Uruguay atisba el fin de 15 años de hegemonía de la izquierda

El cambio en la economía, sumado a la inseguridad, motivan el desgaste del Frente Amplio y dan pie a una «coalición multicolor» opositora que podría acceder el próximo domingo a la Presidencia


REDACCIÓN/LA VOZ

Como una «isla de estabilidad política» en Latinoamérica, el próximo domingo Uruguay irá nuevamente a las urnas con la particularidad de que, esta vez, la oposición tiene claras posibilidades de volver a ocupar el sillón presidencial.

Tras una primera vuelta en octubre, los uruguayos deberán decidirse entre los dos candidatos mayoritarios. Por un lado, Daniel Martínez, un ingeniero de 62 años, exalcalde de Montevideo (2015-2019), que defiende la continuidad de las políticas sociales y la estabilidad que ha dado el Gobierno del Frente Amplio (izquierda) en los últimos 15 años. Por el otro, Luis Lacalle Pou, abogado de 46 año e hijo de un expresidente, líder del Partido Nacional (centroderecha), que se apoya en la necesidad de un cambio y que cuenta con el respaldo en forma de coalición del resto de los partidos de la oposición.

El candidato a la Presidencia de Uruguay por el Frente Amplio, Daniel Martínez, junto a su compañera de fórmula a la Vicepresidencia Graciela Villar.
El candidato a la Presidencia de Uruguay por el Frente Amplio, Daniel Martínez, junto a su compañera de fórmula a la Vicepresidencia Graciela Villar.

Se trata de una elección distinta, un balotaje, como llaman algunos politólogos, «verdadero». Es decir, una segunda vuelta en la que no hay previsto un favorito claro y a la que el Frente Amplio -una coalición de sectores de izquierda que abarca desde comunistas a socialistas y del que forma parte el expresidente José Mujica- llega por primera vez desde que asumiera el Gobierno en el 2005 debilitado en la intención de voto y sin una mayoría en el Parlamento.

Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimon, candidatos a Presidente y Vicepresidente de Uruguay por el Partido Nacional tras las elecciones del 27 de octubre.
Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimon, candidatos a Presidente y Vicepresidente de Uruguay por el Partido Nacional tras las elecciones del 27 de octubre.

Si bien nadie se anima a apostar por un resultado concreto, las últimas encuestas publicadas coinciden en dar como ganador a Lacalle Pou, que lograría el 47 % de los votos. Martínez, en tanto, alcanzaría el 42 %, un 11,48 % menos de lo que logró el actual presidente Tabaré Vázquez en la segunda vuelta del 2014. La duda permanece a la espera de lo que votarán quienes hasta ahora se encontraban indecisos, y que son un 5 % del electorado, es decir, lo mismo que la brecha entre los candidatos.

Consciente de ese posible resultado, en la última semana el candidato oficialista ha recurrido a la vieja guardia del partido, poniendo en primera línea al expresidente Mujica como su futuro ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, y al actual titular de Economía, Danilo Astori, al frente de la cartera de Asuntos Exteriores. Poner una figura como la de Mujica, que sigue siendo muy popular entre el electorado, es una «señal de gran fortaleza, que pesa y que da certezas a la gente», considera el politólogo Oscar Bottinelli. Sería además la segunda vez que un expresidente se convierte en ministro.

 

En tanto, el candidato opositor tuvo desde el primer momento una estrategia más clara y no perdió tiempo en alinear a su favor a los demás partidos opositores en lo que él llama una «coalición multicolor», y que tiene un claro propósito de sacar al Frente Amplio del Gobierno.

 Las razones de la posible alternancia de gobierno

Son varios los factores que explican el desgaste del Frente Amplio (FA), que perdió en octubre un 8% de los votos en lo que resultó la votación más baja desde que es gobierno.

Según el doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad de la República, Jaime Yaffe, la desaceleración en el crecimiento económico que plantea un escenario diferente al de las elecciones del 2009 y del 2014 es uno de los principales motivos que juegan en contra al partido de gobierno. A ello se suma la renovación del electorado, ya que quienes votan por primera vez tenían solo 3 años cuando el FA asumió el Gobierno, por lo que no conocen otra alternativa y tienen más predisposición al cambio; los problemas de seguridad, con el aumento de crímenes relacionados con el narcotráfico, y el desencanto de los sectores agrícolas, una de las principales fuentes de la economía del país que llevó a la caída de los seguidores del FA fuera de la capital.

 

Para la doctora en Ciencias Sociales y directora de la encuestadora Cifra, Adriana Raga, al cambio en el contexto económico y al problema de la inseguridad, se suma la falta de una reforma en la educación y de generación de fuentes de trabajo, dos temas que tocan muy de cerca a la población y que justificarían la demanda de un cambio que la oposición ha tomado como bandera.

A esos factores se agrega además la renuncia del exvicepresidente Raúl Sendic en el 2017, acusado de hacer uso indebido de la tarjeta corporativa durante su cargo como director de la empresa estatal ANCAP. Hecho que empañó la imagen pública del Frente Amplio.

La baja en el voto del FA no se tradujo sin embargo en la primera vuelta en un aumento de la votación de los otros dos partidos tradicionales, el Partido Nacional y el Partido Colorado, sino que los desencantados con el Frente Amplio y los votantes más volátiles se decidieron por un nuevo partido de derechas, Cabildo Abierto, algo «rarísimo» para la historia política de Uruguay, dijo Raga.

 

Una «isla» de estabilidad

En medio del caos que vive la región, con protestas sociales en Chile o la crisis institucional en Venezuela y Bolivia, Uruguay se erige como una «isla de estabilidad política», que destaca por tener un sistema político estable desde la vuelta a la democracia en 1985. Y la imagen de seguidores de diferentes partidos haciendo proselitismo de manera pacífica en la misma esquina es parte del clima habitual de campaña.

Es en ese marco que se da la posibilidad de cambio de gobierno, y que podría implicar una confirmación del giro regional a la derecha, con Jair Bolsonaro como presidente de Brasil o Sebastián Piñera en Chile.

«Si gana, que es muy probable, Lacalle Pou tiene asegurado un muy buen punto de partida con apoyo parlamentario, pero una cosa son compromisos genéricos y otra, llevarlo a implementación»

Decidan lo que decidan los uruguayos en las urnas, coinciden los expertos en que ninguna de las alternativas tendría un gobierno fácil. En caso de llegar a la Presidencia, Lacalle Pou tendrá un primer desafío de pactar con otros cuatro partidos de oposición para formar el gabinete, y transformar la coalición electoral en una coalición de gobierno capaz de sostenerse durante los cinco años. Y si bien no se trata de un escenario nuevo para el país -así gobernaron los colorados en el 1999-, la incorporación de un nuevo partido, Cabildo Abierto, liderado por un exmilitar y con ideología conservadora, plantea una incógnita, dijo a La Voz Adriana Raga.

 «Si gana, que es muy probable, Lacalle Pou tiene asegurado un muy buen punto de partida con apoyo parlamentario, pero una cosa son compromisos genéricos y otra, llevarlo a implementación», afirmó en tanto Jaime Yaffe. Para ello, «tener tantos socios es un problema» y vuelve las negociaciones laboriosas, agregó.

Por otra parte, sin mayoría en el Parlamento tras perder a 8 representantes, Martínez se verá obligado negociar proyecto a proyecto. Esto supondría para el FA «una experiencia totalmente nueva», dijo Yaffe en referencia a que en los tres gobiernos anteriores de Tabaré Vázquez (2005-2010; 2015-2020) y de Mujica (2010-2015) tuvieron mayoría. Aclaró sin embargo que «no se puede esperar que sea caótica» ya que un gran porcentaje de las leyes durante la legislatura actual fueron aprobadas mediante acuerdos con la oposición.

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