La calle dice no de forma masiva a la reforma de pensiones de Macron

La huelga general de ayer amenaza uno de los planes estrella del presidente francés


PARÍS / E. LA VOZ

El rey sol Macron tiene un problema con uno de sus proyectos estrella: la modernización del sistema de pensiones. Ayer, miles de franceses se echaron a la calle para decir no a un proyecto del que apenas han trascendido datos, pero que tiene a una clara mayoría en contra.

La huelga general contra la reforma de las pensiones fue seguida mayoritariamente por los trabajadores ferroviarios (55,6 %) y los funcionarios de Educación (51 %), aunque también se sumaron el personal de museos, hospitales y refinerías.

El Gobierno mantuvo un perfil discreto, consciente de que la huelga puede prolongarse con nuevas convocatorias. Emmanuel Macron siguió la jornada desde el palacio del Elíseo donde decían que el presidente estaba «tranquilo y firme» para llevar a cabo la reforma.

Personas tan dispares como la líder de la Agrupación Nacional, Marine Le Pen, o Fabien Roussel, secretario nacional del Partido Comunista, pidieron al Gobierno que rectifique. «Tiene que retirar la reforma y ponerse a dialogar con todos los elementos sobre la mesa», comentó Roussel.

Porque ese es uno de los grandes reproches que se le hace al Gobierno y que inquieta a los franceses que apoyan la huelga: las declaraciones contradictorias o imprecisas y la falta de claridad sobre el contenido de la reforma, que no será desvelada hasta la semana que viene.

A pesar de la escasez de transportes, los trenes y metros que circularon ayer iban más vacíos que de costumbre porque la gente optó por cogerse un día de vacaciones, teletrabajar desde casa o simplemente coger otro medio de locomoción como el coche, la bicicleta o la marcha a pie.

Antony, responsable de la seguridad en una librería parisina, logró llegar puntual al trabajo: «Salí antes de mi casa. Aquí el que quiere trabajar, trabaja». Victoria, de vacaciones en París, se lo tomó con filosofía: «Habrá que andar y tomar algún café para calentarse porque hace mucho frío». Eso sí, tuvo que renunciar a ir a la Torre Eiffel o al Museo d’Orsay, también cerrados por huelga.

Incidentes

Las autoridades ya habían alertado sobre la posible presencia de elementos violentos en las manifestaciones convocadas por los sindicatos. En Nantes se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del orden mientras que en París, a pesar de que hubo unos 10.000 controles preventivos, la manifestación estuvo trufada de varios centenares de individuos con el rostro cubierto cuyo único interés era protagonizar actos violentos. Mientras miles de personas intentaban desfilar desde la estación del norte a la plaza de la Nación, esos grupúsculos de ultraizquierda lograron infiltrarse en el cortejo y destrozar comercios y mobiliario urbano o prender fuego a vehículos.

Los sindicatos se reúnen hoy para decidir si continúan o no, aunque el líder de la CGT, Philippe Martínez está convencido de que «la huelga no se detiene aquí» y van a hablar de lo que harán «mañana, pasado mañana y la semana que viene».

Mujeres, comerciantes y agricultores, los mejor parados

M. Garde

La reforma de las pensiones solo ha desvelado sus líneas maestras, pero permite vislumbrar ya quiénes serán sus mayores beneficiados y afectados. Entre los ganadores figuran los agricultores y comerciantes. La promesa de Macron, de establecer una pensión mínima de 1.000 euros, elevaría la cantidad que perciben los trabajadores de ambos sectores que hayan contribuido con la base de cotización mínima en su carrera.

La reforma garantiza una pensión base del 85 % del salario mínimo neto, un porcentaje que en la actualidad es del 75 % para los agricultores, cuyas retribuciones son de media 780 euros (para los hombres) y 580 euros (para las mujeres). Los comerciantes, por su lado, reciben una pensión mínima de 970 euros.

También saldrán bien paradas las mujeres y madres. El Ministerio de Sanidad calcula que las mujeres cotizan menos o durante menos tiempo que los hombres y perciben una pensión un 38,8 % inferior a la de estos. Elevar el mínimo tendría un impacto directo en ese colectivo. El Ejecutivo prevé además una bonificación del 5 % en la pensión por cada hijo a partir del primero.

Los perjudicados

En el otro lado de la balanza se sitúan los beneficiarios de regímenes especiales: existen en Francia 42 tipos diferentes de jubilación, que el Ejecutivo quiere reducir a uno solo, lo que perjudicaría a aquellos con condiciones más ventajosas actualmente.

Los trabajadores de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles o de la entidad del transporte metropolitano de París, principales protagonistas de la huelga, pueden jubilarse a partir de los 52 a 57 años, según las categorías, frente a los 62 años del régimen general. La reforma pretende acabar con esos beneficios para establecer un sistema por puntos en el que cada euro cotizado dé los mismos derechos en el momento de la jubilación. También salen dañados los profesores, los funcionarios de rangos inferiores y profesiones liberales, que verían aumentada fuertemente su base de cotización, actualmente situada en el 14 %, que se elevaría a casi el doble.

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