Los caucus que encumbraron a Jimmy Carter y a Barack Obama


c. p. c. washington / e. la voz

Nadie parecía tener en gran consideración Iowa hasta que en 1976 un desconocido Jimmy Carter fue el candidato que se hizo con el mayor número de representantes. Fue el primer paso de quien había sido gobernador de Georgia hacia la Casa Blanca. El politólogo Steffen Schmidt recuerda el día en que estaba «comiendo y bebiendo cerveza con unos amigos cuando, de pronto, por el camino hacia la granja se acercaron unas bicicletas». Era Carter, que se presentó «junto a su mujer y un par de asistentes de campaña». El demócrata conquistó Iowa recorriendo el estado y hablando con los vecinos. La prensa comenzó a seguir a Carter y a darle visibilidad.

El momentum que ofrece ganar en Iowa es uno de los principales alicientes de esta cita. Por ejemplo, el senador Barack Obama empezó allí su ascenso fulgurante hacia la presidencia. Por eso es un compromiso casi definitivo para los menos conocidos. En esta ocasión, «Pete Buttigieg es el único underdog», afirma Schmidt haciendo uso de un término que sirve para describir a un aspirante que parte sin posibilidades y puede dar la campanada. «Porque, ¿quién no conoce al viejo socialista Bernie Sanders? o, ¿quién no conoce a Joe Biden, que lleva en política toda la vida?», se pregunta.

Como si de una novela se tratara, Iowa es el primer capítulo de un libro bastante grueso cuyo relato se inicia en enero y culmina en julio. «Los primeros párrafos de las primeras páginas son muy importantes», defiende Schmidt, e Iowa las ocupa cada cuatro años. Miles de periodistas de todo el mundo cubrirán mañana los caucus de Iowa. Pero este estado no fue siempre el primero ni suscitaba el interés que recibe en la actualidad. 

La avanzadilla desde 1972

Iowa se estrenó como primera cita en 1972. Cuatro años atrás, en medio de las protestas por la guerra de Vietnam, y en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles, la convención demócrata de Chicago fue tensa tanto dentro como fuera del recinto, donde la policía reprimió a los manifestantes. Los tiempos estaban cambiado y, si hasta entonces el aparato del partido era el que controlaba férreamente el proceso de primarias, dejando completamente de lado a las bases, aquello fue un punto de inflexión.

Los caucus son, en resumen, asambleas ciudadanas en las que se debate quién es el mejor candidato. A diferencia que en unas primarias, no existe una papeleta que recontar, sino que se suma el número de personas que se agrupan en torno a un candidato en cada uno de los más de 1.700 recintos donde se celebran. Hay que alcanzar un porcentaje de alrededor del 15 % de representación en cada asamblea para que el candidato sea considerado «viable». Si no, sus seguidores pueden elegir sumarse después al grupo de otro candidato.

Empieza ahí una tarea de persuasión para lograr que los simpatizantes que se han quedado huérfanos se sumen a alguno de los grupos que han superado el porcentaje mínimo exigido. Los más votados reciben una representación porcentual de delegados. Eso sucederá mañana. Pero el proceso no acaba en una noche. Antes de acudir a la convención nacional de julio, los delegados han de pasar por las convenciones del distrito, del condado y del estado, lo que hizo imprescindible adelantar la fecha de celebración. Así Iowa acabó siendo el primer estado en abrir la carrera hacia la Casa Blanca.

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