Bélgica, el extraño epicentro europeo del crimen organizado y el espionaje

El país acumula muchos casos sin resolver, con 180 cuerpos sin identificar y unas 700 desapariciones. Bruselas concentra enormes redes de espías


«Estoy cien por cien segura de que no fue un suicidio», sostiene Elka Docheva, madre de Iskren Yordanov. El joven búlgaro de 36 años, trabajador de la construcción en Alemania, apareció muerto el pasado 17 de septiembre en el párking de la embajada china de Bruselas. ¿Por qué su cuerpo acabó allí? ¿Por qué alguien de visita en la ciudad elige un lugar tan atípico y blindado por fuertes cordones de seguridad para quitarse la vida? Es un misterio.

La policía no da explicaciones. Asegura que no se les permite comunicar lo que sucede en las embajadas. El cuerpo diplomático remite a las fuerzas del orden, que han querido dar carpetazo al asunto lo antes posible: «La investigación ha sido cerrada. El caso está archivado», aseguraron portavoces de la fiscalía a la prensa local. Su familia no da crédito: «No sabemos qué sucedió, cuándo sucedió ni dónde está el cuerpo de Iskren». El día 15 de septiembre fue la última vez que establecieron contacto telefónico con el fallecido, quien trasladó su inquietud por unos problemas que le habrían surgido antes de tomar el tren de vuelta a Alemania.

Su historia podría haber sido una más olvidada si no fuera por los antecedentes que atesora Bélgica en torno al crimen organizado, espionaje, ajustes de cuentas y casos sin resolver (unas 700 desapariciones y 180 cuerpos sin identificar, sin contar el centenar de menores refugiados a los que se les pierde el rastro cada año).

Es el cuarto país de la Unión Europea que registra la tasa más alta de homicidios por cada 100.000 habitantes, solo por detrás de Letonia, Lituania y Estonia según las últimas cifras de Eurostat. Es campeón europeo en número de hurtos y medalla de plata en robos residenciales. 

Casos extraños

Interpol admite que su posición geográfica fronteriza con cuatro países, con salida al mar y con una extensa red logística de transporte «hace que Bélgica sea potencialmente atractiva al crimen organizado internacional». Desde el tráfico de drogas y de armas al tráfico y fraude de vehículos. Ayer mismo se dio a conocer el arresto de 15 personas relacionadas con una red de tráfico humano que operaba en Gante y Amberes. No es extraño que periódicamente salten en los titulares casos igual de extraños que el de Yordanov, que generan dudas en torno a la resolución del caso.

El pasado mes de julio la fiscalía de Bruselas informó del hallazgo en una casa de una mochila con explosivos y cuchillos perteneciente a un soldado ruso retirado, quien habría muerto en el 2011. «Era mentalmente inestable y propenso a la paranoia», justificaron entonces. No se pudo seguir la pista porque no aportaron más detalles sobre el sujeto ni revelaron su identidad.

La madre de Yordanov insiste en que el caso se ha cerrado en falso: «Seguiremos indagando hasta que sepamos la verdad», aseguró. El hecho de que el joven haya aparecido en dominio chino ha despertado algunas sospechas en torno a su relación con casos de mafias o espionaje. En la capital comunitaria se concentran enormes redes de espías. El territorio lo dominan Pekín (unos 250 agentes), Moscú (200), Estados Unidos e Israel. «No hay manera de evitarlo. Simplemente tienes que asumir que los rusos y los chinos te están escuchando siempre», admitía el ex embajador estadounidense en Bélgica, Howard Gutman. 

Convivir entre espías

Se ha hecho tan común convivir entre espías que las sospechas llegan a surgir entre periodistas, agentes comerciales o electricistas. Aunque a veces son los propios diplomáticos europeos los que se convierten en agentes del Kremlin. Es el caso de Herman Simm, alto mando del Ministerio de Defensa estonio en la OTAN, quien enviaba información a Moscú. Lo mismo ocurrió con Clement Vandenborre. El experimentado jefe de contrainteligencia belga fue detenido en febrero por haber entregado durante 40 años información y material clasificado a Rusia.

Nada comparable con la historia a lo The Americans de la pareja I.R y M.E. Usurparon identidades de bebés fallecidos, sobornaron a autoridades de terceros países para lograr partidas de nacimiento, falsificaron certificados de matrimonio y consiguieron la nacionalidad belga ayudados por dos consulados del país para espiar bajo el control del Kremlin.

Aunque la corona de laurel se la llevan los servicios secretos israelíes. El Mossad espió durante ocho años las discusiones en el Consejo Europeo aprovechando las obras del Justus Lipsius. Instalaron micros en los cableados de comunicaciones y en las salas de España, Reino Unido, Alemania, Francia y Austria.

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