Bolsonaro evita una crisis con China provocada por su hijo

El vástago acusó a Pekín esconder el origen del coronavirus

Eduardo Bolsonaro, corriendo el pasado sábado por los jardines del palacio de Alvorada, en Brasilia
Eduardo Bolsonaro, corriendo el pasado sábado por los jardines del palacio de Alvorada, en Brasilia

Bogotá / E. La voz

Jair Bolsonaro ha vuelto a apagar un fuego provocado por uno de sus hijos. El presidente brasileño logró ayer contactar con su homólogo chino, Xi Jinping. Ambos líderes reafirmaron sus «lazos de amistad» y estuvieron de acuerdo en ampliar sus vínculos comerciales. Pero la relación entre los dos países se había visto afectada la semana pasada, cuando el parlamentario Eduardo Bolsonaro, uno de los tres vástagos del mandatario sudamericano, criticó duramente a China a través de las redes sociales. «Una vez más, una dictadura ha preferido esconder algo grave en vez de exponerlo y sufrir un desgaste, pero que salvaría numerosas vidas. La culpa es de China y la libertad sería la solución», escribió el descendiente del presidente en Twitter, refiriéndose al coronavirus.

En China no sentaron nada bien las declaraciones. El embajador chino en Brasil, Yang Wanming, llegó a decir que Eduardo había vuelto con un «virus mental» de su viaje a Florida, que se había producido la semana anterior, y pidió una rectificación. Echaron más leña al fuego los señalamientos en Twitter del ministro de Exteriores brasileño, Ernesto Araújo, que calificó como «inaceptable» y ofensiva la respuesta del embajador chino en el país. 

Principal socio comercial

China es principal socio comercial del gigante sudamericano -supone el destino del 78 % de las exportaciones de soja- y un conflicto diplomático afectaría a la maltrecha economía brasileña.

Bolsonaro ha conseguido reducir la tensión internacional, pero en casa la situación continúa al rojo vivo y su popularidad en un claro descenso. El ultraderechista está siendo muy criticado por su gestión de la crisis del coronavirus y los brasileños han mostrado su descontento con varias caceroladas en los últimos días.

Bolsonaro, que considera la pandemia mundial como una «gripecilla», se ha negado a decretar una cuarentena nacional, aunque el Gobierno sí ha aconsejado quedarse en casa. «¿Qué si algunos morirán por el virus? Sí, morirán», admitía hace unos días en una entrevista televisada. «Mi madre, que tiene 92 años, si coge algo creo que nos deja. Pero no podemos crear todo ese clima que hay por ahí. Perjudica a la economía», añadió.

Este fin de semana llegó a tildar de «lunático» al gobernador de São Paulo por haber decretado la cuarentena obligatoria en su territorio, y le acusó de estar haciendo política. El domingo, anunció un decreto que permitía a los empleadores suspender los contratos de los trabajadores por cuatro meses, sin tener que pagar salario alguno, pero lo retiró debido a las críticas surgidas en varios sectores.

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