Bronca partidista en el inicio del juicio político contra Donald Trump

Las desavenencias entre republicanos y demócratas subrayan las diferencias respecto al «impeachment» de Bill Clinton

Adam Schiff y Jerry Nadle,integrantes del equipo que defenderá los argumentos de la acusación, hablan antes de la sesión en el Senado
Adam Schiff y Jerry Nadle,integrantes del equipo que defenderá los argumentos de la acusación, hablan antes de la sesión en el Senado

Washington / E. La Voz

El refranero ofrece dos alternativas. Unos se aferran a que a la tercera será la vencida. Otros, a que no hay dos sin tres. Parece difícil que al tercer impeachment de la historia contra un presidente de Estados Unidos sea la vencida y que, por lo tanto, el mundo asista a la primera destitución del inquilino de la Casa Blanca. Es más probable que Donald Trump sea el tercero, junto a Andrew Johnson y Bill Clinton, en quedar absuelto. Pero hasta aquí las semejanzas, porque el proceso político contra Trump, que se abre esta noche de martes en el Senado, sirve tanto para juzgar al presidente como a los senadores. Incluso en un juicio tan partidista como el que enfrentó Clinton hubo matices bipartidistas que, desde la perspectiva del 2020, parecen de otra época. 

A la espera de que la acusación y la defensa expongan sus argumentos entre el miércoles y el próximo martes, el inicio del juicio a Donald Trump nace con el pecado original del cisma entre republicanos y demócratas. Mientras los líderes de ambos partidos fueron capaces en 1999 de pactar unas normas aprobadas con los votos favorables de todos los senadores, esta noche se abría una maratoniana madrugada de debate sobre las reglas que el líder republicano, Mitch McConnell, ha diseñado al gusto de la Casa Blanca.

Para disgusto de la de Clinton, el demócrata Tom Daschle las pactó en 1999 con el líder republicano de la cámara alta, Trent Lott. Ambos pretendían evitar en el Senado lo que les pareció un espectáculo partidista durante la fase de la investigación de la Cámara de Representantes. La aprobación unánime le dio al juicio una impronta de justicia que parecía imposible para el actual.

En el 2020, los Daschle y Lott de hoy, el demócrata Chuck Schumer y el republicano Mitch McConnell, no pactan sino que se acusan mutuamente. Antes del inicio de la sesión de este martes, Schumer calificó de «vergüenza nacional» las normas propuestas por el conservador y anunciaba la presentación de varias enmiendas. Entre ellas, la inclusión de testimonios y la solicitud de documentos bloqueados anteriormente por la Casa Blanca durante la fase de investigación. En palabras de Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, y uno de los integrantes del equipo que defenderá los argumentos de la acusación, la ausencia de testigos «hace imposible que se celebre un juicio justo». Juicio que, con las reglas diseñadas por McConnell, concentrará en 24 horas repartidas en tres días para cada bando la exposición de los argumentos. El propósito inicial del republicano era ofrecer dos días a cada bando, lo que hubiera provocado que las sesiones se prolongaran hasta altas horas de la madrugada.

La Casa Blanca anunció el lunes que ocho de los congresistas republicanos que con más fervor defendieron a Trump durante la fase anterior se unirán al equipo de defensa del presidente, en el que figuran abogados mediáticos como Alan Dershowitz o Kenneth Starr, el fiscal independiente cuya investigación impulsó el impeachment contra Bill Clinton. En un cambio de papeles 21 años después, los congresistas Zoe Lofgren y Jerry Nadler, que defendieron a Clinton, acusarán hoy a Trump.

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