrentasteis a los nazis? ¿por qué no escapasteis de los campos?», explica Avner A.

Tampoco conseguían hablar del traumático pasado: las nuevas generaciones apenas conocían la dimensión del Holocausto contado por quienes lo sufrieron. La radio, durante el juicio, retransmitió con detalle cada vivencia. Cambió para siempre la percepción.

Avner cree, de hecho, que este fue el objetivo de la misión. Utilizar a Eichmann para trascender y rescatar la historia con profundidad: un nazi, un juicio.

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