Cabello acusa a la lusa TAP de permitir al tío de Guaidó volar con explosivos

Avisa que habrá violencia donde se presente el presidente de la Asamblea Nacional

Guaidó, a su regreso el martes a Caracas, tras ser agredido en el aeropuerto
Guaidó, a su regreso el martes a Caracas, tras ser agredido en el aeropuerto dpa

caracas / corresponsal

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, elevó el desafío del régimen de Nicolás Maduro a la comunidad internacional al acusar a Portugal y a la aerolínea TAP de permitir que Juan José Márquez, el tío de Juan Guaidó que viajaba con él de regreso a Venezuela desde Lisboa, portara el explosivo C4 en unos frascos de perfume que le fueron supuestamente incautados, y por los cuales quedó detenido desde el martes, día del retorno del presidente de la Asamblea Nacional a su país tras una gira internacional de tres semanas. En un comunicado, TAP señaló que es imposible que un avión de su flota porte C4 porque tienen sensores que lo identifican.

En su programa televisivo semanal, donde marca la línea a la parte más radical del chavismo, Cabello acusó también a Portugal de falsificar la lista de pasajeros del vuelo TP-173, que trasladó a Guaidó hasta Caracas, al no incluir al parlamentario; y al embajador luso en Venezuela, Carlos Sousa Amaro, de «inmiscuirse en asuntos internos» al «interceder» por Márquez.

Cabello dijo que el detenido «traía dos chalecos antibalas (...) comprados a nombre de JJ Rendón». Juan José Rendón es un experto electoral venezolano que vive en el exterior y ha manifestado que hay que derrocar al chavismo usando la violencia. Se ha convertido además en una de las obsesiones recurrentes del chavismo, que lo ha acusado del supuesto atentado fallido con drones contra Maduro en agosto del 2018.

El líder chavista afirmó que «adonde llegue Juanito Alimaña [en referencia a Guaidó] va a llegar el pueblo reclamando (...) contra la intervención, las sanciones», augurando que las escenas de violencia que se vieron en el aeropuerto de Maiquetía contra Guaidó y varios periodistas se repetirán. Cabello calificó de «espontáneos» a los que se presentaron en la terminal a agredir a Guaidó y a los reporteros, a pesar de que llegaron en autobuses oficiales y que varios de ellos están identificados como trabajadores de la gobernación de La Guaira, el estado en el que está ubicado el aeropuerto.

Tras casi 28 horas de desaparición, Márquez fue presentado en los tribunales de La Guaira, e imputado por terrorismo. Pasará al menos los próximos 45 días en la temible sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Caracas.

Su abogado, Joel García, quien defiende a buena parte de los acusados por el régimen, incluido el diputado Juan Requesens, que lleva casi dos años preso por el supuesto atentado con drones, dijo que Márquez está preso para «presionar» y «atacar» a Guaidó.

Mientras, diversas cancillerías del mundo, como la austríaca, calificaron a Márquez de «secuestrado político», y Guaidó escribió en Twitter: «El secuestro de mi tío a manos de la dictadura pone en evidencia su crueldad».

Víctima de las sanciones

Por su parte, Jorge Arreaza, canciller del régimen de Maduro, visitó la Corte Penal Internacional (ante la que se han interpuesto más de cien demandas contra Venezuela por violación de derechos humanos) para introducir un documento en el que denuncia las sanciones de Estados Unidos. Según Arreaza, las medidas «impiden el libre desarrollo del mercado» en Venezuela. «Impiden la felicidad de nuestro pueblo», añade además el documento, que, entre otras, cita las sanciones a Conviasa, la aerolínea estatal venezolana.

Los milicianos, los ojos y las manos de Nicolás Maduro

H. Pereira

Mujeres, hombres, ancianos, jóvenes o discapacitados. Perfiles variopintos con un denominador común: su profunda admiración por Nicolás Maduro, quien los ha convertido en sus ojos y sus manos en todo el país al hacerlos integrantes del «componente especial» de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) encargado de la preservación del chavismo. Ellos son los milicianos.

Quince años después de haber sido creada como una fuerza «complementaria» de civiles armados, la milicia es ahora uno de los cincos componentes de la FANB y el que supera en número no menos de 20 veces al resto de uniformados profesionales del Ejército, la Aviación, la Armada y la Guardia. «En un momento determinado ellos [los milicianos] podrían decidir no hacerle caso al comandante estratégico de la FANB sino al presidente Maduro porque esa es la disposición de esta ley», advierte el profesor Pedro González Caro sobre una reforma a la norma castrense que entró en vigencia esta semana.

Acatando los deberes militares de obediencia y subordinación que fueron incorporados en la nueva ley, el texto fue aprobado sin discusión ni objeciones en la Asamblea Nacional Constituyente, integrada solo por oficialistas y cuya legitimidad no es reconocida por numerosos países.

La milicia, en esta nueva norma, adquiere atribuciones especiales en materia de inteligencia y contrainteligencia, en tanto que tiene la misión de «registrar, organizar, equipar, adiestrar y adoctrinar al pueblo a objeto de contribuir con la seguridad de la nación». «Van a recibir un entrenamiento para ser como espías del Gobierno en los lugares donde trabajan (...), lo que podría desatar una cacería de brujas y de elementos disidentes que permitan al Gobierno mantenerse en el poder», explica González Caro, capitán de navío retirado.

Este propósito, prosigue el analista, lo ha conseguido la llamada revolución bolivariana luego de cinco reformas a la ley militar en los últimos 15 años, sin que ninguno de esos cambios estuviese jamás bajo el control del Parlamento, sino que fueron implementados por la vía de decretos ejecutivos.

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