EE.UU. e Irán trasladan su «guerra» a Irak

Teherán califica de terrorista el ataque estadounidense contra una milicia chií proiraní que deja al menos 25 muertos

Soldados iraquíes, en la provincia de Anbar, donde tuvo lugar la operación de EE.UU.
Soldados iraquíes, en la provincia de Anbar, donde tuvo lugar la operación de EE.UU.

Redacción / La Voz

Estados Unidos e Irán han dado un paso más en la guerra soterrada que mantienen tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la defenestración del acuerdo nuclear. Washington ha pasado a la acción tras una serie de ataques a sus bases militares en Irak, de los que culpa a Teherán, y el domingo atacó posiciones de las milicias chiíes iraquíes respaldadas por Irán, con un saldo de al menos 25 muertos y 55 heridos. Operación que la república de los ayatolás no dudó en calificar de «terrorismo».

Estados Unidos e Irán han dado un paso más en la guerra soterrada que mantienen tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la defenestración del acuerdo nuclear. Washington ha pasado a la acción tras una serie de ataques a sus bases militares en Irak, de los que culpa a Teherán, y el domingo atacó posiciones de las milicias chiíes iraquíes respaldadas por Irán, con un saldo de al menos 25 muertos y 55 heridos. Operación que la república de los ayatolás no dudó en calificar de «terrorismo».

El Pentágono informó que el domingo lanzó «ataques defensivos» de precisión contra cinco instalaciones del grupo armado Kataib Hezbolá, dos días después de la muerte de un contratista estadounidense por cohetes lanzados contra la base militar K1 en la localidad de Kirkuk, del que responsabiliza a la milicia. Los objetivos, tres en Irak y dos en Siria, incluían almacenes de armas y centros de mando donde se planifican ataques contra las fuerzas de la coalición, según Washington.

«No toleraremos que Irán ponga a hombres y mujeres estadounidenses en peligro», dijo el secretario de Estado, Mike Pompeo, en un encuentro con la prensa en el club Mar-a-Lago, donde Donald Trump pasa sus vacaciones de Navidad. El secretario de Defensa, Mark Esper, no descarta tomar «medidas adicionales» que están discutiendo con Trump.

Desde mediados de octubre, al menos una decena de bases militares y sedes gubernamentales iraquíes con personal norteamericano han sido blanco de ataque por grupos desconocidos, aunque EE.UU. ha responsabilizado desde un primer momento a las milicias proiraníes de Irak. Kataib Hezbolá, fundado en el 2003 en respuesta a la invasión estadounidense, forma parte de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), una coalición de milicias progubernamentales -muchas de ellas formadas por los Guardianes de la Revolución iraní-, que participaron en el combate del grupo yihadista Estado Islámico en Irak, apoyando a las tropas regulares, y en Siria, luchando en el bando de Bachar al Asad, respaldado por Teherán al igual que el Gobierno de Bagdad.

Entre los 25 fallecidos en el ataque hay al menos cuatro comandantes de Kataib Hezbolá, según las fuentes de la milicia y de la seguridad iraquíes. El número dos del FMP y antiguo líder de Kataib Hezbolá, Yamal Yafar Ibrahimi, avisó a Washington de que habrá una «dura respuesta». «La sangre de los mártires y heridos no será derramada en vano», avisó.

La tensión entre Teherán y Washington ahonda aún más la crisis en que está sumida Irak tras la desestabilización política producida por las protestas contra la corrupción, el desempleo, la falta de servicios y la injerencia de Teherán, omnipresente en Irak desde la caída de Sadam Huseín. Además, el ataque podría minar la relación estadounidense-iraquí.

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