Salvini aspira a ganar en Emilia-Romaña para tumbar al Gobierno de Italia

La ciudad de Ferrara, gobernada por la Liga, sirve de laboratorio al partido ultra para hacerse fuerte en la región italiana, que hoy acude a las urnas

El gobernador saliente y aspirante del Partido Democrático (PD), Stefano Bonaccini, en el último mitin de campaña
El gobernador saliente y aspirante del Partido Democrático (PD), Stefano Bonaccini, en el último mitin de campaña

Roma / Colpisa

Alan Fabbri es un tipo habituado a nadar a contracorriente. Nacido en una familia de agricultores y con un abuelo comunista y otro partisano democristiano, en 1999, cuando tenía 19 años, se inscribió en la Liga. Era entonces una decisión muy poco habitual en su tierra, Emilia-Romaña, patria espiritual de la izquierda italiana. «Éramos muy pocos», recuerda Fabbri, que el año pasado ganó las elecciones municipales en Ferrara, convirtiéndose así en el primer alcalde de la Liga en una capital de provincia en Emilia-Romaña.

En esta rica zona del norte de Italia la situación es ahora muy diferente y ya no supone ningún tabú pertenecer a la formación de Matteo Salvini, como demuestran sus posibilidades de victoria en las elecciones regionales de hoy. Según los últimos sondeos, la candidata leguista, Lucia Borgonzoni, está a poca distancia en intención de voto del gobernador saliente y aspirante del Partido Democrático (PD), Stefano Bonaccini.

La Liga ha explotado durante la campaña el caso de Ferrara para demostrar que puede hacerse con bastiones históricos de la izquierda. Tras setenta años de gobiernos municipales del Partido Comunista primero y del PD después, esta bellísima ciudad de unos 130.000 habitantes situada a pocos kilómetros del delta del río Po es el laboratorio de pruebas de la formación de Salvini en Emilia-Romaña. Si consigue que el cambio de papeleta que hicieron los ferrarenses lo hagan también la mayoría de votantes de la región, la Liga no solo conquistará el principal bastión regional de la izquierda, pues dejará además temblando al Gobierno de Roma. Éste se sostiene por una coalición entre el PD y el Movimiento 5 Estrellas (M5E).

«En Emilia-Romaña se mide la resistencia del PD. Si gana la Liga se trataría de una victoria histórica que daría un duro golpe al Ejecutivo por demostrar su falta de consenso popular», explica Luca Traini, director del diario local La Nuova Ferrara. En su despacho, con vistas a la magnífica catedral de la ciudad, Traini subraya que la idea de la Emilia-Romaña roja es más un símbolo del pasado que una realidad presente. Para demostrarlo saca un ejemplar de hace un par de días de su diario y muestra unas páginas en que se ven los mapas electorales de la región en las elecciones legislativas de marzo del 2018 y en las europeas de mayo del 2019. En ambos el rojo del PD es minoritario y circunscrito a la grandes ciudades, como la capital, Bolonia, frente un claro predominio del verde del partido de Salvini.

El M5E, en cambio, está de capa caída en este territorio y podría encajar hoy un resultado poco superior al 5 %. «Hay ganas de cambio y quien lo representa para muchos es la Liga, que no se ve sólo como un partido de protesta sino también de gobierno, por su experiencia en Ferrara y en otras instituciones. No es una revolución a ciegas», explica el director de La Nuova Ferrara. «Si continuara la tendencia en las urnas de estos últimos años ganaría Borgonzoni, pero el presidente saliente, Bonaccini, está bien valorado y eso explica que estén tan igualados. Creo que el resultado se va a resolver por un puñado de votos».

En la posible victoria de la izquierda puede resultar determinante el movimiento ciudadano de las Sardinas, nacido en Bolonia para tratar de evitar que gane la Liga y que no se reconoce en ningún partido en concreto.

Clases populares

Fabbri, que antes de ser alcalde de Ferrara fue candidato en las regionales del 2014, en las que resultó derrotado por Bonaccini, está convencido de que el cambio sociocultural que está teniendo lugar en Italia va a impulsar la victoria de la Liga en Emilia-Romaña. «Somos el partido más cercano a los temas que antes defendía la izquierda, como el trabajo, las pensiones y los obreros. Nosotros somos los más votados en las periferias, mientras que el PD gana en el centro, donde viven los más ricos», cuenta Fabbri, un tipo de tono pausado y porte de cantante de ópera.

«La izquierda ya no se ocupa de las clases populares y sólo habla de abrirse al mundo y acoger a todos los inmigrantes. La Liga ha sabido en cambio responder a las necesidades reales del país». Con el análisis del alcalde coincide en parte la oposición municipal. «Infravaloramos el malestar de mucha gente que se ha sentido abandonada», reconoce en un admirable ejercicio de autocrítica Ilaria Baraldi, concejal del PD en el Ayuntamiento de Ferrara. «La izquierda ha perdido el control del territorio en las zonas agrícolas y en los barrios populares».

A las ganas de cambio tras siete décadas de gobierno monocolor, Beraldi añade otros dos motivos que, a su juicio, explican la derrota de su formación en la localidad. El primero es la liquidación de la caja de ahorros local, lo que provocó que perdieran su dinero miles de ciudadanos que le echaron la culpa al PD, entonces en el Gobierno. «También ha pesado la sensación de inseguridad en algunos barrios de la periferia por la llegada de inmigrantes y refugiados con los que han faltado políticas de integración, por lo que algunos han caído en la criminalidad. Se produjeron sucesos violentos que asustaron mucho a la gente y que la derecha utilizó con habilidad para hablar de invasión». También respecto a la inmigración, un tema con gran peso a nivel regional, Beraldi considera que el PD se ha equivocado. «Ideológicamente hemos estado al lado de los últimos en detrimento de los penúltimos»

Berlusconi, sobre su candidata: «Nunca me acosté con ella»

Este domingo también se vota en Calabria, en el sur del país, donde se da por segura la victoria de la candidata de la coalición de centroderecha, Jole Santelli, elegida diputada cinco veces con Forza Italia, el partido de Berlusconi. Durante un mitin en la localidad de Tropea, el magnate presentó a Santelli con estas palabras: «Es una señora que yo conozco desde hace 26 años. Y nunca me he acostado con ella».

La embarazosa broma de Berlusconi provocó las risas tanto de Santelli como de las otras personas presentes, aunque se generó luego una agria polémica en Italia por el sexismo que, una vez más, utiliza el líder de Forza Italia en sus intervenciones políticas. A sus 83 años, Berlusconi sigue dándoles motivos a quienes lo ven como a un incorregible viejo verde.

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