El Gobierno libanés se tambalea tras intentar cobrar una tasa por WhatsApp

La cuota, ya retirada, simboliza el incumplimiento de las promesas del primer ministro

Protestas contra el Gobierno en el Líbano
Protestas contra el Gobierno en el Líbano

BEIRUT / E. LA VOZ

El anuncio del Gobierno de una tasa de 6 dólares al mes por utilizar WhatsApp se ha convertido en la chispa que ha prendido las calles de Líbano. El centenar de manifestantes espontáneos que se congregaron el jueves en Beirut se convirtió en miles en todo el país durante el fin de semana.

Tras los altercados del viernes por la noche decenas fueron detenidos. Algunos de los que fueron puestos en libertad este sábado, mostraron ante las cámaras de televisión signos de haber sido golpeados.

Ni la retirada de la tasa ni el anuncio del primer ministro Hariri de que presentará reformas esta semana han calmado los ánimos de unos manifestantes que piden la dimisión del Gobierno al que acusan de corrupto y responsabilizan del «estado de emergencia económica» declarado en septiembre. «Ya no podíamos aguantar otra mala decisión del Gobierno» dice Manal, trabajadora social de 24 años que por primera vez acudía a una manifestación. «Creo que las cosas van a cambiar, estamos todos juntos, de diferentes sectas», apuntaba antes de unirse a bailar dabke ante la hoguera que bloquea la carretera. Por ahora predominan las banderas libanesas y no se ven emblemas de partidos políticos.

La analista Maha Yahya, del Carnegie Institute, incide en este clima de unidad: «La diferencia con movilizaciones previas es que se extienden en todo el país, en su diana están todos los líderes políticos y la clara exigencia de que caiga el Gobierno y el presidente». Pero añade que no hay una clara alternativa.

Anje, vendedora de 27 años se muestra optimista: «No he visto un ambiente político así antes, confío en que si hay elecciones, la gente votará diferente». Sin embargo Fadi, un ortopeda de 50 años, tras quejarse de la corrupción y la falta de servicios públicos, admite que volverá a votar al mismo partido.

Khaled, joven parado de 21 años se unió a la protesta para exigir trabajo y denunciar que en su casa «no podemos hacer frente a la factura del agua y la electricidad». Millón y medio viven bajo el umbral de la pobreza en Líbano. La estudiante universitaria Raan dice que su «única opción» es salir a la calle: «aumentan los impuestos pero no tenemos servicios públicos a cambio» afirma en referencia a la sanidad y a los cortes diarios de electricidad. Hadi, recién licenciado en Empresariales afirma que ha visto a muchos amigos emigrar: «No vemos futuro en Líbano, algunos se van del país pero nosotros queremos cambiar las cosas aquí en Líbano».

El pasado abril, el Gobierno libanés se comprometió ante inversores internacionales a reducir la deuda (equivalente al 151 % del PIB) como condición para acceder a una línea de financiación de 11 billones de dólares. Pero las medidas de austeridad de Saad Hariri, primer ministro al que Forbes calcula una fortuna de 1,5 billones de dólares, no convencen a los libaneses.

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