Las concesiones del Gobierno no frenan las protestas en el Líbano

Los manifestantes rechazan las propuestas del primer ministro y exigen la dimisión de un Ejecutivo al que consideran corrupto

Miles de personas se manifestaron el domingo en Beirut
Miles de personas se manifestaron el domingo en Beirut

beirut / E. La Voz

Setenta y dos horas después del estallido popular contra la élite política libanesa, el primer ministro, Saad Hariri, anunció este lunes una serie de medidas económicas como la reducción del 50 % de los salarios de ministros y diputados. También prometió una ley para recuperar activos robados y aseguró que el presupuesto para el 2020 no incluirá ninguno de los impuestos adicionales, como la tasa por el uso de la aplicación de mensajería WhatsApp que originó las protestas.

Pero estas reformas no convencen a las miles de personas que piden la caída del régimen. La activista Rand Hamoud pide un Gobierno tecnócrata que prepare el camino para unas nuevas elecciones. «No confiamos en que estos líderes puedan llevar a cabo las reformas de manera eficiente, usaran sus propios negocios para enriquecerse» afirma. En esa misma línea se manifiesta el analista político Makram Rahab, quien tildó de «ilusorias» las medidas de Hariri: «No van a marcar la diferencia, el problema del Gobierno es que ha perdido su legitimidad».

Bancos, escuelas y la mayoría de comercios permanecieron cerrados este lunes, quinto día de unas protestas que alcanzaron el millón de manifestantes el domingo y se multiplicaron en forma de concentraciones de apoyo en decenas de capitales extranjeras, desde Los Ángeles a Bruselas

Cruzar la barrera del miedo

En un país con una estricta ley antiblasfemia, por la que en los últimos dos años decenas de libaneses han sido investigados por criticar a líderes políticos, religiosos y económicos, las explícitas consignas cantadas en los últimos días contra los líderes políticos cruzan muchas líneas rojas.

«La gente no se atrevía a expresar su opinión política en voz alta, los cánticos contra los políticos muestran que la gente ha roto la barrera del miedo», explica la activista Hamoud, aunque reconoce que aún hay cierto miedo a la gente armada vinculada a algunos líderes políticos. 

¿Ocaso del clientelismo sectario?

En el Líbano, la ley electoral asegura un equilibro entre las 18 sectas religiosas. Desde el fin de la guerra civil (1975-1990) las identidades sectarias han marcado la agenda política. Pero, según Nabil, ingeniero de 25 años en paro que se unió a las protestas, «la gente se ha despertado, ha visto que da igual que religión tengas, todos estamos afectados por igual por esta crisis y el paro».

Para Hamoud, esa unidad ha sido una relativa sorpresa, ya que los libaneses estaban acostumbrados a la retórica de la división y los líderes políticos «confiaban en su red clientelar para asegurarse el apoyo de sus bases, pero ni siquiera con esos favores la gente puede mantenerse». La tasa de desempleo se sitúa en el 25 % y el Líbano acarrea una deuda de 86,2 billones de dólares.

Estas movilizaciones son un punto de inflexión, pero está por ver si el hartazgo contra la clase política resiste a las presiones sectarias que históricamente han dividido a los libaneses.

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