Idlib, un callejón sin salida para tres millones de sirios

Más de 800.000 sirios huyen del avance de las tropas de Al Asad en la provincia donde han ido a parar todos los combatientes desalojados de cercos como el de Alepo o Guta

Un padre y su familia en un refugio improvisado creado para las familias que han huido de Saraqib y Sarmin
Un padre y su familia en un refugio improvisado creado para las familias que han huido de Saraqib y Sarmin

Beirut / E. La Voz

Tres millones de civiles en Idlib están atrapados entre el avance de las tropas sirias y la impenetrable frontera turca. Desde diciembre más de 800.000 personas han huido de los ataques de las tropas del régimen de Bachar al Asad en la última provincia que escapa a su control. Es el «mayor movimiento de desplazados» en nueve años de conflicto, según David Swanson, oficial de comunicación de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Las ciudades cercanas al frente en el sureste de la provincia se vacían y el espacio seguro mengua a medida que el Ejército sirio gana terreno. «La gente se levanta por la mañana y decide qué dirección parece más segura», explica Swanson, quien recuerda que el 80 % de los desplazados son mujeres y niños.

La siria Hala, profesora de Matemáticas, abandonó Saraqib (sur de Idlib) hace 20 días buscando seguridad en el norte de la provincia. «Bombas y aviones sobrevolaban nuestras cabezas, fui una de las últimas personas que dejó Saraqib», dice esta madre de 45 años. Hala es una de las desplazadas afortunadas que ha conseguido instalarse en una vivienda. Otros duermen en escuelas, tiendas de plástico en campos de desplazados, coches o al raso. Muchos han huido «con lo puesto», explica Swanson quien teme la propagación de enfermedades respiratorias tras la reciente nevada.

La intensidad de la ofensiva ha llevado a la suspensión de operaciones de ayuda en áreas colindantes al frente. «Muchos trabajadores humanitarios sirios se han visto ellos mismos desplazados con sus familias y varios han muerto en los bombardeos», lamenta Swanson. En enero se batió el récord de envíos de ayuda humanitaria (desde el inicio de la operación en el 2014) con 1.227 camiones transportando comida, tiendas y efectos sanitarios. Pero las cifras de desplazados superan las previsiones. «En esta crisis las cifras no cambian cada día, sino cada minuto, esta matanza tiene que parar», añade. 

El callejón geoestratégico

En virtud de acuerdos del 2018, Turquía desplegó tropas en 12 puestos de observación para monitorear el cese de hostilidades. Pero en las últimas dos semanas 13 soldados turcos han muerto bajo fuego de Damasco y desde el Ministerio de Defensa turco sostienen que han «neutralizando» a 76 soldados sirios. En los últimos, Turquía ha aumentado su presencia militar en la región; una escalada que podría conducir a un enfrentamiento directo entre Ankara y Damasco.

Aunque el riesgo existe, el analista del think tank International Crisis Group, Sam Heller, lo ve poco probable, ya que Rusia -aliada de Damasco- «no parece dispuesta a tolerar una mayor incursión turca en Siria». Erdogan y Putin comparten intereses geoestratégicos. como el gasoducto TurkStream, por lo que la presencia rusa en Idlib limita las opciones de Erdogan. El analista de Carnegie Middle East Center, Armenak Tokmakyian coincide en que los intereses entre Turquía y Rusia llevarán a ambos países a «tratar de desescalar la situación en Idlib».

 La ofensiva sobre esta provincia, controlada por el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS) -el antiguo Frente al Nusra, otrora filial siria de Al Qaida- ha dejado 1.500 civiles muertos desde abril, según las estimaciones más conservadoras.

«El HTS no parece haber sido capaz de frenar el avance del Ejército sirio con el respaldo aéreo de Rusia», explica Heller. «El escenario más plausible es que Damasco frene su ofensiva tras conseguir ciertos objetivos como el control de la carretera M5», concluye Tokmakyian. Este viernes la tropas de Al Asad dieron por reconquistada esa estratégica vía que conecta Alepo (corazón industrial) con Damasco.

En la contienda de Idlib, Turquía, que acoge a 3,5 millones de refugiados sirios, intenta prevenir otro éxodo de civiles, mientras Damasco persigue cerrar la «fase final de una batalla de años por su supervivencia», según Heller. Para yihadistas y opositores, es cuestión de vida o muerte: a Idlib han ido a parar todos los combatientes desalojados de cercos como el de Alepo o Guta. Militantes y civiles en Idlib saben que  en su rendición no tendrá  garantías de seguridad.

Desde la capital de Idlib, Rabia, de 32 años y originaria de Damasco, cuenta a través de WhatsApp que para ella «ningún sitio es seguro». A pesar de los recientes bombardeos en la ciudad, por ahora prefiere quedarse antes que volver a ser desplazada. Hala, desplazada en el norte de Idlib, está atenta a si el Ejército sirio abandona Saraqib para poder volver. «Estamos a la espera», dice.

Rodeados de glamur a miles de kilómetros, el documental Para Sama llevó el domingo a los Oscar la historia de una madre siria que resistió el asedio en Alepo hasta que fue evacuada. La coreografía bélica se repite en Idlib, pero esta vez no hay lugar al que evacuar.

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