Caos absoluto en el recuento de votos de los caucus de Iowa

Un «error de código» en la aplicación empleada para recoger el recuento es el responsable del retraso en la publicación de los resultado de esta primera elección para escoger el candidato

Seguidoras de Elizabeth Warren revisan los resultados de un caucus en Des Moines
Seguidoras de Elizabeth Warren revisan los resultados de un caucus en Des Moines

Des Moines, Iowa

Los caucus de Iowa tienen el encanto de un sistema arcaico. Vecinos que se reúnen en colegios, bares, iglesias e incluso domicilios, forman grupos en torno a un candidato e intentan obtener el porcentaje de apoyos suficientes para conseguir alguno de los 41 delegados que reparte este estado del medio oeste estadounidense. Son apenas el 1% del total de alrededor de 4.000 delegados que en julio eligen al candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, pero son los primeros y sirven para dar pistas, lanzar aspiraciones o hundir otras. Pero este año, el encanto de lo arcaico se ha convertido en el hundimiento del Partido Demócrata de Iowa como organización. Pasada la medianoche (7 de la mañana en la península ibérica), no se había recontado un solo precinto. El partido se limitó a explicar que se habían detectado «inconsistencias» en varios de los precintos. Aclaró, sin embargo, que no habían sufrido un «hackeo» informático ni tampoco ninguna «intrusión».

A falta de resultados, los candidatos aprovecharon la atención televisiva para salir ante los suyos y ofrecer discursos más propios de una noche de campaña que electoral. La senadora Amy Klobuchar se remitió al boxeo para hacer un símil pugilístico y apuntar que «estamos golpeando por encima de nuestro peso». El también senador Bernie Sanders dijo tener la sensación de que «lo vamos a hacer muy, muy bien». El ex-vicepresidente Joe Biden recordó que «todo aquello que representa esta nación está en juego». Y la senadora Elizabeth Warren, que «estamos un paso más cerca de ganar la batalla». Pero ninguno como el ex-alcalde Pete Buttigieg, que dio a entender que había logrado la victoria y, por lo tanto, «sorprendido a la nación». Para rematar el circo, Bernie Sanders publicó resultados obtenidos por sus voluntarios en el 40% de los precintos de Iowa, que le daban ganador de la noche con cerca del 29% de los votos.

Un «error de código» en la aplicación empleada para recoger el recuento es el responsable del retraso en la publicación de los resultado de esta primera elección para escoger el candidato a los comicios presidenciales en EE.UU., de la que todavía no se conocen los resultados, según informó el Partido Demócrata del estado.

«Aunque la aplicación guardaba los datos acertadamente, solo reportaba una parte de estos datos. Hemos determinado que esto se debe a un error de código en el sistema de información. Este problema ha sido identificado y solucionado», dijo el presidente de Partido Demócrata en Iowa, Troy Price, en un escrito que contradice la primera afirmación del partido, que negaba cualquier vinculo del retraso con este nuevo procedimiento.

Los caucus, un mercadillo de votos

A falta del recuento, una de las grandes preguntas que tendrá que resolver el partido de aquí a noviembre es la de si los votantes aceptarán apoyar al candidato que resulte nominado con independencia de su orientación ideológica. En el gimnasio del colegio de secundaria Callanan, en los suburbios de Des Moines, los 461 ciudadanos que se presentaron a participar en uno de los caucus se comprometieron a hacerlo. Derrotar a Donald Trump parece ser una inspiración incluso mayor que la sintonía con el elegido o elegida y todos levantaron la mano a modo de juramento colectivo. Tras el momento de unidad, llegó el espectáculo de los caucus en toda su dimensión.

461 personas divididas en diferentes grupos, uno por aspirante. Distribuidas por el parqué de una cancha de baloncesto, los participantes tienen unos minutos para reunirse y lograr el número de apoyos que hacen «viable» una candidatura, el 15% del total de los presentes. 70 en este recinto, y pronto se vio que el grupo del ex-vicepresidente Joe Biden estaba en problemas. Se abren ahí unos minutos para tratar de convencer a los seguidores de otros candidatos que están en situación más precaria. Lo hacen enviando a sus “capitanes” como portavoces.

Como si de un mercadillo de votos se tratara, del grupo de Biden se acercaron al de Andrew Yang. Una negociación fallida, a pesar de que Chris, su cabecilla, confesó a la Voz que hasta hace cuatro años había votado republicano. Tampoco hubo suerte con los seguidores de Amy Klobuchar, que se encontraba muy cerca de los 70 miembros requeridos. Los argumentos del «capitán» de Biden, que Klobuchar «no es viable a nivel nacional», no convencieron a la “capitana” del grupo de la senadora. «Biden está muy viejo», nos confesaba. Incluso logró robarles a Jake, un vecino que creyó ser el número 70, pero resultó ser el 67. Las caras en el rincón del candidato del establishment eran un poema.

En consonancia con el caótico manejo de los resultados en todo el estado, se anunció que el grupo de Pete Buttigieg había obtenido la mayoría de votos en la primera ronda, seguido de Elizabeth Warren y Bernie Sanders. La hoja oficial, sin embargo, reflejó más tarde doce votos menos para el exalcalde, lo que le situaban en segunda posición, Ahí terminó la noche, tras Warren y Sanders. En medio de la confusión, a los seguidores de Klobuchar se terminaron uniendo los de Biden para hacer «viable» a la «inviable» Amy Klobuchar, mientras los de Andrew Yang se sumaron a los de Warren. De los 10 delegados de este colegio, 3 fueron a parar a Warren, 3 a Buttigieg, 2 a Sanders y otros 2 a Klobuchar. John, que llevaba visible una chapa de apoyo al segundo, estaba emocionado por una noche de la que no sabía qué esperar. «Cuando Pete se relaje»”, explicó, «la gente verá que es más que cerebro». 

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