Los Comunes impiden que Johnson materialice el «brexit» el 31 de octubre

El primer ministro amenazó antes de la votación con convocar elecciones antes de Navidad si, como ha ocurrido, el Parlamento tumbaba su plan


Londres / Colpisa

Boris Johnson emprenderá un nuevo diálogo con la Unión Europea para acordar una extensión del brexit, después de que el primer ministro británico cumpliera su palabra retirando del Parlamento el denominado Acuerdo de Retirada pactado el jueves. Y todo ello después de que la Cámara de los Comunes aceptase su tramitación con una holgada mayoría, pero rechazase tramitar en 48 horas la ley que lo traduce. El primer ministro amenazó antes de la votación con convocar elecciones antes de Navidad si, como ha ocurrido, el Parlamento tumbaba su plan.

El Parlamento británico rechazó el calendario por 322 contra 308, si bien había dado el visto bueno inicial al proyecto de ley del Acuerdo de Retirada por 329 votos favorables frente a 299 contrarios. Johnson no cumplirá, por tanto, su deseo de abandonar la UE el 31 de octubre, aunque anunció que acelerará los preparativos para una marcha abrupta. De nuevo adopta así una conducta contraria a la mayoría del Parlamento cuando él preside un Gobierno en minoría.

El resultado de las votaciones confirma, sin embargo, la mayoría existente en favor de poner fin a la saga del brexit y sugiere que también existe para impedir la introducción de enmiendas -como, por ejemplo, cambiar la relación propuesta con la UE por una que incluya una unión aduanera- que llevarían a Johnson, según había prometido, a renunciar también al acuerdo pactado. El laborista Jeremy Corbyn le ofreció un diálogo sobre un nuevo calendario de tramitación y una marcha consensuada de la UE, que se quedó sin respuesta. El Parlamento recibió el proyecto de ley, unas 250 páginas entre el texto y las explicaciones, a última hora de la tarde del lunes y el responsable del Gobierno para las relaciones con la Cámara de los Comunes, lord Rees-Mogg, justificó el calendario porque dos leyes habían sido también tramitadas con celeridad en fechas recientes. Pero la comparación era escandalosa.

Las muy breves leyes que mencionó sumaban no más de cinco folios y la oposición las introdujo para impedir una marcha sin acuerdo, en marzo o este mismo octubre. Eran simple cuestiones de procedimiento, mientras que esta ley que traduce el Acuerdo modifica la Constitución británica de modo quizás permanente. Aún así, Rees-Mogg sentenció que una semana era suficiente para liberarse «del yugo imperial» de la Unión Europea. La urgencia del Gobierno para aprobar la ley obedecía a intereses electorales. Johnson se ha comprometido -«a vida o muerte», «antes muerto en una zanja que pedir una extensión», son sus frases célebres- a marcharse de la UE exactamente el 31 de octubre. No solo evitaba así dilatar la tramitación de la ley en un Parlamento donde no tiene mayoría, sino que también podía hacer campaña como el supremo hacedor del brexit.

Desprecio a la Reina

Ese deseo se apoya en sentimientos más extendidos. «Ha llegado el momento de acabar con la indecisión» o «en la política hay un día en el que hay que mirarse en el espejo» fueron algunas de las frases repetidas a lo largo del debate. El rebelde conservador, Oliver Letwin, advirtió a sus colegas de que lo que tenían que votar es simplemente mejor que «lo peor», la marcha sin acuerdo. Un diputado laborista, Joshua Reynolds, recordó a los Comunes que también fueron presionados para apoyar urgentemente que el Gobierno notificase a Bruselas su intención de marcharse de la UE. Él también votó. «Todos lo juzgamos ahora precipitado, un desastre para el interés nacional», dijo. Y añadió que no había tenido tiempo para evaluar las consecuencias de este acuerdo para las industrias de su comarca en el nordeste de Inglaterra.

Los laboristas, que habrían tenido un fuerte enfrentamiento sobre la conveniencia de un segundo referendo en la reunión de su Ejecutiva, durante la mañana, desplegaron luego una digna puesta en escena para combinar la denuncia del acuerdo por su líder, Jeremy Corbyn, con la decisión de algunos diputados que representan a circunscripciones brexiters de votar por el Acuerdo en las filas conservadoras.

Johnson prometió protecciones adicionales a los derechos laborales o a los estándares medioambientales, aunque exigió en la negociación con Bruselas que se eliminasen las páginas que se referían a ellos en el Acuerdo de Retirada de Theresa May. También se ofrece en la nueva Declaración Política un horizonte de divergencia con la UE, que es coherente con su ambición de tener libertad para firmar acuerdos comerciales con otros países.

Las promesas a izquierda o derecha de Johnson se toparon con los unionistas norirlandeses. Afirmó «absolutamente» que la peculiar separación aduanera del resto de Reino Unido en la que queda Irlanda del Norte -y que el Acuerdo explícitamente dice que entrará en vigor, al menos, por cuatro años- cambiará cuando él firme el nuevo tratado de libre comercio con la UE, de tal modo que se integre plenamente todo el territorio. Dos diputados unionistas se pusieron en pie sucesivamente para reprocharle que osara pronunciar en el Parlamento tal mentira.

El autoritarismo fallido de Johnson -ocho votaciones perdidas, dos victorias- provoca además desprestigio institucional. El primer voto del Parlamento británico favorable a un Acuerdo con la UE es un momento significativo, como dijo Johnson. El primer ministro canceló luego el debate sobre el solemne Discurso de la Reina para encajar los días de brutal tramitación de la ley y ahora lo reanudará, a fin de pasar el tiempo porque no pueda cumplir ese programa legislativo.

La UE se mete a fondo con la prórroga del «brexit»

Salvador Arroyo
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk BELGA dpa

Tusk analiza con los Veintisiete la extensión hasta el 31 de enero sin descartar que Londres maniobre ahora con un plazo más reducido

Donald Tusk había dejado este martes por la mañana, nueve horas antes de las votaciones en Westminster, dos reflexiones de calado. El presidente del Consejo Europeo sostenía ante los eurodiputados: «No tengo ninguna duda de que deberíamos tratar con toda seriedad la solicitud británica de prórroga». Y allí, en Estrasburgo, desvelaba que el sábado había dicho por teléfono a Boris Johnson: «Un 'brexit' sin acuerdo nunca será decisión nuestra».

Esas dos ideas, aunque no eran inéditas en los discursos, convenientemente enlazadas y puestas en el contexto actual conducen hacia lo que toca ahora; un nuevo ejercicio de flexibilidad de la UE. Una nueva prórroga. Técnica y corta, ya que por primera vez en tres años los Comunes dijeron sí a un pacto Londres-Bruselas del brexit, o más larga, hasta los tres meses solicitados, hasta el 31 de enero. Aunque se esté en fase de consultas con las capitales y aunque llegados a este punto de hastío se exija mayor esfuerzo para salvar la reticencias de socios con peso como Francia, que viene remarcando la necesidad de una «justificación» (léase elecciones anticipadas o segundo referendo), al final se dará más tiempo. Emmanuel Macron y su inmovilismo (tiene congelada a la comisión de Ursula Von der Leyen y ha vetado avances en la ampliación de la UE con Macedonia del Norte y Albania) resultaría temerario si se deja llevar ahora con el brexit. Se requiere la unanimidad de los Veintisiete para dar luz verde a la extensión (dure lo que dure). Y no hacerlo retrataría al país o países como responsables de empujar a los británicos fuera del proyecto común. Y esa foto no la quiere nadie. La decisión podría resolverse con rapidez si se va al mencionado margen técnico, el suficiente para que Londres complete la legislación. Pero tendría que ser gestionado por el primer ministro en casa y requerido formalmente a Bruselas. Sobre el papel, los Veintisiete trabajarían en el largo (el impuesto por Wetsminster al 10 de Downing Street). Se otorgaría (salvo sorpresas) en una cumbre de urgencia que debería celebrarse antes del próximo jueves para neutralizar el deadline del divorcio en la noche de Halloween.

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