El nuevo presidente de Túnez, un «extraño» que revindica la revolución desde el conservadurismo

Kaïes Said, un «outsider» sin partido, es el inapelable ganador de las elecciones del domingo al obtener el 72,71 % de los votos

Kaïes Said es un «outsider» sin partido, asido a un discurso antisistema y a una imagen de hombre honesto
Kaïes Said es un «outsider» sin partido, asido a un discurso antisistema y a una imagen de hombre honesto

Túnez | Efe

Apodado Robocop por sus movimientos mecánicos, Kaïes Said es un jurista independiente, sin experiencia en la política, que reivindica el espíritu de las marchitas primaveras árabes desde posiciones ulttraconservadoras nacionalistas. Según los resultados oficiales, Said, de 64 años, es el inapelable ganador de la presidenciales celebradas el domingo en Túnez con el 72,71 % de los votos -frente al 27,29 % logrado por su rival, el magnate Nabil Karoui-, pese a ser un outsider sin partido, asido a un discurso antisistema y a una imagen de hombre honesto y austero, alejado de los políticos tradicionales, que ha sabido proyectar con inteligencia a través de la pequeña pantalla.

Nacido en la provincia costera de Nabeul y catedrático de Derecho constitucional, su adusto rosto, sus maneras afectadas y su engolada lengua árabe clásica comenzaron a ser habituales para los tunecinos gracias a su experiencia como tertuliano de la televisión, donde comenzó explicando los vericuetos de la polémica enmienda de la Carta Magna aprobada en el 2014.

Muy crítico con el Gobierno y los partidos políticos, entró en la carrera presidencial de forma discreta, sin apenas hacer ruido, sin partido y sin más estructura que su imagen, como un outsider con el que muy pocos contaban, y que sin embargo logró atraer el voto de los más jóvenes.

Gracias a una campaña de proximidad, sin la propaganda típica, hecha calle a calle, puerta a puerta, siempre de forma popular y sobria, consiguió ir calando en una sociedad asfixiada por la crisis económica y desencantada con una clase política a la que acusa de haber dilapidado las esperanzas impulsadas por la aún viva Primavera Árabe.

Un apoyo que recibió el espaldarazo definitivo gracias, en gran parte, al debate televisivo que por primera vez se celebró en Túnez días antes de la primera vuelta, y en el que mostró mejores hechuras y más tablas que sus 25 rivales, convenciendo a miles de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, pese a su retrógrada ideología.

Nacionalista acérrimo, Said se pronuncia a favor de recuperar la pena de muerte -objeto de una moratoria desde el triunfo de la revolución-, considera que la homosexualidad es un patrón ajeno a la sociedad tunecina que los extranjeros han introducido para desestabilizarla, y muestra dudas sobre la ley de igualdad de herencia, que pretende equiparar los derechos entre hombres y mujeres en contraposición a la sharia o ley islámica.

Proteccionista en lo económico, cree que la principal reforma que necesita el país es la descentralización -una propuesta que no podría llevar a cabo desde la presidencia, ya que carece de competencias- y reclama el legado perdido de la revolución de el 2011 como receta para revivir una economía que padece los mismos problemas que en tiempos de la dictadura: corrupción y un alto índice de paro que perpetua la desigualdad, cercena las posibilidades de desarrollo personal y empuja a la migración.

Casado y padre de dos hijos, es también un ultraconservador en lo moral, favorable a mantener en vigor la ley sobre abusos sexuales que penaliza a las parejas no casadas que se muestren «demasiado» afectuosas en espacios públicos y un régimen de ayuno más estricto durante el mes sagrado de Ramadán.

Pese a ello, en la primera vuelta logró una sorprendente victoria y el apoyo de un 18,7 por ciento de los votantes, en su mayoría jóvenes, familias de clase media, hombres de mediana edad y nuevos sufragantes, que le perciben como una figura diferente a los políticos tradicionales.

Políticos que, sin embargo, no han dudado en sumarse a su causa, en particular el partido conservador religioso Ennahda, principal fuerza en el Parlamento, que al igual que otros candidatos derrotados en la primera vuelta no ha dudado en expresar su apoyo a un hombre con fama de hierático.

El último en adherirse fue el propio primer ministro, Yousef Chahed -cabeza de lista del partido Tahya Tounis, que logró 16 escaños en las legislativas del 6 de octubre-, quien el último día de campaña dijo que votaría «contra la corrupción» en velada alusión al magnate populista de los la televisión de y rival de Said este domingo, Nabil Karoui.

Propietario de la cadena más vista del país -Nessma TV-, el multimillonario que ha hecho de la caridad televissda una arma de crecimiento político, fue liberado el pasado miércoles tras un mes y medio en prisión preventiva acusado de presuntos delitos de evasión fiscal y blanqueo de dinero.

En un alarde más de honestidad, Said decidió suspender la campaña electoral en la segunda vuelta para contrarrestar la denuncia de su rival de que no competían en igualdad de condiciones.

Una baza más que parece haberle catapultado el palacio de Cartago y que hace que ocho años después de la revuelta que asombró al mundo la presidencia de la República, la jefatura del Gobierno, el Parlamento y la mayoría de los grandes ayuntamientos del país queden en manos de los conservadores.

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