Éxodo de 60.000 civiles sirios para alejarse de la frontera con Turquía

La cifra de seis millones de desplazados que ya causaron ocho años de guerra crece ahora con los bombardeos sobre localidades del norte


Colpisa / Jerusalén

Columnas de humo se levantan en la frontera entre Turquía y Siria. Los bombardeos son intensos, pero también la quema de neumáticos para intentar dificultar las operaciones de los aviones. Los kurdos volvieron a pedir a EE UU la declaración de una zona de exclusión aérea, pero no hubo respuesta y al menos 60 cazas turcos participaron durante el inicio de la ofensiva y penetraron unos 30 kilómetros en un territorio sirio del que salieron decenas de miles de civiles.

Parece claro que Donald Trump no quiere interferir en la operación Manantial de paz lanzada el miércoles por Turquía. Los combates se intensificaron a lo largo de toda la frontera y las milicias kurdas respondieron con el lanzamiento de cohetes y morteros contra cuatro poblaciones turcas próximas a la verja de separación que dejaron al menos seis civiles muertos -entre ellos un bebé- y 70 heridos. El balance en el lado sirio es de al menos 23 combatientes y nueve civiles muertos, dos de ellos niños, por los bombardeos aéreos y disparos de artillería, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH). Durante toda la jornada el Ejército se dedicó a retirar partes del muro de separación para facilitar el acceso de las tropas, un movimiento que se suele producir al caer la noche.

«Éxito» para Ankara

El Ministerio de Defensa en Ankara calificó la marcha de la operación como «un éxito» y aseguró que «solo se están atacando refugios, posiciones, armas y vehículos que pertenecen a las organizaciones terroristas», pero los civiles no opinan lo mismo. La intensidad de los bombardeos sembró el pánico entre la población y más de 60.000 personas dejaron sus casas para buscar un lugar seguro en la provincia de Hasake, alejada de la frontera. La operación militar ordenada por Erdogan aumenta la cifra de seis millones desplazados internos que ya causaron los últimos ocho años de guerra en Siria, según datos de la ONU, y desde el Consejo de Derechos Humanos del organismo internacional advirtieron de que este movimiento turco «podría traer inseguridad, caos y el riesgo de un resurgimiento del Estado Islámico (EI)».

La preocupación por el futuro de la lucha con el EI se acentuó cuando los kurdos informaron de que se produjeron bombardeos en zonas muy próximas «a la prisión de Jarkin, en Qamichli, donde se hallan muchos terroristas del Daesh», indicaron en un comunicado en el que especificaron que esta cárcel «alberga a los más peligrosos criminales originarios de 60 países». Según el acuerdo alcanzado entre Trump y Erdogan, Turquía se encargará de estos prisioneros una vez establezca su «zona de seguridad». Las fuerzas kurdas están solas y quieren negociar con el Gobierno de Damasco para tratar de frenar a Erdogan, pero el viceministro de Exteriores, Faysal Mekdad, se encargó de alejar esta opción. «En este momento no estamos preparados» para volver al diálogo con «los aliados de EE UU», zanjó.

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