Líbano, entre la esperanza y la incertidumbre

Los manifestantes prometen continuar en la calle hasta que se forme un Gobierno de tecnócratas independiente de la élite política actual

Los manifestantes celebraron la dimisión del primer ministro Saad Hariri
Los manifestantes celebraron la dimisión del primer ministro Saad Hariri

Beirut / E. La Voz

El Líbano regresó este miércoles a cierta normalidad, tras dos semanas de protestas que culminaron con la dimisión del primer ministro Saad Hariri. Los manifestantes despejaron la mayoría de los cortes en carreteras, este jueves reabrirán las escuelas y universidades y el viernes está previsto que lo hagan los bancos, que durante estos días han permanecido cerrados por temor a la devaluación de la lira libanesa.

El presidente libanés, Michel Aoun, prometió que «Líbano tendrá un Gobierno limpio» de corrupción que estará dispuesto a implementar «grandes reformas», según recogieron medios locales. El jueves por la tarde se dirigirá a la nación y se espera que proponga a Hariri como responsable del Gobierno en funciones. Ésa es la opción más probable, según la activista Rand Hamoud, quien cree que los manifestantes lo asumirán con «normalidad» entendiéndolo como un primer paso hacia un nuevo Ejecutivo.

Solo el primer paso

«La renuncia de Hariri es una victoria, pero es solo el principio». Así de contundente se mostró la manifestante Yasa Sherafidine durante la celebración de la dimisión de Hariri en Beirut. «Si proponen un Gobierno de corruptos o exseñores de la guerra no lo vamos a aceptar» dijo.

A sus 55 años, Yasa cree que su papel es «apoyar a las generación más joven» que es la que ha liderado las protestas. Una generación que no ha vivido la guerra civil (1975-1990) y tiene la oportunidad de dejar atrás la retórica que ha dividido a los libaneses según su credo religioso.

Nadine Hamdan, de 28 años, se queja de esa retórica sectaria: «Hasta ahora, la gente votaba a sus representantes porque le protegían contra los otros grupos [religiosos]». Pero la joven cree que las protestas ponen fin a esa dinámica y afirma que la dimisión del Gobierno es solo el «primer paso». «Si nos vamos a casa ahora, nada va a cambiar», afirma. 

Resistencia al cambio

Los centenares de personas que celebraron la dimisión del Gobierno se negaron a ser silenciados por un grupo de seguidores de Hezbolá y Amal, partidos chiíes en el Gabinete, que el martes atacaron a los manifestantes. Para la manifestante Sama Salman, ese ataque demuestra «desesperación y un intento de intimidarnos, aún piensan que nos pueden controlar con el discurso del miedo, intentan dividirnos, pero los libaneses nos hemos dado cuenta que tenemos las mismas demandas».

La activista Rand Hamoud afirma que están en «una fase prematura» en el cambio de sistema. Reconoce que existe el riesgo de que la élite «recicle a los mismos políticos», pero considera que ante la rabia expresada en la calle «los políticos serán más cuidadosos con sus nombramientos y harán concesiones, lo que no significa que habrá un Gobierno tecnocrático totalmente independiente».

La directora del think tank Carnegie Institute, Maha Yahya, resaltó que el intento de «desmantelar el sistema político sectario pone en riesgo existencial a la mayoría de partidos políticos», lo que explica la «campaña de difamación» contra los manifestantes a los que se les acusa de recibir fondos extranjeros. Una acusación que, según Yahya, es «una respuesta de libro de regímenes autoritarios».

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