Bolsonaro mueve pieza en su complejo ajedrez político y jurídico con el exministro Moro

Nombra un nuevo jefe de Policía Federal, que llevará la investigación que puede amenazar su cargo de presidente

El «bolsonarismo» ha desafiado las cuarentenas e ido a las calles a reclamar la «vuelta al trabajo» en protestas que han pedido hasta el «cierre» del Supremo y el Parlamento
El «bolsonarismo» ha desafiado las cuarentenas e ido a las calles a reclamar la «vuelta al trabajo» en protestas que han pedido hasta el «cierre» del Supremo y el Parlamento

Brasilia / Efe

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, nombró este lunes a un nuevo director de la Policía Federal, órgano responsable de investigaciones que pudieran amenazar su cargo y que pasan por acusaciones de su exministro y antiguo juez Sergio Moro.

El nuevo jefe de la Policía Federal será el comisario Rolando De Souza, quien sustituye a Mauricio Valeixo, destituido por Bolsonaro en una decisión no muy bien explicada y que precipitó la renuncia de Moro, que a su vez acusó al mandatario de pretender «interferir políticamente» en ese órgano de investigación autónomo.

Tras la salida de Moro, Bolsonaro nombró para la Policía Federal al comisario Alexandre Ramagem, amigo de su familia y en especial de sus hijos pero, por esa cercanía y las denuncias de Moro, un juez anuló esa decisión y forzó al gobernante a buscar otro nombre.

Las insinuaciones de Moro llevaron a la Fiscalía General a pedir autorización para investigar al propio exministro por una supuesta calumnia, pero también a Bolsonaro por esa presunta interferencia política y otras posibles irregularidades.

La investigación fue autorizada por el decano del Supremo, Celso de Mello, quien supervisará el trabajo de la Fiscalía, que tendrá a la Policía Federal como brazo ejecutivo y deberá decidir si presenta una denuncia formal contra Moro o Bolsonaro o archiva el caso.

Si se llegara al último extremo, el mandatario sería juzgado por el Supremo, que necesitará para ello el aval de dos tercios de los votos en la Cámara de Diputados, en la que Bolsonaro ya intenta aproximarse de viejos rivales para garantizar apoyos.

Si hubiera un juicio, Bolsonaro sería suspendido del cargo durante los 180 días que duraría el proceso y sustituido por el vicepresidente Hamilton Mourao, quien completaría el mandato que acaba en el 2023 si el gobernante fuera declarado culpable.

Moro declaró el sábado a la Policía Federal, con la que trabajó codo a codo como juez de la operación anticorrupción Lava Jato, y fuentes de su entorno aseguran que presentó «conversaciones, audios y correos electrónicos» que comprometerían a Bolsonaro.

¿El amigo del amigo?

Uno de los argumentos de Moro para oponerse a Ramagem como nuevo director de la Policía Federal, y en que justificó su renuncia, fue que el comisario inicialmente elegido por Bolsonaro tiene públicos lazos de amistad con la familia del gobernante. Moro consideró «inaceptable» el nombramiento, sobre todo porque la Policía Federal tiene investigaciones en curso que afectan a dos de los hijos de Bolsonaro, el senador Flavio y el concejal Carlos.

De Souza, el nuevo jefe de la Policía Federal, no es del entorno íntimo de los Bolsonaro, pero sí es conocido como «brazo derecho» de Ramagem, quien según fuentes oficiales sugirió su nombre.

Randolfe Rodrigues, jefe del grupo opositor en el Senado y uno de los que pidió anular el nombramiento de Ramagem, afirmó que ahora, con De Souza, el mandatario «vuelve a intentar» que la Policía Federal se le «subordine» para «interferir» del mismo modo.

En el «bolsonarismo», el nombramiento fue recibido de inmediato con elogios, apoyados en la larga trayectoria del comisario en la Policía Federal, especialista en el combate a delitos financieros.

«Dueño de un gran currículum, tiene nuestros votos para ejercer un buen trabajo», manifestó el diputado Eduardo Bolsonaro, otro hijo del mandatario metido a la política y que es, además, miembro de la Policía Federal.

Llamada al Ejército

El conflicto de Bolsonaro con el Supremo se extiende también al Parlamento, pues ambos han actuado como «reguladores» ante muchas de sus polémicas medidas, como la liberación de la venta de armas a civiles, y ha sido avivado ahora, en plena pandemia de covid-19. Tanto la Justicia como el Legislativo se han plantado contra la censura del gobernante a las medidas de gobernadores y alcaldes que restringen la circulación de personas para frenar a un virus que ya ha causado en el país más de 7.000 muertes, con casi 102.000 casos.

El «bolsonarismo» ha desafiado las cuarentenas e ido a las calles a reclamar la «vuelta al trabajo» en protestas que han pedido hasta el «cierre» del Supremo y el Parlamento y a las que ha acudido el propio mandatario, como ocurrió este domingo en Brasilia.

En este último acto, Bolsonaro rozó algunos límites y dijo ante un millar de seguidores que «el pueblo», «las Fuerzas Armadas» y «Dios» están de su lado frente a lo que calificó de «interferencias» a la acción de su Gobierno.

Sin muchas precisiones, agregó que la situación está llegando a «límites», lo que muchos sectores de la oposición interpretaron como una «amenaza» a la propia democracia por parte de un gobernante que siempre ha defendido las dictaduras militares y de derechas.

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