Venezuela recuerda dividida los 20 años del desastre de Vargas

La peor tragedia natural latinoamericana del siglo XX coincide con la aprobación de la Constitución que ha llevado al país al autoritarismo

Venezolanos carga, en 1999, alimentos en el área afectada por el desastre
Venezolanos carga, en 1999, alimentos en el área afectada por el desastre

caracas / corresponsal

La conmemoración de las inundaciones que asolaron el estado de Vargas, hace 20 años, ha vuelto a significar un motivo de división para los venezolanos: mientras la oposición lo recordará celebrando la última sesión del año del Parlamento en Los Corales, una de las zonas más afectadas, el régimen de Nicolás Maduro inaugurará un estadio de béisbol para un equipo que no quiere jugar allí, motivo por el que ha amenazado a sus dueños con expropiar el conjunto.

El 15 de diciembre de 1999, bajo la presión de Hugo Chávez, que quería aprobar a toda prisa la Constitución que iba a permitirle ser reelegido, los venezolanos acudieron a las urnas mientras lluvias torrenciales asolaban el estado costero (en la práctica, la fachada marítima de Caracas) y dejaban más de 27.000 personas desaparecidas y unos 3.000 fallecidos. La tragedia de Vargas, como se la conoce desde entonces, es considerada el desastre natural más devastador del siglo XX en América Latina.

El presidente del Parlamento, Juan Guaidó, sobrevivió como adolescente a la tragedia, y de hecho es parlamentario por el estado costero, en el que se ubican los principales puerto y aeropuerto del país. El líder opositor siempre ha señalado que Vargas es un ejemplo de las oportunidades que el chavismo ha perdido en relación con el país, y que la tragedia fue uno de los principales moldes de su carácter.

Celebración chavista

El chavismo, sin embargo, reivindica la recuperación del estado, al que recientemente ha cambiado su denominación por La Guaira, nombre de su capital, y este domingo tiene previsto inaugurar el estadio de los Tiburones de La Guaira, un equipo que pese a su denominación, siempre ha jugado en Caracas, un mercado mucho más atractivo.

La obra, hecha en terrenos ganados al mar por la propia tragedia, ha sufrido numerosos retrasos y, finalmente, estará lista el 27 de diciembre, cuando casi termina una temporada de béisbol que comienza en octubre y que ha estado a punto de suspenderse por razones económicas.

En el estado, que ha recuperado aproximadamente la misma cantidad de población que tenía antes del desastre, la conmemoración cívica es mucho más personal que la política: habrá misas y caminatas. Vargas, ahora La Guaira, está desolada con un puerto que solo recibe el 1 % de la carga que tenía en 1999 y un aeropuerto que no tiene ni el 10 % de los pasajeros que tuvo en su mejor momento; con buena parte de su infraestructura turística en las mismas condiciones que tras la tragedia; y con un drama en transporte, vialidad y servicio de agua, que algunas zonas solo reciben una vez al mes.

Las quejas de los varguenses contra Maduro apuntan a que, precisamente, se ha recuperado el ornato de la región a expensas de los servicios; y en ese marco se inscribe la inauguración del nuevo estadio, en el que los dueños de los Tiburones, aparentemente, no quieren jugar por presión de sus deportistas. El número 2 del régimen, Diosdado Cabello, ha amenazado con expropiar el equipo. Para la celebración del 20.º aniversario de la Constitución, el régimen también prepara actos que no ha divulgado.

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