Austria y Hungría paralizan la nueva misión naval de la UE en el Mediterráneo

Quieren garantías de que la operación, bautizada como Irene, se centre en vigilar el embargo de armas a Libia y pueda suspenderse si se produce un efecto llamada de la inmigración ilegal

La nueva operación naval sustituiría a la misión Sofía
La nueva operación naval sustituiría a la misión Sofía

bRUSELAS / eUROPA PRESS

Las negociaciones a Veintisiete para definir el mandato de la nueva misión naval en el Mediterráneo están paralizadas antes las dudas expresadas por Austria y Hungría, que piden garantías para asegurar que la operación se centre en el embargo de armas a Libia y pueda suspenderse si se produce un efecto llamada a la inmigración ilegal.

Las diferencias entre las capitales han paralizado los avances en las reuniones a nivel de embajadores para lanzar la operación en el Mediterráneo, que el alto representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, esperaba cerrar ya en el Consejo de Asuntos Exteriores del próximo lunes con la proyección de arrancar la misión en abril. Pero, según aseguran las fuentes consultadas, las diferencias existentes impiden que se vayan tomar decisiones al respecto el próximo lunes.

Las negociaciones están siendo un déjà vu de lo vivido en febrero, apuntan otras fuentes, en referencia a la postura obstinada de Viena y Budapest, cuando el Consejo discutía un acuerdo sobre la misión. Entonces, Borrell logró el compromiso de los Veintisiete para poner en marcha una nueva operación militar cuyo mandato priorizara el control del embargo de armas en Libia, dejando en un segundo plano la labor de rescate. 

Ahora las reticencias de Viena y Budapest continúan y provocan la ralentizando de la redacción del mandato y la definición de los detalles aparejados a la misión, que en las reuniones de embajadores ya se conoce con el nombre de Irene. Austria cree que hay demasiadas lagunas en torno a la operación militar de la UE, según informan fuentes diplomáticas, que señalan que Viena lamenta que no se han resuelto «historias viejas», como decidir sobre quién recae la acogida de las personas rescatadas en el mar o si se diseñará un mecanismo ad hoc para repartir migrantes entre los Veintisiete.

Además, desde Viena y Budapest se insiste en su condición de que los buques se retiren si se produce un efecto llamada a la migración ilegal, por lo que exigen garantías para que la situación en el Mediterráneo se vaya evaluando periódicamente.

Para ello, Austria propone, tras hablar con el Servicio de Acción Exterior (SEAE) que dirige Borrell, organizar encuentros cada dos meses a nivel de embajadores europeos. Estas reuniones serían coordinadas por el SEAE, con el fin de examinar el desarrollo de la misión Irene.

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