El desbloqueo político en Israel pasa por formar un gobierno de unidad

El ultraderechista laico Avigdor Lieberman tiene la llave del futuro Ejecutivo

Benny Gantz, líder del opositor Azul y Blanco, sumaría 44 escaños junto a sus posibles socios
Benny Gantz, líder del opositor Azul y Blanco, sumaría 44 escaños junto a sus posibles socios

Beirut / E. La Voz

La repetición de las elecciones no han servido para romper el bloqueo político en Israel. Las urnas no dan un mandato claro a Benjamin Netanyahu para repetir por quinta vez como primer ministro, tampoco la posibilidad a su rival, Benny Gantz (del partido opositor Azul y Blanco), de formar una coalición suficiente para gobernar, pese a ser el ganador por la mínima de la contienda electoral (33 escaños). El ultraderechista laico Avigdor Lieberman consigue nueve escaños que le dan la llave de un futuro Gobierno.

Con el 95 % de los votos escrutados, el Likud logra 32 escaños, la derecha ultraortodoxa, 16 (Judaísmo Unido por la Torá y Shas), y la derecha religiosa (Yamina), 7, dejando el bloque conservador afín a Netanyahu en 56 escaños, lejos de los 61 necesarios para gobernar. La Lista Unida, la coalición árabe, se convierten en la tercera fuerza parlamentaria con 12 escaños, pero su peso real es limitado y es muy improbable que se coaligue con Gantz para apartar a Netanyahu del poder.

El resultado de la segunda cita electoral en cinco meses amenaza con dibujar un nuevo bloqueo político. «Es más complicado que en las elecciones de abril, porque Netanyahu tenía 66 escaños en su bolsillo y ahora tiene menos (55)», explica el profesor Gideon Rahat, del Instituto de la democracia israelí.

En los próximos siete días, el presidente de Israel, Reuven Rivlin, tras reunirse con los partidos, decidirá si es Netanyahu o Gantz a quien encarga formar Gobierno. Si en 41 días no lo consiguiera, Rivlin nominaría al otro candidato. Su principal objetivo es evitar unas terceras elecciones.

Lieberman insiste en su idea de formar un gobierno de unidad nacional que aúne a Likud, Azul y Blanco y a su partido, Israel Nuestro Hogar. Pero el analista Rahat ve muchos obstáculos: «Depende de si Gantz y Netanyahu llegan a un acuerdo sobre quién será primer ministro o si rotarán, si Gantz insiste en que Netanyahu se aparte inmediatamente (y el segundo de Likud ocupe su lugar), o abandone si es imputado». Al no conseguir mayoría, se complica el plan del líder conservador de aprobar una ley que le garantice inmunidad, por lo que en dos semanas podría ser imputado en uno de los tres casos de corrupción en que está imputado. «Al perder la mayoría, Netanyahu ha perdido su coraza», explica Rahat. El revés electoral le llevó a cancelar su viaje a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU y reunirse con el presidente Donald Trump.

El futuro de Netanyahu, en el aire

Estos resultados son un termómetro de la «fatiga Netanyahu» entre la sociedad israelí, según Yara Hawari, analista político del centro de estudios Al Shabaka. «Estas elecciones han sido un referendo sobre Netanyahu, muchos israelíes están hartos de la corrupción y de su persona, pero no de sus políticas e ideología» apunta Hawari. Los dos analistas coinciden en que es prematuro diagnosticar la muerte política de Netanyahu. «Ha demostrado ser un superviviente en el pasado», recuerda Hawari.

Sobre qué diferencia a Gantz de Netanyahu, Hawari estima que «la única diferencia es que el líder del Likud promueve la violación de los derechos de los palestinos y es rechazado por gran parte de la comunidad internacional, mientras Gantz hace lo mismo pero es visto con buenos ojos a nivel mundial». Y recuerda que cuando Netanyahu prometió anexionarse el Valle del Jordán en la campaña electoral, «Benny Gantz le acusó de robarle su plan».  

La tercera fuerza

Los cuatro partidos árabe-israelíes de Lista Unida (el comunista Hadash, el árabe laico Taal, la Lista Árabe islamista conservadora y el nacionalista Al Balad) son repudiados por el resto de grupos parlamentarios. «Excepto el izquierdista Meretz, el espectro político de Israel no ve a la Lista Unida como un partido legítimo para formar gobierno», dice Rahat. «El tercer partido no tiene fuerza de llevar a cabo sus políticas, no podrán prevenir la anexión del área C en Cisjordania», vaticina Hawari.

«Lo máximo que pueden hacer es apoyar sin entrar en el Gobierno a cambio de mejoras para la población árabe en materia de presupuesto o pedir que se retire la ley de Estado Nación», dice Rahat en referencia a la legislación que estableció Israel como Estado judío, marginando oficialmente a la población árabe. 

Bibi pierde su referendo

Miguel-Anxo Murado

Estas elecciones israelíes eran más bien un referendo: «Bibi, sí» o «Bibi, no». Bibi es, por supuesto, el mote de Benjamin Netanyahu, primer ministro desde hace diez años. Ni siquiera era un plebiscito sobre sus políticas, su gestión o sus ideas, que son bastante populares, sino sobre su persona, sus escándalos de corrupción, sus modales autoritarios, y hasta sobre su entrometida familia. En ese sentido, Bibi ha perdido su referendo. No ha conseguido el respaldo claro que le hubiese permitido ponerse por encima del bien y del mal y afrontar sus tres casos judiciales arropado por el apoyo popular. Lo que no quiere decir que Netanyahu esté acabado, y menos aún su partido Likud. En Israel, las elecciones no suelen decidir por sí solas qué Gobierno se formará ni quién lo presidirá; nunca un partido ha logrado una mayoría absoluta. Sirven, más bien, para otorgar bazas en una negociación que siempre termina en una coalición amplísima.

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