Trump invierte un 20 % más en el arsenal nuclear en su nuevo presupuesto

Apuesta por una redistribución de las cuentas públicas hacia los renglones más agresivos, lo que implica un recorte de todo lo que no sea estrictamente defensivo


Colpisa | Corresponsal

Si la guerra comercial con China sacudió al mundo, la nuclear pondrá los pelos de punta. Donald Trump acostumbra a negociar desde posiciones de fuerza y eso es lo que parece estar haciendo. En los presupuestos que entregó este lunes al Congreso para el año administrativo que empieza en octubre, el mandatario asigna una importante partida a los programas nucleares, que experimentan un aumento de hasta el 20 %.

No se trata necesariamente de un fuerte incremento de las cuentas del Pentágono, que registra un aumento del 0,3% con respecto al año pasado -cuando ya aumentó un 10%- sino de una redistribución del presupuesto hacia los renglones más agresivos, lo que resulta en un recorte de todo lo que no sea estrictamente defensivo. Por contra, la diplomacia y la ayuda exterior sufren un nuevo recorte, en línea con lo que han sido sus prioridades desde que llegó al poder.

En declaraciones al grupo de prensa de la Casa Blanca, el presidente dijo este lunes estar abierto a negociar el tamaño del arsenal nuclear con Rusia de cara a prorrogar el acuerdo del Nuevo START, que vence el año que viene. «Pero hasta entonces no tengo más remedio que aumentarlo», justificó. Si bien las negociaciones con Rusia y los países del Este habían logrado reducir la carrera armamentística en las últimas décadas, la entrada de China en el juego nuclear y el crecimiento de India y Pakistán han convencido a los republicanos de que EE.UU. no puede bajar la guardia.

Déficit galopante

Las armas nucleares siempre han horrorizado a la izquierda y fascinado a un personaje como Trump, que admira el poder disuasorio de la fuerza. El Congreso, sin embargo, no ha mostrado disposición alguna de gastar la ingente cantidad que requiere modernizar el arsenal nuclear, preocupado por el déficit galopante que la Casa Blanca dice estar atajando con estos presupuestos.

Incluso si se cumplieran sus propias expectativas de ahorro y un crecimiento económico del 3%, que los economistas no consideran realistas -el año pasado sólo se creció al 2,3%-, el Ejecutivo estima que se tardarían al menos 15 años en equilibrar los presupuestos -la última vez que estuvieron en positivo fue con Bill Clinton en la década de los 90-.

Desde que Donald Trump llegó al poder la deuda federal ha aumentado 2.800 billones de dólares. Al ritmo actual se proyecta que terminará la década en 4.700 billones, debido a los recortes fiscales que ha proporcionado a las grandes empresas y los sectores más acaudalados. Este año electoral en el que se juega su reelección, Trump resistirá el impulso de recortar los beneficios sociales de sectores que necesita para ganar las elecciones, por lo que «Medicare está a salvo», dijo del programa de sanidad pública que disfrutan los jubilados. Sin embargo, Medicaid, el programa médico para los pobres, experimenta una contracción al ajustar los requisitos para acceder a él, al igual que los cupones alimenticios y otros programas sociales de beneficencia, mientras las ayudas a la América rural, un sector clave de su electorado, aumentan.

Y es que toca también cumplir con las promesas electorales más notables, por lo que habrá un nueva partida de 2.000 millones de dólares para seguir construyendo el muro en la frontera (menos de lo que pidió el año pasado), fondos para construir más centros de detención migratoria con los que alcanzar hasta 60.000 camas más, y presupuesto para contratar otros 4.600 agentes migratorios. El miedo genera votos y agradece la mano dura.

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