Ni el sol entra en las cárceles de El Salvador

Bukele ordena sellar con planchas de metal las celdas de 16.000 pandilleros para que no se envíen mensajes por signos

Miembros de maras presos en la cárcel de Izalco
Miembros de maras presos en la cárcel de Izalco

Madrid / Colpisa

Los pandilleros «llorarán» cuando sean detenidos. El director general de los centros penales de El Salvador, Osiris Luna, utilizó ayer esta expresión para anunciar las «más drásticas y duras» medidas que el Gobierno ha adoptado en los últimos treinta años para frenar la violencia de las maras. Si este fin de semana decidió mezclar en macroceldas a delincuentes de distintos grupos -algunos de ellos irreconciliables entre sí-, el lunes les selló las puertas de los calabozos con planchas de metal. Ni los presos «podrán ver el exterior» ni tampoco comunicarse con quienes circulan por los pasillos. «Estarán dentro, en lo oscuro, con sus amigos de la otra pandilla», señaló el presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

Cuando el mandatario se presentó a principios de febrero rodeado de militares en la Asamblea Legislativa para forzar la concesión de un crédito con el que dotar de mayores recursos a las Fuerzas Armadas en su lucha contra las maras, muchos diputados salvadoreños y políticos de otros países pensaron que se trataba de una pose o un «intento de golpe de Estado» de un líder que señalaba la erradicación de la violencia pandillera como el fundamento de su legislatura.

Al fin y al cabo, sucesivos gobernantes desde 1990 habían hecho la misma promesa y hasta la fecha las maras han seguido ahí, al frente del crimen, la extorsión y el narcotráfico. Hay decenas de miles de jóvenes que trabajan a sus ordenes. Cada año son responsables de 7.000 asesinatos.

A Bukele se le colmó la paciencia este fin de semana. En su corto mandato ha enviado a la cárcel a numerosos pistoleros. Solo seis penales concentran a 16.000 individuos, hacinados en un espacio adecuado solo para un tercio de ellos, El pasado fin de semana, Bukele decretó el estado de emergencia en los penales y mezcló a los reclusos de todas las maras, algo que no se había hecho desde el 2004 ante el miedo a un huracán de venganzas, asesinatos y motines. No importó su rivalidad ni el riesgo del coronavirus. Y la respuesta llegó escrita con sangre: las maras mataron entre el viernes y el domingo pasados a 58 personas, más del doble de las que aparecen en cunetas, casas o descampados cualquier otro fin de semana.

«No mataremos salvadoreños»

Para el Ejecutivo está claro que la mayoría de las órdenes de asesinato surgen en los presidios. Ahí permanece detenido un alto número de jefes y lugartenientes mafiosos, La cuestión es: sin visitas de familiares y con la señal de telefonía inhibida para evitar la comunicación con móviles, ¿cómo hacen llegar sus mensajes al exterior? Según el director general del sistema penitenciario, en una hipótesis compartida por la Fiscalía del país, los líderes se comunican mediante señales corporales y códigos gestuales con aquellos reclusos que están a punto de salir en libertad para impartirles instrucciones y que las transmitan en la calle.

Así que el Ejecutivo decidió  sellar sus calabozos, una medida que hasta ahora solo se había puesto en práctica en la cárcel de alta seguridad de Zacatecoluca, conocida como Zacatraz y donde es posible que el covid-19 no sea el mayor peligro.

«No va a entrar ni un solo rayo de sol a ninguna de la celdas», sentenció Luna, quien explicó que la ordenanza se «ajusta a la ley» y es «necesaria». Respondía así a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que considera que la declaración de «emergencia máxima pone en riesgo los derechos de las personas privadas de libertad».

La represión parece haber hecho mella. Una facción de la pandilla Barrio 18, a la que la industria cinematográfica cita con frecuencia en películas sobre sicarios, ha prometido en un vídeo que «ya no matarán salvadoreños». La grabación, cuya autoría todavía no ha sido comprobada, ha sido retuiteada por Bukele, junto con una advertencia. Todo pandillero que se resista a ser detenido «será abatido con fuerza proporcional, y posiblemente letal».

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