«Rezo y le pido a Dios que Trump abra su mente y su corazón»

Carlos Pérez Cruz WASHINGTON / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Rosa Gutiérrez, en el jardín de la iglesia donde está recluida con un grillete electrónico en tobillo
Rosa Gutiérrez, en el jardín de la iglesia donde está recluida con un grillete electrónico en tobillo CARLOS PÉREZ CRUZ

Una mujer vive encerrada con sus tres hijos en una iglesia de EE.UU. desde hace más de un año para no ser deportada

19 ene 2020 . Actualizado a las 14:44 h.

Desde que accedió el 10 de diciembre del 2018 al recinto de la iglesia de Cedar Lane, a las afueras de Washington, Rosa Gutiérrez López no ha vuelto a pisar la calle. Son ya más de trece meses de cautiverio para evitar ser deportada a El Salvador, donde nació hace 41 años, y todavía no vislumbra la salida del túnel. «Cuando una persona está bien entregada a las cosas de Dios, psicológicamente puede estar bien», se arranca sonriente y confiada. Lo pasó mal los primeros meses porque no tenía con ella a sus tres hijos: María Salomé, de 12 años, Juan Pablo, de 10, y John Sebastián, de 7, que tiene síndrome de Down. «Pero ya no tengo por qué desesperarme», respira. Desde el verano pasado viven con ella en la iglesia.

El día que entró, Rosa debía salir del país. Se cumplía el plazo que le había impuesto Inmigración para abandonar Estados Unidos, adonde llegó en el 2005 después de un penoso viaje de más de dos meses en el que atravesó Guatemala y México. De tanto caminar, «se me cayeron las uñas». Obligada a descansar, encontró refugio en casa de una familia de una pequeña población mexicana de Chiapas. «Le brindaron su apoyo a una desconocida», recuerda con emoción la salvadoreña. Después, continuó el trayecto. «Me tiré al río y caminé». Mojada y con lodo en las piernas, pisaba ya suelo estadounidense.

«Me fui a buscar a los de Inmigración, porque yo me iba a entregar» para solicitar asilo. Tras probar ante los agentes que era quien decía ser, la dejaron marchar. Antes, le hicieron firmar un papel que fue, sin ella saberlo, el principio del posible final de su sueño americano. Estaba en inglés y ella no entendía el idioma.