Su sacrificio salvó General Motors y ahora los trabajadores quieren su parte del pastel

La primera huelga en doce años en este gigante automovilístico saca los colores al triunfalismo económico de Donald Trump


Washington / E. La Voz

La huelga de los trabajadores de General Motors (GM), iniciada la medianoche del pasado domingo, lo tiene todo. Primero, que en Estados Unidos las huelgas son una anomalía. Segundo, que se produce en la empresa que encarnó los momentos más gloriosos para la economía estadounidense y cuyo declive señaló en gran medida el del propio país. Tercero, que es una huelga bajo la presidencia de Donald Trump, el hombre que prometió devolver al país a los días de grandeza (aunque no se sepa exactamente a qué época se refiere) e insiste en que las empresas estadounidenses están regresando a casa a pesar de las obvias ventajas que tiene para el empresariado la mano de obra barata allende los mares y en México. Cuatro, el paro está en niveles históricamente bajos y la economía, a pesar de algunos síntomas preocupantes, sigue creciendo. Aún así, muchos trabajadores no llegan a fin de mes. Cinco, y no necesariamente último, que las altas esferas del sindicato convocante están siendo investigadas por corrupción.

Han pasado doce años desde la anterior huelga en este gigante de la automoción. Entonces duró dos días, mientras en esta ocasión nadie sabe aventurar cuánto puede prolongarse un parón secundado por más de 50.000 trabajadores de las plantas de General Motors en todo Estados Unidos. Vista con perspectiva, es de justicia. Hace diez años, la automovilística estaba a punto de quebrar y tanto el Gobierno como fundamentalmente el sacrificio asumido por los trabajadores la rescataron. Los trabajadores contratados con anterioridad al 2007 ganaban 31 dólares a la hora y podían retirarse con una pensión vitalicia. Los contratados a partir de entonces, más de una tercera parte de la plantilla actual, parte de 17 dólares la hora con un tope de crecimiento de hasta 29 en ocho años y la máxima aspiración es un plan de pensiones. Los temporales, un 7 % del personal, ganan 15 dólares a la hora y no tienen la cobertura de los contratados. Y claro, no entienden que, a pesar de unos beneficios de 35.000 millones de dólares en los últimos tres años, General Motors anuncie cierre de plantas, envíe la producción de ciertos modelos a México y no esté dispuesta a equilibrar la balanza después de los sacrificios de la última década. El último convenio caducaba el domingo.

United Auto Workers (UAW), el sindicato convocante, envió una carta a GM invitándole a discutir una mejora salarial, tanto para los ya empleados como para los nuevos contratados, cobertura sanitaria y reparto de beneficios con los trabajadores, entre otras reivindicaciones. La empresa busca reducir costes en un momento en el que las ventas de coches han caído tanto en Estados Unidos como en China, los mercados más importantes del sector. Además, está invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de coches eléctricos y de conducción autónoma. Como respuesta a la huelga, ha ofrecido 7.000 millones de dólares en nuevas inversiones y la creación de 5.400 nuevos puestos de trabajo, pero no aportó detalles públicos de una oferta que UAW considera insuficiente. El presidente Trump ha sugerido la mediación federal en el conflicto, mientras los candidatos demócratas a las presidenciales del 2020 se han posicionado con los huelguistas. La economía será un factor determinante para las opciones de reelección del magnate.

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